Aviso para navegantes: El siguiente texto incluye algunos spoilers (intrascendentes) sobre How I Met Your Mother. Si no llevas la serie al día o muy avanzada, es recomendable abstenerse de leerlo.
El pasado lunes se estrenó en EEUU la novena y última temporada de How I Met Your Mother (HIMYM para los fieles de la serie y amantes de las siglas). Y no dudé, aprovechando que al día siguiente era fiesta en Barcelona, en ver el estreno que incluía doble ración. Seguir esta serie ha sido una constante desde que mi amigo Will nos la recomendara a varios de nosotros hace ya bastantes veranos. De hecho, Will nos ha recomendado muchas series a lo largo de estos años si bien yo confieso que al final he acabado siguiendo menos de las que me sugiere. La excusa o el motivo más o menos razonable: falta de tiempo. Esto es, un eufemismo para no decir que inviertes el tiempo en otros menesteres. Pero HIMYM siempre ha estado ahí. En una vida llena de etapas, cambios de ciclos, nuevos desafíos y retos, repleta de inquietudes y sueños, la ilusión por llegar a conocer a la madre de los hijos de Ted estaba ahí. Temporada tras temporada. Hasta que la conoces al final de la octava temporada. Y te quedas algo frío. Quizás no es lo que esperabas.
¿Soy de verdad tan superficial? ¿O es que las expectativas que apuntaba la serie iban en una dirección que parece no seguir ahora? Sea como fuere, me consta que no soy el único que se quedó algo contrariado al conocer a la madre. Pero -yo el primero- voy a darle una oportunidad más que merecida.
Es cierto que la serie entra en su recta final y que quizás se ha rizado el rizo más de lo deseado para algunos, aprovechando ciertos gags para rellenar capítulos y que se ha alargado algo más de la cuenta. Pero soy consciente que llegado el final me dará pena y con el paso del tiempo sentiré hasta nostalgia. Al fin y al cabo, HIMYM me ha acompañado en algunos de los años más decisivos y bonitos de mi vida. Entre capítulo y capítulo no solo Ted se acercaba a conocer a su chica definitiva sino que yo trataba de ir haciendo camino al andar. De ir cumpliendo sueños de infancia y juventud. Cómo no tener un cariño especial a esos fragmentos de 20' que tanto me he encargado de recomendar a mi entorno (no hablo del mismo tipo de entorno que el del Barça). Cómo no mirar con ojos distintos a un show que has compartido con alguna persona en particular que te dibujaba una sonrisa diferente y despertaba el fuego más intenso en tus ojos. Cómo olvidar algunos episodios que relacionas con alguno de los capítulos de tu propia vida.
Te acuerdas de aquél en el que Ted y Marshall creen haber pasado una de las mejores noches de su vida y luego resulta que era todo lo contrario...
O de cómo conoce Ted a Victoria, mi favorita desde un inicio de la serie. Como en la realidad, tengo un ojo clínico para las chicas...
Y de cómo Barney se va enamorando de Robin... Una de las parejas que mejor encajan en la ficción.
De comprobar que un amor post-adolescente y precoz como el de Marshall y Lily se convierte en paradigma de una relación estable y feliz aunque llena de momentos difíciles. De cómo llegan a ser padres de Marvin.
O de los sentimientos de Ted hacia Robin... Algo que aún dará que hablar esta última temporada. Ojo al arquitecto Mosby.
Lo poco creíble que resultaba aquello de Stella y lo inesperado que fue que le dejara en el altar.
Y es tras este recuerdo que me detengo. Porque sirve como ejemplo de algunas de las cargas que arrastramos con nosotros y que tarde o temprano, debemos dejar atrás para seguir adelante. Cualquier experiencia negativa nos condiciona y modela. Alguien me dijo últimamente que cuántas más experiencias negativas has tenido, más rápido maduras. Haber sufrido, por los motivos que sea, no es sinónimo de tener que arrastrar esa carga hasta el fin de los tiempos. No olvidar no es malo. Sería peor no aprender de los errores o de las duras experiencias que te marcan. En una vida que fluye sin intención de permanencia no podemos quedarnos parados. Es siempre alentador intentar llegar a la orilla, cueste lo que cueste nadar hasta alcanzarla. Valdrá la pena seguir escribiendo hasta llegar a completar las páginas más bellas de tu novela.
Como de alguna manera le está ocurriendo a Ted. Que ya sabemos quién será la persona con la que va a ser muy feliz. Aunque él aún lo desconoce. Y es que... ¿Cuántas cosas no sabemos en estos momentos que nos levantarán muchas veces el ánimo y centenar de sonrisas? Lo inesperado cambia nuestras vidas. Hay pequeños detalles que al unirse unos con otros, van ilustrando aquello que llamamos felicidad. En un puzzle tan singular como la vida cuyas piezas a veces parecen difíciles de encajar.
HIMYM, como todo en la vida, terminará. Por eso vamos a intentar disfrutarla. Y, mientras, seguir haciendo camino al andar.



