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22.6.11

Todos los caminos llevan al Bosco (4ª parte): Epílogo


Hace ya poco más de un mes que empecé como trainee. Casi dos meses desde que ganamos la Liga. Y apenas 5 días desde que dirigí por última vez a los alevines. En una vida que da muchas vueltas y que nunca sabes que te tiene reservado el destino, quizás fue una despedida temporal. La vida son etapas que vas recorriendo casi sin querer. Apenas uno se da cuenta pero ha llegado el final de un ciclo. Y ya se avecina uno nuevo. Todo sigue fluyendo sin intención de permanencia alguna. Para acabar imitando al eterno retorno de Nietzsche. Cambian los escenarios en incluso las formas, pero no la esencia.

Y vuelvo allí donde todo empezó. Donde estudié. Donde aprendí a ganar y a no rendirme en la derrota. Donde he intentado enseñar lo poco que sé a unos niños que ya han crecido desde otoño de 2007. Recuerdo los nombres de todos aquellos que he entrenado estas cuatro temporadas. Tanto los que se fueron como los que se quedaron. Todos ellos son parte de mi experiencia. De mi vida. Los guardaré para siempre en mi memoria. No creo que yo les haya cambiado la vida pero ellos a mí sí. Aunque no lo sepan.

Justo al finalizar nuestro torneo, encontré el sentido a todo. Detalles de una humanidad indescriptible. Emociones mezcladas entre la tristeza y la felicidad. Iba a echar de menos todo aquello. Por la gente. Mis compañeros. Han sido muchas semanas. Me he sentido apreciado, respetado y querido por todos ellos y eso, cuando todo termina, realmente te hace sentir muy orgulloso. Contuve la emoción allí, donde todo ha sido posible estos cuatro años atrás, pero no en casa. No lo podía explicar con palabras. Solo sentir. Una sensación única y dichosa respiraba en el ambiente. Había vuelto al origen. Y al final de todo. Feliz. Siendo consciente que ante nuevos retos como el que afronto desde no hace muchas semanas lo importante no es tanto la meta o el objetivo en sí sino que como en el fútbol, la verdadera victoria, el éxito, consiste en el modelo a seguir. En el camino a recorrer.

Gracias a todos por haberme hecho sentir en el Bosco como mi segunda casa. Pase lo que pase, ha sido una de las etapas más bellas y prolíficas de mi vida. Y así lo dejo constancia. Para toda la eternidad.  

15.6.11

Todos los caminos llevan al Bosco (3ª parte)


Casi no me lo podía creer. Andas tanto tiempo detrás de algo que cuando lo consigues, hasta que no te ves a ti mismo en la oficina y empezando con tus funciones, no puedes asegurarte de que no es ficción. No contuve la emoción al principio. El destino al final me había reservado una oportunidad en una compañía de gran consumo de renombre y conocida por todo el mundo. Quién no ha comido alguna vez en su vida Lay's, Ruffles, Dorito's... No me lo creía. Fue superior lo que sentí al enterarme de la buena nueva que al haber conquistado matemáticamente el campeonato con los no tan críos 5 días antes.

Pero... ¿Por qué? No, no creo que Mourinho tenga la respuesta.

Haber ganado la liga a falta de cuatro jornadas no era suficiente y aunque no lo exteriorizaba demasiado, debía mantener intacta la motivación en el grupo para seguir luchando y trabajando por nuevos retos. En el fondo, ellos y yo sabíamos que acabábamos peleando no contra el resto de rivales -sin faltar el respeto- sino contra nosotros mismos. Cuando a priori pareces superior y que los contrarios te conceden la ventaja antes de saltar al césped te cercioras de que no debes sino intentar superarte a ti mismo. No fue un camino fácil. Canalizar positivamente la ambición en un colectivo acostumbrado a ganar y por goleada prácticamente cada fin de semana acaba pasando factura. El hambre por competir tiene a largo plazo rendimientos marginales decrecientes. Ahí pienso que está la clave del equipo que he tenido la suerte de entrenar. Aunque hubo días malos. Entrenos no dignos. Alguno pésimo. Pero ellos hasta la fecha no se han cansado de jugar. Resalto el hecho de que no digo ganar sino jugar. Siempre les recordaba por si hacía falta que debían salir al campo a disfrutar y hacer lo que mejor sabían. Jugar al fútbol de la forma que habíamos intentado ir trabajando entreno tras entreno porque sería sinónimo de disfrute. Un juego colectivo por encima de las no escasas individualidades que tenía en el grupo.

Así que el reto que traté de transmitir fue el de seguir comprometidos con la excelencia. Con nuestros valores dentro y fuera del campo para tratar de hacer historia. Dejar huella acabando la temporada de manera perfecta. Con todo triunfos. Por otro lado, saber que empezaría como trainee en PepsiCo me dió alas y confianza para intentar terminar de la mejor forma posible. Claro que me hubiera encantado encontrar empleo antes. Buscar en la actual coyuntura económico-laboral ni es fácil ni es un proceso agradable, pero en mis sueños podría haber dibujado un escenario en el que encontrara algo siendo ya campeones. Era como sentir que el trabajo estaba hecho. Satisfacción.

