31.10.08

Volveré


Me tenía hasta mal acostumbrado a mí mismo escribiendo cada semana. De algunos eufemismos tan empleados ahora puedo citar aquello de crisis creativa o travesía por el desierto. Simplemente falta de ganas, que no de tiempo. Momentos, días y etapa de más bajadas emocionales que subidas coléricas; seguro. Ayer mismo era casi una repetición de un día, valga la redundancia, ya pasado, en el que acabé yendo a la playa durante el transcurso de una jornada universitaria. Tal experiencia la relaté en su momento aquí.

Ayer comí con un estudiante de Richmond, de origen boliviano, quien me anunció algunas gringas de su universidad, de tal forma que explicaba que cuando aquí venían, se convertían la mayoría, por no decir todas, en unas guarras... Digamos que yo comí a lo americano (pasta y pizza) y él a lo español (paella o pseudo-paella, es la comida de la universidad...) Acabamos en la biblioteca y yo me salté la clase de Historia Moderna A, una infausta decisión de libre elección, nunca mejor dicho. Por lo menos hice por primera vez unos deberes de principio a fin en ese espacio que llaman biblioteca, pero que en el caso de la Pompeu de Ciutadella solo se cumple en el Edifici de les Aigües, donde el silencio reina y el ambiente es funerario, y fúnebre, desangelado. Ciertamente se esconde una magia y un trasfondo hasta poético en la biblioteca, lo que explicaría la falta de atención que presto en mis tareas cuando intento hacer algo ahí dentro.

La Pompeu Fabra en tal Campus de al lado del zoo presenta la virtud de aglomerar la mayor concentración de féminas por metro cuadrado. Eso juega malas pasadas a la hora de concentrarse en la biblioteca, donde además hay demasiado tráfico y ruido, sonidos que en nada se parecen al respirar y a la presión de los bolígrafos sobre el papel. Así que pese a todo, finiquité el ejercicio de Contabilidad Financiera I para el próximo martes. Muy bien presentado y limpio, ordenado, para lo que es habitual en mí. Mis apuntes cotizan como las acciones de Lehman Brothers en la Bolsa...

Hice tiempo con un ordenador, consultando y chafardeando algo, pero sin vicio ni alevosía. Entonces sabía que algo me ocurría. Además de tener un fuerte dolor de cabeza que me impedía pensar con claridad, era evidente que por dentro algo no funcionaba. Mi caparazón de hierro se había fundido en ínfimas y numerosas piezas, y me sentía vulnerable y sensible a más no poder. Necesitaba de alguna manera hablar con alguien sin saber realmente qué me pasaba. Si es que algo importante estaba martilleándome. No lo hice. No directamente sino a través de otras vías e inquietudes, porque sencillamente, todos tenemos días que comúnmente llamamos de bajón, y es habitual que cada cierto tiempo llame a tu puerta ese estado de ánimo carente de ilusión y esperanza, energías.

Hago un inciso en tiempo real, sobrecogido por la Teoría de Amparo.

Todo es transitorio. Sino en este caso, llevado al máximo extremo, uno acabaría sometido en una fuerte depresión y no vale la pena. Quizás hay cuestiones estructurales, más allá de la realidad del tiempo presente y de la coyuntura más reciente, que tienen más complejidad, pero el frenesí de la actividad diaria las tapa y las trata de enterrar, hasta que puede que un día uno explote y saque todo lo que lleva dentro. Lo bonito de todo, siempre hay algo bello que extraer al fin y al cabo, es que existe un espacio donde poder escribir y sentirse mejor. Es un buen síntoma que a esta hora esté escribiendo. Vuelta a cierta normalidad.

Por cierto, me tomé ayer dos coca-cola, y se me pasó el dolor de cabeza (no tiene nada que ver; que se debería al agobio de la biblioteca seguro...). Ha pasado un día hasta que me encuentro mejor y me miro al espejo, donde me voy reconociendo, no sin ocultar ciertas inquietudes y preocupaciones. Pero la vida es así.

Tot està per fer i tot és possible.

