28.10.13

27 razones para seguir la NBA


Son 27 razones para seguir la NBA esta temporada. Una por cada letra del abecedario. Pero podrían ser muchas más. Un simple aperitivo para prestar atención a una de las competiciones más bonitas y espectaculares que se disputan al otro lado del Atlántico.

25.10.13

Detalles

Los mejores momentos del día son aquellos especiales y distintos. Los que te sorprenden porque no esperas. En una vida en la que intentamos tener todo bajo control, cualquier encuentro con el azar es una nueva oportunidad para convencernos a nosotros mismos que es imposible atarlo todo de antemano. Y mejor así. Lo inesperado cambia nuestras vidas y nunca sabes qué te puede deparar el futuro.

Navegamos toda la vida por ríos de distinto cauce, profundidad y longitud. Algunos mueren en el mar, allí donde todo desemboca para volver a empezar. Otras veces simplemente recorremos esos ríos durante mucho tiempo. Quién sabe si para siempre. Hasta comprender que lo importante, que la felicidad reside en el camino recorrido y no tanto en la meta. Que una cosa lleva a la otra. Pero que siempre vale la pena recorrer el sendero porque al otro lado, ya sea en la apacible orilla o en aquella laguna a la que se accede tras arriesgarlo todo en plena y efervescente cascada, aguarda la mayor de las sorpresas. Sorpresas que pueden dibujarse en forma de sonrisa, palabra cariñosa, mueca afectiva, fotografía... Cualquier detalle. Cualquier detalle que nos haga sentir únicos, especiales y distintos. Algo que nos haga sonreír. 

Se necesitan más sonrisas en el mundo. Y más valientes para navegar contra viento y marea. Todavía son muchos los ríos a explorar y conocer. Y es que en lo desconocido reside el encanto de la novedad. Lo interesante. De aquello que te puede sorprender. 

16.10.13

De lo que no empieza

Hay historias que terminan sin ni siquiera haber llegado a empezar. Como aquellas que nacen, bajo tierra y entre vagones, a una velocidad superior a la humana. Cuántas veces la coincidencia de dos miradas no supuso más que el efímero pero bello recuerdo de una mañana cualquiera en una semana cualquiera de un año cualquiera. Porque apenas dura unos segundos. Suficiente para recordarlo unos minutos después pero insuficiente para poder hacer de ese recuerdo una búsqueda perenne. Como aquellos romances de verano que duraban todas las tardes al abrigo de un sol de justicia y humedecidos por un agua bañada en cloro hasta la saciedad. Cuántas veces uno fue incapaz de articular una frase con sentido. Por timidez o falta de valentía. Luego ella se marchitaría rumbo a un destino que era mejor no imaginar. Como la primavera. Su estampa la sentiría tu corazón durante unos días hasta que la normalidad intentase hacer el resto. Y ahí estabas tú. Solo. Con la sensación de que se había terminado algo que jamás había comenzado. Como aquellas risas que nunca compartisteis. Los besos que nunca os disteis. Las plantas que no regasteis. Las veces que no llegasteis a hacer el amor. 

Hasta que vuelvas a ilusionarte. Porque con sueños e ilusiones, nuestra condición humana tiene alimento garantizado para sobrevivir y seguir sintiendo. Si no sentimos, no hay pasión alguna. Y sin pasión, no hay vida.

14.10.13

Decisiones

Nocilla. Nutella. Barça. Madrid. Lakers. Celtics. Cola-Cao. Nesquik. Coca-Cola. Pepsi. McDonald's. Burger King. Ron. Ginebra. En la vida estamos constantemente tomando decisiones. Y no solo en términos de lo que consumimos. Cualquier elección tiene asociada un coste de oportunidad. Aquello que dejamos de hacer o ganar (utilitariamente hablando) por haber tomado cierta decisión. Es la segunda mejor alternativa que teníamos a nuestro alcance. En mi caso, el coste de oportunidad de estar escribiendo todo esto ahora mismo sería continuar durmiendo en la cama. 

12.10.13

Grey en el metro

Se subió en la misma parada de siempre a la misma hora de casi siempre. Y apoyó la espalda en una de las barras verticales del vagón. Pero en seguida se dio cuenta de que había algo distinto en el metro esa mañana. A escasos metros enfrente suyo una chica de pose coqueta y mirada traviesa leía un libro con suma atención. Pudo ver las palabras "sombras" y "Grey". La joven, que apenas llevaría una treintena de páginas recorridas, captó su presencia y le devolvió el guiño con sus ojos de avellana. Llevaba unos pantalones ajustados a medio camino entre lo azul, lo verde y lo etéreo. Unos botines que acababan en punta. Y una camiseta rosa chicle escotada que hacía juego con el color de sus labios. Tenía un 'look' de teenager atrevida y desafiante. Que le recordó no sabe por qué a la película de las vírgenes suicidas.