Pero no...

Faltaban cuatro partidos. No iba a ser fácil. Nadie nos había regalado nada. Quizás esa presión de sentir que en cualquier momento podía encontrar trabajo -es un decir- y tener que dejar de entrenar, me hizo plantearme las cosas con muchas ganas y ambición, aunque pudiera uno llevar a realizar lo contrario. Quería que pasara lo que pasara en mi vida, cuando me fuera, estuviéramos lo más arriba posible. Ya no en la clasificación sino como grupo humano. Porque ellos, mis jugadores, nunca me fallaron. Siempre han estado ahí. Y yo he intentado estar con ellos. Hasta el final.

En los procesos de selección compites en las primeras fases, que suelen ser dinámicas de grupos, contra otros tantos candidatos. Que han estudiado lo mismo y que tienen más o menos experiencia. Ahí yo siempre tenía las de perder. Ni trabajos destacables ni prácticas más allá de mi actividad como entrenador de fútbol base. En PepsiCo había mayoría de perfiles procedentes de Esade. Solo un servidor de la Pompeu. Entonces me acordé de KPMG, cuando el primer día fui el único de los presentes que no había hecho prácticas. Pese a todo, pasé a la siguiente fase y en teoría estoy esperando aún. Me faltaba socio tan solo. Son momentos algo incómodos en que te sientes por qué no decirlo, inferior. Todo lo contrario que desde la banda. Tenía tanta confianza en los jugadores que entrenaba que aunque no empezáramos muy enchufados como contra los colistas (Martinenc) o la Montañesa, que se adelantó en el marcador, estaba convencido de que se inclinaría el destino a nuestro favor. En partidos que no arrancábamos con la marcha adecuada dejaba pasar unos cuantos minutos sin dar demasiadas instrucciones. Observando y dejando que ellos mismos se dieran cuenta de qué estaban haciendo de manera desacertada. Si había errores graves como falta de confianza, ilusión y falta de entendimiento por ausencia comunicativa entre compañeros entonces sí que levantaba la voz para llamar la atención. Pidiendo calma en todo momento y más intensidad con el balón. Confianza, mucha confianza.

Solo viendo el calentamiento sabía si saldríamos bien o no. Así, el día de la Vila noté en ellos algo especial. Vi en sus ojos que querían liarla en el buen sentido. Fue un recital. Acabé muy satisfecho. A la semana siguiente, cuando el Barça se coronaría campeón de Europa estaba previsto que terminara la temporada. Vencimos 3-8 a la Montañesa. Pero quedaba un partido aplazado, contra el Turó de la Peira. El destino quiso que finalizara contra el mismo rival que tantos recuerdos me traía. Mi corazón sentía lo qué había pasado antes y después del partido de ida. Cómo me encontraba en aquellos momentos. Y pitó el árbitro. 12-0. No era consciente aún pero allí lo habíamos logrado. En casa. El primer jueves del mes de junio. 28 victorias en 28 encuentros. Saludé al entrenador rival y a los jugadores del Turó y me fui hacia el banquillo. Rápidamente, al volver la vista hacia el campo vi a los alevines acercarse. Portaban una bolsa. El gran delegado que he tenido esta temporada, Tony, me dijo que no me iba a librar de tener algún regalo...

Una camisa de manga corta que va entallada totalmente a mi cuerpo de S. Y...unas dedicatorias personales escritas para la posteridad. Me dijeron los no tan críos que las leyera en voz alta. Pero a la segunda ya era todo un poema. Todo un océano de lágrimas que no encontraba el consuelo. Ellos me rodeaban en círculo mientras estaba profundamente emocionado. Cada una de esas dedicatorias significaba todo para mí. Daban sentido a toda la lucha interior y exterior por lograr unos objetivos. Por buscar al fin y al cabo ser feliz con esto del fútbol. Lo que tanto he amado. Apenas podía pensar en que tenía una cena de trabajo -la primera- en una hora y media. Y en que debía hacer muchos esfuerzos para ocultar la emoción del momento. Todo se consume de repente casi sin querer en unos segundos. El sacrificio, las ilusiones, las intrigas personales vitales, las frustraciones, el compromiso con aquello que haces. Todo se condensa en esa multitud de lágrimas. Las mismas que cuando me dijeron que podía empezar al siguiente lunes. O las mismas que en las Bodas de Plata de mis padres cuando salí en público a intentar improvisar un discurso. Que duró digamos 10 segundos ya deben imaginar por qué...

Me abracé a todo el equipo. Vi algunos rostros algo desencajados, también embriagados por las circunstancias tras prácticamente 4 temporadas juntos. Hubo un abrazo especial entre tanto sabor a despedida. Posiblemente con el jugador más difícil de dirigir por su mentalidad dentro y fuera del campo. Lo conozco desde pequeño ya que jugué con su hermano a fútbol en el Bosco y fuimos juntos a clase. El más rebelde porque tiene dotes de liderazgo y es capaz de armarla en un sentido o en otro. Ha sido el mayor reto individual canalizar su motivación por el bien del equipo. Y creo que lo he logrado. Ha ganado en personalidad futbolística y se ha erigido en un auténtico referente para el colectivo ayudando en todo momento y sacrificándose por el bien de todos. Me fundí en un abrazo con él. Era el símbolo final. La metáfora ideal para poner el cierre a algo que estaba a punto de terminar. Aquél que siempre quería tener la razón y ejercía de abogado del diablo dentro del grupo como macho alfa sabía que debía seguir mis consejos y directrices. Que eso era el respeto y la disciplina. Y me lo agradeció.