Fin de semana nuevamente deportivo; me doy cuenta de que acabo siendo un personaje de lo más simple y vulgar. Todo se acaba reduciendo a pocas cosas. O será aquello de que en las cosas más triviales, en los detalles más ínfimos radica la esencia total de todas las cosas y la plena felicidad que ello nos reporta.

Volveré, pero sin fecha anunciada.

17.10.08

Cafeína


Adicción a la cafeína; sustancia estimulante omnipresente en los círculos universitarios. Rechazo el café, apuesto por la Coca-Cola, que además de despertarme me refresca. A veces juega malas pasadas a la hora de conciliar el sueño. Al fin y al cabo estamos rodeados de drogas comunes y estamos enganchados casi sin saberlo a ellas. La sal, el azúcar, la pimienta u otras especias empleadas en la edulcoración, sazonamiento y condimento de los manjares son imprescindibles para la gran mayoría de nosotros. Hago estragos tan solo de pensar en un filete de ternera hecho al punto como creo que hace poco describí, con el toque de pimienta negra por encima para añadirle un sabor de cierto picor, el suficiente, no mucho. Volviendo al café, quizás una de las sustancias con la que más se droga la gente hoy día, la verdad es que intento aún cada día mantener la costumbre infantil de desayunar con leche y Cola-Cao (y hago propaganda gratuita de la marca en sí, para distinguirla del Nesquik, que no me gusta tanto).

Desconcentración. Sonrisa cómplice. Piensas en el final cuando acabas de empezar. Hay cosas impagables, conversaciones con adultos, contacto físico, socialización brutal, hablar tranquilamente y confiadamente, ironizar, hacer cierto sarcasmo de la vida. Hoy le he comentado a dos madres que no me iba a casar ni tener hijos. Error. La idea sería casarse con alguien que mereciera la pena y tener la parejita. Me ha dicho una de ellas que tener hijos es algo increíble, que vale mucho la pena. Aunque no piense en casarme claro está por mi juventud y mi eterna soltería, parece difícil encontrar a alguien con quien tenerlo todo tan claro y llegar a confiar en un término poco empleado hoy día como la fidelidad (más que poco empleado, poco aplicado quiero decir). De todas formas he pensado en los nombres del futuro niño y niña. Me gustan Lidya, Mònica o Núria. Bueno, del de los posibles niños no he pensado sinceramente...aunque rápidamente me vienen a la mente nombres como Marc o David.

Llegará seguramente el momento de ser padres, casarse, da igual el orden, y otros aspectos propios de la vida plenamente adulta, pero ciertamente es innegable el grado de maduración que vamos adquiriendo con el paso del tiempo. Aunque inevitablemente quieras conservar parte del niño que siempre serás, has ido dejando de lado cierta ingenuidad e inocencia y las cosas no son del color de rosa que antaño pintabas. Ni todo es tan sencillo como hacer un dibujo de un hombre sin apenas cuello y con los brazos tan flexibles que parece sacado de Los 4 Fantásticos.

Estamos inmersos en una catarsis colectiva basada en el bombardeo diario a raíz de la crisis económica. Crisis; todo el mundo habla de ella, todos los diarios, los telediarios, las radios. De hecho, no puedo contrastarlo del todo pero me han llegado rumores de que en las Iglesias también aprovechan los sermones para comentar el desastre de los mercados financieros y de la economía global. Cuesta girar la mirada hacia otro lado cuando el poder mediático es tan convincente y atroz, pero no hay espacio sino para la esperanza y la fe puesto que aunque estemos ante algo nuevo y con precedentes similares pero de distinta causalidad, lo cierto es que los valores democráticos y de la civilización deben estar a la altura de las circunstancias, y todos, con el esfuerzo unos de otros, deberíamos lograr que este período convulso no generara ni el caos indeseable ni la pobreza ya muy extendida aquí, allí y en todo el mundo...

Eso sí, no puedo omitir cierta reflexión. Veíamos no hace mucho lo que presumían los bancos de ingentes beneficios. Ahora falta liquidez. Es lo que sucede cuando los activos predominantes son más que nada financieros y especulativos, no reales. Pero Papá Estado acude al rescate y se acaban todos los problemas. O no... Quizás estemos asistiendo al final del capitalismo entendido como hasta ahora. Se jactaban de que los mercados financieros eran el ejemplo a seguir como bandera ondeante y triunfante de una economía sin regulaciones ni intervenciones. Claro, claro...