7.10.13

Smartphone way of life



Cuentan que los niños ya no nacen con un pan bajo el brazo sino con un iPad. Vas a ver a los neófitos al hospital y te los encuentras ejercitando los dedos con suma agilidad e intuición. Nacen, literalmente, sabiendo. De hecho, uno va con toda la ilusión del mundo y emoción a verlos por primera vez, cogerlos entre tus brazos pero, no tienes opción alguna. El iPad y la tablet de turno ya forman parte de su cuerpo. Y no hay manera de desengancharlos. Lo dominan con más facilidad que sus progenitores. Que no haya dudas de ello. De hecho, se comenta que en las salas de maternidad organizan campeonatos para saber qué niños y niñas son los más avispados con este tipo de aparatos que marcan tendencia superada la primera década del siglo XXI. Eligen aplicaciones (apps para los modernos y amantes del lenguaje anglosajón -queda más cool, no lo vamos a negar-), en las que competir en pruebas de lógica, matemáticas... Esta especie de JJ.OO. para los más pequeños está siendo objeto de debate y discusión en las principales Facultades del planeta. Se rumorea, por cierto, que Mediapro va a hacerse con los derechos para las próximas ediciones.

Sin embargo, valga la anterior hipérbole para comprobar el contraste entre lo rápido que aprenden los críos y lo que les cuesta a los más mayores. Porque contra más tardas en entrar en la dinámica de lo táctil, más te cuesta. Aunque como todo en la vida, es cuestión de práctica. Y si no que le pregunten a mi madre, todavía en edad de iniciación con su smartphone. Tiene a un hijo que podría ser un profesor más atento y aplicado. Todo hay que decirlo. Aunque por ejemplo con el WhatsApp, poco a poco, le va pillando el truco. Aún tiene algo de miedo a dejarse llevar pero todo llegará. Quién sabe si acabará con perfil en Facebook y Twitter. "Mi madre me sigue en twitter". Tweet de @mamachopi: "@chopi_8 ya está la cena, Jordi!" 

En cualquier caso, ahora que mi madre va experimentando el placer de tener a su alcance en un pequeño aparato miles de posibilidades, entiende que mi ya envejecido SII forme parte de mi vida. Realmente tengo móvil-dependencia. Es duro asumirlo pero es así. A veces pienso que me gustaría probar varios días sin móvil. A ver qué pasaría. Si mi vida podría seguir igual sin consultar ni archivar los mails (soy un poco maniático del orden y odio tener llena la bandeja de entrada; siempre vacía y todo clasificado por etiquetas). Si respiraría de la misma forma si estuviera varias jornadas sin 'twittear'. Sin poner un 'like' en Instagram o una publicación con su hashtag adecuado o, en su defecto, molón. Sin entrar a cotillear en Facebook. ¡Sin 'whatsappear'! Es tremendo pero... Inevitablemente y sin darme cuenta, consultar un montón de cosas en el móvil  se ha convertido en el pan de cada día. Por no hablar de esas apps que ahora son un must -soy víctima del sistema, lo siento-, ya que puedes consultar los resultados de cualquier liga y deporte del mundo. Increíble. Yo soy el típico freak que mientras ve un partido entra a ojear cómo van los otros. Que cuando se levanta por las mañanas va a consultar si han ganado los Raiders, Athletics o Lakers. Soy consciente que, seguramente, hago en ocasiones un uso excesivo de ello. Que soy uno de aquellos ciudadanos a los que les vendría bien que facilitasen un carril para usuarios de smartphone. ¿Os imagináis? Además del carril-bici, el 'carril-smartphone'.

Mi vida se ha adaptado a estos teléfonos inteligentes y viceversa. No concebiría ahora mismo dejar de hacer un montón de cosas que ahora forman parte de una especie de rutina, no monótona sino atractiva y diferente. Pero, ¿son necesarias todas las cosas que hago con el SII? La respuesta es obvia. Hay algo de banal en todo ello pero los tiempos cambian, creamos nuevas necesidades, dependencias y nos adaptamos al contexto. Somos camaleónicos por naturaleza. Al fin y al cabo, si vemos todo esto como una oportunidad de estar conectados y como una forma de comunicación rápida y efectiva al tiempo que una herramienta de información inmediata, no es malo per se. Todo lo contrario. La clave es encontrar el equilibrio entre lo realmente necesario y lo trivial. Lo que puede esperar.

Porque gracias a este mundo de las redes sociales al que he accedido con un móvil como mi viejo querido SII he podido conocer a gente fantástica y que merece la pena así como participar e involucrarme en proyectos interesantes como Rondo Blaugrana. Sin ir más lejos, una mañana, tras haber salido de picos pardos, decidí coger el móvil y 'twittear'. El día anterior había ganado el Bayern la Supercopa de Europa. Pep. Desde entonces, algo ha cambiado. Hay nuevos ingredientes e ilusiones a mi alrededor. Porque, al fin y al cabo, no hemos de olvidar que todo en la vida fluye. Nada permanece. Así en la tecnología como entre las personas.