Luego Nacho me dijo que era muy grande, felicitándome y alegrándose tremendamente por mí y los niños. Yo estaba en otro universo. Flotando. Y me fui para casa. Sin echar la vista atrás. Aún quedaban un par de torneos para acabar con el mejor sabor de boca posible. Al llegar a mi habitación intenté releer las dedicatorias pero me desestabilicé emocionalmente al momento. Mi madre me fue a consolar y me dijo la sabia frase de que:

"Jordi ya lo sabes tú muy bien, esto es la vida...'"

To be continued...

13.6.11

Todos los caminos llevan al Bosco (2ª parte)

Estaba muy confiado. Convencido de que entraría en Periodismo. Por eso quizás no me planteé alternativas. Era la única carta que había dejado sobre la mesa. Descubierta y conocida por casi todos. Suspiraba impaciente por el día en que publicaran las notas online. Las sensaciones habían sido buenas. Cuando vi mi nota por primera vez ya empecé a dudar. Un 5,15 ni era muy alto ni era algo que me esperaba. Me había penalizado mucho la parte de la redacción cuando era sin duda lo que menos me preocupaba. Al fin y al cabo, quizás no escribía demasiado bien...

Retrocediendo unos días a esa primera desilusión que acabaría por confirmarse ya entrado el verano, nos encontramos en nuestro torneo. El 12 de junio. Un día antes había iniciado en Sudáfrica lo que a la postre sería el primer Mundial de fútbol en la historia de España. Nacho me paró un momento para hablar conmigo. Me dijo que confiaba en mí para que el año que viene llevara a un alevín competitivo. Que era el adecuado y que quería que liderara un grupo con aspiraciones de ganar además de formativas. El reto era precioso y ambicioso. Me daba la oportunidad y libertad de escoger a un grupo reducido de chavales, los que yo quisiera, con los que trabajar con el objetivo de competir a tope desde el primer día. Fue una inyección de moral tremenda y en cierta manera inesperada. Sin embargo, no me hacía muchas ilusiones por entonces ya que mi cabeza estaba pensando en la nota de Periodismo. Me había imaginado a mí mismo acudiendo a la Facultad de Poblenou con esos horarios intensivos que imposibilitarían las funciones de entrenador de fútbol base. Aquella facultad que cuando inicié la solicitud pensaba que sería el lugar de asistencia los dos próximos años jornada tras jornada. Pero la vida da muchas vueltas...

Avanzó el mes de julio y se confirmó lo augurado un mes antes. Era el octavo en la reserva para acceder a los estudios de segundo ciclo. Entraban las 43 primeras notas. Y no había dado la talla. Fue una decepción, sinceramente. Como escribí en la primera parte, siempre he odiado perder. Eso era una derrota significativa para mí. Algo frustrado, puse los empeños restantes en intentar aprobar Econometría II, la única asignatura que me quedaba para completar la licenciatura en ADE una vez solucionado el conflicto con DEPE II. Apoyos no me faltaron nunca. Todo lo contrario. Y alguien me dijo que cuando una puerta se cerraba, se abría otra en una nueva dirección. Prácticamente desde la segunda mitad del 2010 tuve a una persona que ha sido muy especial e importante para mí, a mi lado. Siempre muy cerca aunque físicamente no tanto como me hubiera gustado. Si había motivos para seguir mirando hacia adelante y planeando sobre la marcha, los encontraba ahí. Me sentía único y dichoso.

A los pocos días de empezar lo que era mi cuarta temporada como entrenador y la primera auténticamente en solitario, realicé uno de los exámenes más importantes de mi vida. Ese 9 de septiembre terminé ADE. La alegría que sentí al día siguiente justo al ver la nota, ese aprobado que sabía a matrícula, condensaba en forma de metáfora todas las desilusiones anteriores y marcaba el inicio de un nuevo rumbo. Debía emprender un camino distinto y que no había ideado en mis planes meses atrás. Buscar trabajo. Así que paralelamente al inicio de liga, un 10 de octubre en el campo del Europa (el de Vallcarca), arrancaron algunos procesos de selección. Toda una nueva aventura personal. Era muy inexperto en la materia. A medida que íbamos ganando, jornada tras jornada y mejorando el nivel, iba pasando fases en Deloitte y Ernst & Young. Me convencí prácticamente de que entraría en Deloitte. 

Un día antes de empezar perdiendo por vez primera en toda la temporada (un partido que acabarían ganando los críos 19-1), realicé dos entrevistas con apenas 2,30h de diferencia. Primero con un manager de Deloitte, luego con uno de Ernst. De la primera salí con sensaciones muy buenas. Todo optimismo. De la segunda, tras hora y media ciertamente incómoda, más que desconcertado y desangelado. A la semana siguiente me confirmaron desde Ernst lo que me esperaba. Era como quedarse a las puertas de la final de un torneo. Aún quedaba otra bala y el resto de inversiones de la cartera de empleo que trataba de hacer más amplia. Para diversificar el riesgo. Eso nos explicaban en finanzas...