Saca de la nevera una lata roja de la mencionada marca al inicio. Cójete un vaso, mejor si puede ser azul como el mío. Sírvetela a tu gusto alzando la lata lo bastante para notar el peso de las burbujas sobre el vaso a medida que se va llenando de ese líquido azabache, y rebota, y rebota. Prueba un poco y la sensación será muy agradable. Respira hondo. Te sentirás bien. No es la cafeína en sí ni la adicción. Es la fe que mueve montañas, la confianza y las ganas de cambiar a mejor. Tómatelo con calma pero no dejes que se caliente, porque el refresco así pierde su encanto por definición.

Los búhos anuncian que ya es hora de cerrar el baúl. Dicen que mañana hay que madrugar. Verdad.

Impasse...

Y sacando fuerzas de las catacumbas se disponía a escribir de nuevo, acercándose a la centena en aquella cálida noche otoñal.

Las gaviotas de otro tiempo se han intercambiado por búhos. Taciturno.

12.10.08

Hablando de amor


Si existe algo acerca de lo que se ha escrito a lo largo de todos los tiempos es el amor. Amor. Amar. Uno de los infinitivos más bellos de nuestra literatura. Indirectamente yo mismo he llenado de estos conceptos las entradas del blog tras algo más de dos años. Es un principio inevitable e inalterable inherente a la Naturaleza humana y física. Puede llegar a ser tremendamente bonito y al mismo tiempo hacerte sufrir. Quien bien te quiere te hará llorar... Todo el mundo recuerda y podrá recordar su primer gran amor, aquél que llega de joven, ingenuamente y de forma algo inocente. Si de verdad te marca es porque además ha sido correspondido y de él han brotado raíces de un frondoso bosque de verdor, frutos maduros y bellas flores. Pero no necesariamente tiene que ser para siempre.

Con vistas al pasado, ciertamente este espacio había sido en otro tiempo la excusa para mostrar aquello que sentía respecto a alguien en especial. Son capítulos que vas consumiendo en tu vida, que no por ser definitivos, no quiere decir que no valga la pena recordar. Están ahí y forman parte de tu vida; no es agradable arrepentirse de las cosas que uno hace a lo largo de su vida y que no han terminado o no han ido evolucionando, transcurriendo, como uno pensaba, quería o hubiera deseado. Es parte de nuestra historia y de nuestro amalgama de experiencias, recuerdos y vivencias.

El amor en su faceta de relación con el sexo opuesto genera un interés sublime y digno de atención. Al fin y al cabo de su relación, su producto, genera más vida que cualquier otro acto en el mundo. Y placer. Además, el morbo y la complejidad de los seres humanos se elevan exponencialmente, conjugando caprichos, engaños, infidelidades, discusiones, desorden emocional en todo este juego de las relaciones entre chico y chica, hombre y mujer. También es interesante la apreciación del tópico, más o menos versionado así: No hay amor sin sexo, pero sí sexo sin amor. Dualidad humana, racional y animal. Instintos, necesidades.

Casi todos habrán experimentado cierto enamoramiento, más o menos intenso, y lo que ello comporta. Uno deja de ser uno mismo para buscar su autorealización con la persona por la que siente una atracción brutal, a todos los niveles. Si esa atracción se reduce a lo físico, no podríamos hablar de amor sino de sexo, y eso es también muy saludable.

Sin embargo, existen amores mucho más fáciles de entender y observar que el de las relaciones chico-chica. Es el caso del amor o estima entre amigos y amigas, muy sincero y que es muy bonito. El hecho de estar ahí cuando alguien lo necesita para ser escuchado y comprendido, la necesidad de compartir, hablar, reír, llorar... Cierto es que en una confusión de sentimientos se puede llegar a perder la magia de la amistad y una de las partes entonces llegar a sentir algo más por la otra persona. Somos complejos por antonomasia; la vida es compleja a veces. Mas no por ello menos bella. Amor presente también entre padres (padre y madre) con sus hijos e hijas. Es uno de los instintos más primitivos y presente en todas las especies del reino animal. No somos una excepción aunque desgraciadamente en ocasiones asistimos atónitos a historias lamentables en las que se abandona a los hijos, se les maltrata, etc. Muy triste y condenable con todas las de la ley.

