Triste aniversario, el cuarto, de la Guerra de Irak. Ella, de las guerras es la más mediática, pero, ¿y las otras olvidadas, como las de África? Para muchos el día a día es un sufrimiento insoportable del cual gran parte de Occidente somos responsables directos o indirectos. ¿Y todo por qué? ¿Acaso alguien dudaba de que Irak sería un nuevo Vietnam o de que jamás existieron armas nucleares? El país antes estaba sometido a una dictadura horrorosa y brutal, ahora está bajo el yugo del caos y la locura, el odio y la sinrazón, en lo más irracional del ser humano. La cara más lamentable del ser humano aparece en una guerra. Y es que aún mucha gente, muchos poderosos y gobernantes juegan las fichas del mundo con un miedo a la PAZ tremendo. Es una pena y un dolor intangible que el tablero esté tan manchado de odio y sangre.
Nunca será tarde para cultivar nuestros huertos de bondad y amor, nunca será tarde para reaccionar frente a la adversidad y a la incomprensión. Nunca será tarde para amanecer empapados de humanidad.
Mientrastanto, alguien se ha dado cuenta al intentar abrir el portal, que se ha olvidado las llaves dentro de casa. Un pijama a la espera de alguna alma dormida, unas babuchas que no tienen ya dueño y unas botas que ansían probar el verde césped. Y ahí, siempre implacable la Luna, que con su canto duerme a las estrellas y nos convoca a todos al encuentro con la amada noche.
A las almas perdidas que un buen día serán conducidas por los astros y la luz de la mágica divinidad.
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