Las Navidades se acercaban y seguíamos imbatidos. El fin de semana del Acto Oficial de Graduación 2010 jugábamos en un campo complicado de un rival directo como el Alzamora. Costó pero los no tan niños vencieron 1-8. Fue un golpe de autoridad sobre la mesa. A la semana siguiente, antes del parón de vacaciones, seguirían con la racha (10-1 sobre el Badalona Sud). Estaban que se salían. Pero quedaba mucha tela por cortar aún. Cuando le explicaba cómo había ido el partido a quien siempre me preguntaba y le decía que no había sido tan sencillo cómo parecía indicar el marcador, no me creía. Nunca me creía porque alegaba que siempre le contaba lo mismo y no colaba después de ganar por tantos goles. Me metía en la piel de entrenador, sin dejarme llevar por la aparente evidencia de superioridad de mis jugadores, supongo.

El inicio de año fue duro. Por varios motivos. Esperaba noticias de Deloitte. Me ponía en contacto vía mail y vía teléfono. Pero hasta abril no recibí la confirmación que con el tiempo ya se hacía más que evidente. La información que me facilitaron justo antes de Navidades se contradecía con lo ocurrido después, o mejor dicho, con lo que nunca llegó a ocurrir. Así que de nuevo, a las puertas de una final. Después de hacer tres fases de un proceso que sabes de sobras que no es sencillo superar te sientes algo molido por dentro. Siempre me quedaba el consuelo de no haberme eliminado a las primeras de cambio. Sea como fuere, el frío enero nos acompañó a los no tan críos y a mí por los campos de Barcelona. Duro fue un domingo gélido de esos de madrugón intenso en el Clot de la Mel. No lo hemos pasado tan mal en toda la temporada. Llegamos al último cuarto empatados y al final ganamos 2-4 a la Vila Olímpica. Como revancha dulce cuando nos visitaron en la vuelta les clavamos 11-2 los alevines con un gran nivel de juego. Quizás animados y picados porque fueron el único equipo que no les hizo el pasillo ya siendo campeones.

Mis jugadores nunca me fallaron. Nunca me han fallado este año. Anecdótico fue el primer partido tras el parón navideño. Les expliqué un poco de mi vida privada para canalizar su motivación y parece que a juzgar por el resultado y el juego de aquél día, funcionó. No lo estaba pasando demasiado bien en aquella época y ellos, pese a su edad, supieron sentir empatía y jugar con más orgullo si cabe. 0-14 en un campo de tierra (el único del grupo) como es el del Turó de la Peira. Hicieron el mejor encuentro fuera de casa sin duda. Tocando el balón desde atrás en todo momento, con continuo dinamismo  y mucha profundidad. Jornadas después vendría el duelo decisivo -pese a que quedaba mucha liga aún- a finales de febrero. El Sant Ignasi no había perdido ningún partido como local. Ante partidos así, en algo que ya había empezado a hacer la temporada anterior, les preparaba por escrito una serie de anotaciones que incluía tanto una arenga colectiva con detalles individuales como el análisis del rival. Siempre que podía intentaba ir a ver a los próximos rivales para observar y conocer sus puntos fuertes y débiles. Dónde pode sacar ventajas y cómo poder explotar mejor nuestras virtudes ante el contrario. Todo esto depende del nivel de compromiso y ganas que tenga uno de trabajar y hacer las cosas. Para mí entrenar no era ir a pasar el rato.

Antes del Sant Ignasi, en los vestuarios, les recordé lo que les había anotado por escrito. La idea de que estábamos en marcha en uno de aquellos trenes que pasan seguramente una vez en la vida. Y que no debíamos bajar aún. Que había que hacer todo lo posible para aguantar subidos el máximo de tiempo posible hasta llegar a nuestro destino. Un destino que se anunciaría con la palabra: VICTORIA. Pero que quedaba mucho camino por recorrer, y aunque ese día no era el final, suponía dar un pasito más en nuestra lucha. 2-7. Nuevo golpe de autoridad sobre la mesa. A partir de ahí empecé a ver como una posibilidad real tratar de buscar el récord absoluto. Todo victorias en una temporada. Aún quedaban tres meses de competición pero días a priori duros, no tantos.

No obstante, como el fútbol es grande porque a veces lo inesperado juega sus bazas, en una tarde entre semana, la Manigua nos complicó mucho la vida bajo la lluvia. Era un partido aplazado y terminamos 7-4, el resultado más justo en casa. No tuvimos nuestro día. Estaban clasificados en la zona baja y no entraba en los planes sufrir tanto. Con pruebas como esas superadas, caminábamos con paso firme hacia el título. Y ya a finales de marzo empezaba sin querer a hacer cuentas en mi cabeza. Por pedir, mejor quedar campeón en casa. Incluso había una opción matemática de serlo antes de Semana Santa, pero hubiera sido ya increíble. A medida que el liderato se afianzaba con rotundidad y merecimiento, se abrían nuevos horizontes laborales. KPMG llegó como agua de mayo, con mucha frescura, y realicé dos fases en muy breve espacio de tiempo. Ahora, teóricamente aún sigo esperando si paso a la última fase.