Amistad y familia suelen ser pilares fundamentales para con uno mismo. Algunos apuntarían que pese a que no hay obvia receta para la felicidad, el hecho de encontrar a una chica (me pongo en mi caso) con la que escribir las más bellas páginas jamás habidas, sería un ingrediente esencial. Pero cada uno encuentra el sentido de su existencia en lo que quiera, y somos tantos y tan distintos, que da para mucho juego. Hay de todo en la viña del señor.

En otra vida conocí a alguien que dedicó casi toda su vida a amar en silencio a la chica de sus sueños. Su amor platónico. Nunca estuvieron juntos pero él la amó por encima de todas las cosas y era lo que daba sentido a su vida. Aquella razón por la que sonreía en los momentos felices, por la que lloraba en momentos tristes, el motivo por el que amanecía cada día y por el que continuaría escribiendo en busca de uno de sus sueños: ser escritor. Un día lo logró. Y en el fondo de su alma sabía que todo lo que generaba su pluma se debía a lo que ella desprendía en él; ese embrujo que solo se entiende cuando uno se encuentra en un estado ideal y generoso. Cuando la vida de uno se explica por la vida de otra persona. Por la vida de ella.

Y amó en silencio para toda la eternidad rogando que no le sucediera lo mismo que a él a otras personas, para que pudieran compartir con su gran amor todo aquello que habían siempre soñado. Entonces él, instantes antes de morir esbozó una sonrisa dibujando otra vida en el firmamento, donde se encontraría con su amor de toda la vida para siempre.

4.10.08

Antítesis trivial


Impuntualidad; sustantivo femenino apenas apropiado para mi persona. Razón: dos horas antes de la fecha estimada para el destino mi cuerpo vuelve al de los presentes tras una levitación nocturna de gran duración. Cuando uno no empalma. Y cuando se intenta dormir el mínimo de 8 horas recomendado. Creo que eran ocho. Aunque con dos menos el cuerpo ya puede aguantar lo suficiente con cierta aportación de nutrientes si bien tras la comida del mediodía entran ganas de hacer la típica siesta española. Algo muy latino.

Somos animales, que aunque cada vez menos racionales, nos vamos adaptando. No desde el punto de vista necesariamente del llamado darwinismo social de o te adaptas para sobrevivir o mueres (aquello de que solo los más fuertes perduran), sino que el ser humano, en tanto que rico por naturaleza y extensión, genera unos automatismos y un auto-control brutal de su propio organismo. Somos de los pocos seres que nos programamos a nosotros mismos, nos chequeamos y nos rehabilitamos apenas sin ayuda. Es algo que nos diferencia de las computadoras; algunos que leyeran esto saltarían de alegría. No llegará el día en que la máquina supere al hombre.

Dormir es importante, mucho. Me está costando adaptarme a madrugar a las 6 y media tres de los cinco días académicos de correspondencia; ningún día siesta ni me duermo en clase. Si luego llega el viernes y sales de fiesta, empalmas para entrenar bien pronto el sábado para luego pasarte toda la tarde durmiendo. Existe una metafísica brutal en las tardes de sábado que me he pasado durmiendo. Uno acaba de comer rápido porque se muere de hambre y se sienta en el sofá al mismo tiempo que cierra los ojos ya de cansancio. La almohada te grita desde el piso de arriba: reclama que no ha disfrutado de tu aroma esa última noche. Reposas lo justo para evitar cortes de digestión bien amargos y vas directo a tu habitación. También hay tiempo para lavarse los dientes claro. Te metes bien debajo la sábana y te arropas, no al estilo momia del Antiguo Egipto sino al estilo marsupial, dos capas hasta casi las orejas, más bien a la altura del cuello, desprotegiendo del calor térmico tu cabeza. Las persianas las has bajado a tope para evitar que entre un rayo de luz que por muy ínfimo que sea es evitable del todo. Pero en el momento que te has estirado y tapado, ya no te acuerdas de nada. Estás dormido.

