22.9.13

(No tan) microrrelato de final de verano

Dicen que hoy termina el verano. Y siempre que esto sucede, hay algo de psicológico en ello. Que va más allá del hecho de que entremos en una nueva estación como el otoño. Igualmente bonita y con sus encantos. Pero distinta. ¿Qué sería de la vida si todo resultara ser un guión plano, monótono y previsible? Nada interesante. El azar condiciona nuestras vidas. Y cualquier día, un detalle puede cambiar nuestras vidas para siempre. 

Seguramente no sea el único que ha vivido una especie de segunda adolescencia este verano que justo empezaba cuando llegaba a la simbólica cifra del cuarto de siglo. Que dicho así parecen más que 25. Todo empezó en el Palau o incluso antes, no se puede saber con exactitud. Noches improvisadas que terminan siendo especiales. Por diferentes y divertidas pero sobre todo por inesperadas. Es así. Lo inesperado cambia nuestras vidas. 

El verano ha corrido a la misma velocidad que Usain Bolt. Y eso es buena señal. Vivir con intensidad e intentar aprovechar cada día no es algo tan sencillo como podría parecer. Pero la actitud es lo primero y la mente muy poderosa. No importa que haya tenido 'solo' 9 días de vacaciones. Siento que he vivido mucho y en buena compañía. 

En julio pude disfrutar de una experiencia laboral maravillosa al estar conviviendo 9 días con el Athletic en el stage de Austria-Alemania. Si hace 3, 4 años o más me dicen que algún día podría vivir algo similar desde luego que no me lo hubiera creído. Al fin y al cabo, cuando estaba terminando ADE decidí que quería acceder a 2º ciclo de Periodismo. También en la Pompeu. Pero me quedé a 8 notas de entrar, penalizándome sobremanera la parte de la redacción. En aquel examen me dieron el número 14. 14 es la planta del Edificio Imagina-Mediapro en el que trabajo actualmente. El mismo edificio desde el que se ve el Campus del Poblenou que hubiera sido mi hogar 2 años si me hubiera llegado la nota. Puertas que se cierran. Otras que se abren en diferentes direcciones. Curiosidades de la vida. Aunque entonces poco podía imaginar que mis pasos me acabarían llevando cada mañana justo al lado de donde pretendía seguir estudiando.

Por otro lado, estrictamente en términos de ocio, Berlín nos abrazó con mucho cariño a mediados de agosto. Atenta. Aunque no quiero ni imaginar el frío que hace en invierno... Me pareció una ciudad tremendamente vital y joven. Desprende un aire moderno y heterogéneo desde el punto de vista social que la hace muy especial. Diferente. No creo que sea estéticamente una ciudad bonita. Al fin y al cabo, el peso y magnitud de la reconstrucción y unificación están presentes en muchos de sus edificios y partes. Pero sí tiene ese gran valor intangible y más allá de lo simbólico de haber sido eje fundamental de la historia contemporánea. Es la capital europea que más tarde superó la mayoría de edad así que Berlín es sinónimo de mucho futuro. El crecimiento le espera.

Me quedan bastantes días de vacaciones pero aún no tengo planes definidos. Cada trabajo tiene sus pros y cons. El mío es algo peculiar. De hecho me suele costar a veces responder a la pregunta de qué trabajo y qué hago. No estamos en el mejor momento en cuanto al proyecto y las perspectivas a corto y medio plazo no parecen muy alentadoras pero hay que seguir sumando sin descartar ninguna opción. Al fin y al cabo no creo que este vaya a ser mi último trabajo ni mucho menos. He conocido compañeros fantásticos, estoy bastante a gusto y he tenido la suerte de participar en experiencias que ya forman parte de mi CV particular de recuerdos inolvidables. Hay que estar preparado para cualquier cambio y aunque al principio siempre cueste gestionarlo, saber que lo que hoy es un valor seguro, mañana puede dejar de serlo. Lidiar con la incertidumbre no es sencillo pero ella reina tranquilamente a lo largo y ancho del planeta. Sé que el futuro no me va a llegar solo y que soy yo quien tiene que seguir escribiendo los capítulos de mi novela. Haciendo que todo suceda.

Y puede que ahora venga el otoño, las hojas caídas, que anochezca antes, que haga más frío, que haya que coger la chaqueta fina, guardar los pantalones cortos... Pero hay que seguir viviendo. Como si fuera el verano. Si nosotros queremos, hay detalles que pueden durar para siempre. Cuestión de mentalidad y actitud.

En una vida en la que cualquier elección es una renuncia a otras cosas y en la que reina la incertidumbre, tener algunas cosas claras siempre ayuda. Empecemos por tener ganas de vivir y sentir. Como si todo el año fuera verano. Empecemos con una sonrisa cada mañana y un guiño de ojo pícaro. Empecemos cada día como si fuera el último pero más bonito de nuestras vidas.

La vida puede ser maravillosa. Persigue tus sueños.

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