Superada la Semana Santa, sin procesiones, nos presentábamos en el siempre complicado campo del Badalona Sud. Allí como jugador guardaba recuerdos algo desagradables, nada bonitos. Contra el Artiguense nos hacían prácticamente de todo extra-futbolísticamente hablando. Y a mí, como era lateral, me tocaba cada vez que recorría la banda -que sinceramente, no eran pocas las veces- recibir salivazos desde la grada. Vamos, que me escupían porque sí. Volviendo al presente más reciente, si ganábamos ese partido, seríamos campeones si las mates no se equivocaban. Que no lo harían...  

Dos días antes había recibido una llamada de PepsiCo. Para el martes tenía un proceso de selección. Parecía mentira que me llamaran de alguna empresa que no fuera ni para auditoría o contabilidad.

To be continued... 

9.6.11

Todos los caminos llevan al Bosco (1ª parte)


Lo inesperado cambia nuestras vidas. Caprichos del destino que conspiran entre sí para crear magia en algunas partes de tu camino. Nunca hubiera imaginado en la primera mitad de 2007 la aventura que empezaría a vivir meses después.

Era el primer año de universidad. Todo nuevo. Seguía jugando a fútbol, mi último año si no cambiaba de aires y me buscaba la vida en algún otro equipo. Pero me lesioné. Nunca había sufrido un percance físico en casi 12 años compitiendo sin parar. La tendinitis es algo muy delicado. Aún ahora cuando juego, noto molestias. Fui a rehabilitación varias semanas. Con lo que estuve sin jugar unos tres meses largos. Fue horrible. Además, los resultados del equipo eran pésimos. Fue una temporada cuya historia no hubiera diseñado nunca en mi cabeza. En el último partido de liga me cambiaron antes del final para homenajearme. Mis compañeros y los padres aplaudieron con sinceridad y cierta efusividad. Era el campo del Júpiter. Pero en ese momento, igual que tiempo después, sentía que el fútbol me debía una. Que mi cuento de hadas con el deporte que más amaba no podía terminar de esa forma algo cruel. Co un mal sabor de boca. Estaba acostumbrado a competir y ganar. Y desde bien pequeño había odiado perder a cualquier cosa. Ya el primer año que jugué a fútbol me cabreaba si no ganábamos y tiraba el brazalete de capitán al suelo.

Así, sin advertirlo, en otoño de 2007 recibí una llamada. Era Joaquín, quién fuera entrenador mío en la temporada 1999-2000 y con el que logramos el ascenso además del honor de disputar la Donosti Cup, un torneo internacional. Era el coordinador del Bosco desde mi último año de futbolista. Y me propuso entrenar junto a Èric a un grupo de benjamines muy numeroso. Fui a verlo para que me explicara la situación y me enseñara el colectivo. A partir de ese momento, todo cambió. No en cuestión de días ni semanas. Si no de meses. Años. Comencé un camino que ni en mis mejores sueños hubiera imaginado que terminara como ha terminado. Aunque aún falta el torneo que organizamos como locales el 18J...

Èric, que llevaba desde el principio con los chavales (un mes aproximadamente) llevaba la voz cantante ciertamente. Y en ocasiones me sentía como un segundo cuando en realidad compartíamos cargo y jerarquía. No en vano ganábamos lo mismo. El primer año empalmaba mucho antes de los partidos y aunque el compromiso estaba por descontado, no dejaba de verlo como un mero hobby remunerado que me podía compatibilizar con los estudios. No sentía tener el liderazgo que luego llegué a asumir. Al inicio entrenaba con nosotros Vega, con quién coincidí en mi último año de juvenil. Pero si no me falla la memoria estuvo unas semanas tan solo.

A la temporada siguiente, Èric no podía seguir entrenando por los horarios universitarios así que compartí responsabilidades con Carlos. Además teníamos tres ayudantes (Joan Marc, Oscar y David). Ya estábamos todos titulados desde el verano. Llegamos a manejar un grupo de 20-23 benjamines semana a semana. Eso significaba planificar cada viernes tres convocatorias distintas ya que competíamos en Liga federada y en Consell Escolar (por partida doble). Con Carlos, pese a la dificultad de trabajar en horizontal nos entendimos muy bien y el proceso instructivo y formativo fue desde luego bastante democrático. Tomábamos las decisiones conjuntamente y no teníamos ningún problema para ceder a las opiniones o recomendaciones del otro. Nos dividíamos en dos grupos cada entrenamiento la mayor parte del tiempo y trabajábamos los mismos conceptos atendiendo luego lo máximo posible a las necesidades de cada grupo e individuo. Algo que no es sencillo pero al contar con tres ayudantes podía ser algo más factible. Pero, repito...¡un grupo de 20-23 niños! 

Dicha temporada fue tremenda. Inolvidable. Logramos ganar la Liga federada con solo una derrota en el campo de la Trajana. El resto, victorias. En Consell, con el Benjamín de segundo año llegamos a semifinales de la Copa Barcelona. Todo un logro también.