Te levantas entonces tras un tiempo, sin saber no solo qué hora es sino también desconociendo el día presente. Te enfría las venas el pensar que todo lo que habías hecho antes era una ilusión. Que no empalmaste ni te habías ido de fiesta, que no habían ganado los críos y que era mentira que el arroz con tomate, huevo frito y bistec de ternera al punto con ese color rojizo sin sangrar por dentro, estuviera más que exquisito. Cuesta abrir los ojos y te invade una sensación desangelada, de querer dormir más y más. Pero el cuerpo es sabio y sabe que es la hora de cenar. Y del partido de las diez de la noche. Dudas entre hacerte la cama o dejarla así, y es que no muchas horas después volverás a tu guarida que se presume creada para la nocturnidad.

Una vez te las arreglas para volver a un estado post-junco (licencia léxica que me permito), piensas lo curioso que resulta el no acordarte no solo de lo que has podido soñar esa tarde durmiendo sino que ni siquiera has soñado. Ni idea. Es algo que puedo corroborar y quizás tiene su explicación (pseudo)-científica; es probable que no se sueñe cuando uno duerme tras empalmar. La noche es otra historia; está inventada para soñar en la cama o en la discoteca, donde uno se daría con un canto en los dientes si de verdad pudiera conquistar a la chica que emula un cuerpo paradisíaco más que apto para combinar con algún que otro afrodisíaco. Soñar mientras se pueda.

Veo como fluyen los párrafos de arriba y me pregunto por qué me ha dado un brote neurótico de tal manera que acabe escribiendo sobre algo tan trivial como esto. Hacía muchos días que no escribía y estos días estan siendo de débil salud. Mas no de ánimos ni de optimismo. La fiebre, anginas, dolor físico en las extremidades inferiores que acentúan la sensación de cansancio, son compañeras de viaje en esta entrada otoñal del 2008, y suelen ser correligionarias de mi vida periódicamente, desde que era bien chico, allá por la época de ver a Son Goku y compañía en la televisión.

Pero como algunos dirían, todo o casi todo tiene una explicación. Desconozco que ha llevado dentro de mi a explicaros todo esto pero os cuento que la semana pasada antes de dormir después de comer tras una noche de fiesta, sin dormir nada, dirigiendo a los benjamines en el partido (algo así como que me desperté a las 8 y cuarto el viernes y hasta las 4 de la tarde del sábado no cogí almohada), pues empecé a llorar. Me abrazaron una serie de lágrimas pensando en el futuro de esos chavales de cuarto, que prometen tanto a nivel futbolístico y que me imaginaba en ese momento ganando una liga, un título, igual que mis antiguos compañeros y yo tuvimos la ocasión de hacer ya hace algunos años. Nostalgia. Debido a la ausencia de descanso y un brutal desgaste físico, y lo que es más importante, mental, el cuerpo humano es capaz de generar y mezclar sensaciones hasta el punto de ser del todo fantásticas (y no por ello escasamente bonitas) y míticas. En un segundo se funden la alegría y la tristeza, marcada no por la tragedia sino por todo lo contrario, por evocar un recuerdo que fue tuyo cuando eras más joven, más niño, y que desearías que puediera repetirse en aquellos que has tenido la suerte desde el año pasado de conocer y algo esencial como es intentar enseñarles a jugar y a ser personas de provecho. Educar no es tarea fácil pero es fundamental. Y a través del fútbol base se puede hacer mucha tarea.

Yo mismo tuve la suerte de toparme con muy buenos entrenadores-educadores en mis inicios; de todo se aprende. Solo desearía que los benjamines tuvieran esa suerte y por qué no, algún día ganar alguna liga y teñirse el pelo a lo rubio pollo.

Recuerdos, sueños, futuro, pasado...Los caminos se cruzan a capricho del destino, pero este lo vamos dibujando nosotros a mano alzada y con pies de plomo, intentando que cada día sea un nuevo amanecer lleno de vitalidad en el que no perdamos nunca la esperanza.

Disfruten de la vida y recuerden, duerman bien. Tengan dulces sueños.