Y llegamos a la siguiente campaña. Yo empezaba cuarto de carrera. Anhelaba licenciarme virtualmente en junio de 2010. Empezaba a plantearme mi futuro: buscar trabajo, seguir estudiando o ambas cosas. Tenía la sensación de que sería mi último año como entrenador de fútbol base. Tuve la suerte de seguir con el mismo grupo aunque pasaran a Alevines y junto a Carlos de nuevo. Antes de comenzar Nacho había reemplazado a Joaquín como coordinador. Algo que particularmente me soprendió ya que son esas cosas que no ves venir. Con Nacho había jugado en mi segundo año de Juvenil y en otras fases a lo largo de nuestra carrera así que nos conocíamos de sobras. Desde un inicio y en todo momento me dió una confianza brutal. No me he podido quejar nunca. Nos dejó a a Carlos y a mí mucha libertad con el Alevín de primer año a la hora de configurar los equipos semana a semana tanto de F-11 como F-7. Porque nuevamente, al tener un grupo cuantioso, competíamos en dos ligas.

Deportivamente la temporada fue de menos a más. Se logró terminar entre los siete primeros en un grupo complicado y notable  fue el broche final, venciendo 6-2 a los segundos, el Sant Ignasi. Ese domingo 30 de mayo estaba previsto que representara mi último partido con los críos si todo hubiera salido como había maquinado en mi interior. Así que los niños que marcaron goles me los fueron dedicando. Pitó el árbitro y sentado en el banquillo lloré. Pensaba que era el final. Entonces entre Carlos, Èric y su padre Alfons, una de las personas más honradas y maravillosas que jamás he conocido, me dijeron que aún quedaba el torneo. Que no me despidiera aún. Con Carlos la relación se había enfríado en nuestra segunda temporada trabajando juntos. Fue un proceso lógico ya que los dos pensábamos que merecíamos más autonomía e independencia para trabajar y evidentemente teníamos nuestras diferencias. En todos los sentidos. No es fácil adecuar la jerarquía horizontal con tu ego y los intereses particulares. Todos reclamamos nuestro espacio de liderazgo y autoridad. Tuvimos a un gran ayudante, Fran, que se entendió muy bien con el grupo desde un principio. Y como los dos años anteriores, a un gran delegado en la figura de JuanPe.

Digo que ese día estaba previsto que fuera el último partido ya que justo 24h antes había realizado una prueba de acceso a Periodismo en la UPF. Había sido el camino que había escogido y fue la única carta con la que me jugué mi futuro más 'cortoplacista'.

To be continued... 

27.2.11

Recuerdos...


El 1 de abril, tres días antes de que los Benjamines jugaran contra el Sant Andreu, segundo clasificado y que estaba a dos puntos de nosotros, escribí todo lo que sigue a continuación (en cursiva) con el objetivo de agradecer y felicitar a todo el cuerpo técnico involucrado en el equipo por su incansable labor en el día a día y como ejercicio de motivación e incentivo psicológico a seguir trabajando igual o mejor que hasta el momento. A veces los sueños se cumplen, y aunque ni yo mismo era consciente entonces de todo lo que podía suceder a continuación, lo cierto es que aquél partido (victoria por 0-2 en su campo) marcó la inercia del destino de la liga en favor de los nuestros. Al final, la historia ya conocida y terminada el sábado pasado se resume en campeones con 8 puntos de ventaja sobre el segundo, 87 puntos de 90 posibles, con tan solo un partido perdido de 30 disputados. Todos los partidos ganados en casa y un total de 191 goles a favor por 38 en contra.

El siguiente escrito es pues ya historia, forma parte de la aventura de esta mágica temporada que ya agoniza y en la que sin la presencia y esfuerzo de todos, nada habría sido posible. (03-06-09)

"Se acerca el día D y aunque no deja de ser un partido más es obvio que es especial y que nos jugamos algo importante que estaba por encima de las expectativas iniciales.

Gracias al buen trabajo hecho y lo que nos queda por hacer, la verdad que ha sido un placer ir a entrenar con todos vosotros estos meses.

Hemos tenido la suerte de encontrarnos con un grupo muy bueno de jugadores y si la fortuna nos acompaña puede que ellos pasen a la historia por sus logros en el colegio. Sin duda sería una hazaña porque creo que no hay precedentes de ganar la liga en el bosco en benjamines. Sí de copas de barcelona a esa edad.

Todo lo que venga del sábado en adelante será un premio añadido a una notable temporada y aunque ahora entremos en la fase decisiva y al final no podamos ganar nada no pasará nada. No tenemos que sentirnos presionados ni temerosos de bajar del tren ahora que estamos en plena alta velocidad y a muy buen ritmo.

En la vida a veces se gana y otras muchas se pierde. Pero pase lo que pase esta temporada será especial gracias a todos vosotros. Sin la colaboración de todos hace tiempo que ya navegaríamos sin rumbo y sin objetivos ni meta alguna.

Por eso merece la pena recordar que el principal fin es que los críos acaben disfrutando y sabemos que con victorias el goce y el disfrute será exponencial y asimismo ello repercurtirá en nuestra satisfacción y orgullo individual y colectivo.

Los grandes equipos no solo pasan a la historia por sus excepcionales jugadores y su brillante fútbol colectivo. También pasan a la historia por su grupo humano, por todo ese capital humano que ha estado entreno tras entreno, partido tras partido, intentando controlar cada detalle con la vista puesta en la salud y bienestar futbolístico de los jugadores.

Pase lo que pase estad orgullosos de esta temporada mas nunca nos rendiremos. No desaprovecharemos la oportunidad que el azar nos ha dado de escribir con letras de oro el nombre de nuestros peques en el Bosco.

Si Dios quiere pasarán los años y podréis recordar y explicar a la gente que fuisteis partícipes de algo grande.

Se gane o no al final nada, la victoria más importante y el triunfo más admirable es el de poder trabajar a gusto gracias a un grupo de excelentes personas como vosotros. La victoria más importante es el grupo de personas y jugadores implicado en todo esto.

¡Y sí, podemos!

Jordi" (01-04-09)

3.2.11

San Juan Bosco


El lunes fue un día especial. Acababa el primer mes del año. De hecho, el último día de enero siempre es conmemorativo. Al menos para aquellos que hemos tenido la oportunidad y la suerte de estudiar en un colegio salesiano. Es el día de San Juan Bosco, fundador de la congregación que da nombre a algunas escuelas y colegios como en el que estudié (Salesians Horta).

El pasado lunes hubiera sido un día completamente festivo. Sin clases. Habríamos comenzado con unos 'buenos días' especiales para luego seguramente ir a la celebración en la Iglesia. Los patios de la Primaria decorados con banderas de colorines anunciarían que no era una jornada cualquiera. También habría Olimpiadas deportivas, para ver qué clase obtenía la supremacía en cada curso. Competiríamos como nunca e incluso aprovecharíamos para mostrar al resto botas nuevas o camisetas de equipos no tan famosos. Todo el mundo quería ganar.

Los que siempre nos quedábamos a comer en el colegio teníamos dos fechas bien marcadas en la agenda. Cada vez que era 31 de enero o 24 de Mayo -las dos festividades más importantes, San Juan Bosco y María Auxiliadora, respectivamente- podíamos comer algo distinto a lo habitual. Había normalmente -si no me falla la memoria-, canelones gratinados y lomo en salsa con pasas y trozos de melocotón. De postre recuerdo muchas veces haber tomado la famosa Copa de Danone de nata y chocolate o natillas. Y, de forma excepcional, era un día en que se nos permitía beber algo distinto a agua. Teníamos derecho a un refresco bien de limón, naranja o cola. No puedo asegurar con exactitud si era Fanta o Coca-Cola o bien Schweppes o Pepsi. Ese día 'molaba' quedarse a comer; por eso incluso algunos que nunca lo hacían aprovechaban para unirse a los expertos veteranos del comedor.

Por la tarde, los más mayores habrían podido ver una película seguramente. Lo cierto es que en función del curso y si era Primaria o Secundaria, las actividades variaban. Había mini-excursiones para los más pequeños e incluso alguna especie de concurso sobre la vida y obras de San Juan Bosco. No es exagerado decir que los alumnos salesianos conocíamos más de Don Bosco que de nuestros padres y nosotros mismos entonces. Recuerdo que nació en I Becchi, cerca de Turín. Que no quería ser como su hermanastro Antonio y que una vez tuvo un sueño de pequeño que le cambió para siempre. Que allí empezó realmente el camino para lanzarse a dedicarse a los demás, sobre todo a la juventud. Su madre Margarita siempre le apoyó y ayudó a labrarse su destino a pesar de sus orígenes humildes y pobres.

Es y siempre será el "Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes". Desde su lozanía quiso dar una oportunidad más a los adolescentes, muchos de los cuales tenían problemas, como ocurre hoy en día en tantas familias desestructuradas. San Juan Bosco era nuestro patrón y más allá de que algunos recuerdos de aquellas jornadas puedan estar tergiversados por el paso inevitable del tiempo y las circunstancias, eran días muy felices para los alumnos. Para nosotros. Don Bosco, que abandonó la tierra de los mortales un 31 de enero de 1888 -de ahí la conmemoración- dejó un tremendo rastro de vida. Un testamento ejemplar para la humanidad en tanto que dedicó su vida para ayudar a los demás. Y a un colectivo en ocasiones olvidado como los más jóvenes. A educarlos, enseñarlos y fomentar el ejercicio. Lo bonito en esta vida es que al dejarla, puedas perdurar para siempre en la memoria y recuerdo de muchos, de los que venimos y vamos. No solo en días señalados sino prácticamente en los quehaceres cotidianos. Porque el fundador de los Salesianos debe servir de ejemplo, más allá de las creencias y religiosidad de cada uno, como un hombre que quiso mejorar su alrededor. Que se preocupaba por los demás antes que de sí mismo. Y su herencia es muy clara más allá de colegios, instituciones y asociaciones.

Cada vez que un niño y alumno salesiano sonríe y se muestra tal como es el día de San Juan Bosco, él está ahí presente. En el niño que será joven y luego adulto. 

Para todos aquellos que han estudiado en un colegio Salesiano y que han compartido muchas celebraciones en esas fechas como un servidor -e incluso conmigo-. Estoy convencido que si lo llegan a leer, más de un recuerdo les vendrá al instante. Y para quien haya oído alguna vez de Don Bosco y realmente no supiera muy bien quién era o qué cosas tan preciadas dejó para el mundo.

19.2.10

DEP, Víctor

Hubiera deseado abrir el febrero más temprano y con una noticia más agradable pero no puedo. Víctor García, ex-compañero de vestuario y de equipo, de escuela, allí dónde estés que descanses en paz.

Fue un placer ser el capitán de un equipo campeón en el que se encontraban jugadores como tú. Aquél año de cadetes que acabamos en Ibiza celebrándolo fue increíble y tu formarás parte de esa gran memoria y recuerdo para siempre.

Sé que leerás esto desde alguna parte y aquí va mi más sentido homenaje en este humilde rincón. Hasta siempre Víctor.

DEP.

21.5.09

Disfrutar


En el deporte profesional y de alta competición, como por ejemplo el fútbol, el éxito se suele medir por los resultados. En su extensión y aplicación, por los títulos. Por su parte, los objetivos y metas que se persiguen en el fútbol base, el de formación, son muy diferentes. Lo que prima por encima de cualquier resultado es disfrutar. Disfrutar aprendiendo a fallar y corregir; disfrutar aprendiendo a acertar. Pero incluso más allá de formar deportivamente a un niño o niña lo principal es ofrecer una base educativa y humana con la que poder ser el día de mañana una buena persona antes que un buen futbolista.

El destino ofrece a veces oportunidades únicas, de ésas que nunca olvidarás y en las que uno mismo puede llegar a disfrutar tanto como los críos que entrena. El sábado pasado y a falta de dos jornadas para terminar la liga, el equipo al que entrenamos consiguió matemáticamente ganar el campeonato. Y hablo en plural porque este éxito sin precedente igual en el colegio es fruto del trabajo y la labor de los dos entrenadores (Carlos y un servidor), los tres ayudantes-entrenadores (David, Oscar y Joan Marc), del delegado (Juan Pedro) y por supuesto del coordinador Joaquín y el jefe de extraescolares Gago.

En la vida la toma de ciertas decisiones condiciona los resultados obtenidos, las experiencias vividas. En mi último año de juvenil en el Bosco el mismo coordinador me ofreció la posibilidad de entrenar al que era entonces benjamín de primer año. Renuncié ya que con mi primer año de universidad y aún siendo jugador quería tantear el terreno y tenía miedo de no poder con las tres cosas a la vez. Un año después Joaquín a través de Èric (amigo y compañero en todos los sentidos), me dijo que fuera una tarde de otoño al Bosco si podía para hablar con él. Me ofreció entrenar junto a Èric, que ya estaba en ello desde el inicio, al benjamín de primer año. Acepté. Tras toda la temporada anterior este año de nuevo volví con los mismos benjamines. Esta vez en lugar de Èric, hacíamos el trabajo con Carlos y los susodichos ayudantes que también poseen el título de entrenador de futbol base. Nunca puedes llegar a saber que hubiera pasado si hubiera tomado otra decisión la primera vez que Joaquín me ofreció entrenar. Pero está claro que no me arrepiento y que me siento muy afortunado dado el punto del que partimos todos, desde los críos a nosotros mismos, y donde nos encontramos ahora.

Es bonito y placentero crecer al mismo tiempo que ellos crecen. Aprender al mismo tiempo que ellos aprenden. Disfrutar al mismo tiempo que ellos disfrutan. No quiero pensar en lo que vendrá aún. Me gusta esa sensación de que en la vida renuncias a algunas cosas para obtener tantas otras, cuya gratificación pese a parecer difícil de digerir en un horizonte temporal breve, reportará utilidad pasados los años. Porque pasado el tiempo seguirá cumpliéndose la azarosa ley de los caprichos y lo estocástico y seguiré pensando que fui un afortunado en todo esto que me ha tocado vivir.

Y la temporada aún no ha terminado. Tenemos todos el sueño de pelear si es posible por la Copa de Barcelona con los mejores colegios inscritos en Consell Escolar. La liga que han ganado los críos es la de la Federació Catalana de Futbol; Grupo 1 de Benjamines de Segunda División.

Personalmente y tras mi realmente triste retirada de los terrenos de juego, lo logrado hasta ahora este año me ha servido como redención. El fútbol y yo hemos vuelto a hacer las paces en cierta forma. Y eso es algo que me llena de orgullo.

Pero si existe algo que me llena de orgullo es ver como todos los niños disfrutan jugando y como sonríen conscientes de que han logrado algo increíble, de que son campeones. De que a falta de dos jornadas han ganado 27 de los 28 partidos disputados en la liga. De que son el equipo con mejor diferencia de goles. De que han ganado todos los partidos en casa. De que están disfrutando con el momento. Como les dije antes del último partido: "Disfrutad de este momento y esta oportunidad que todos juntos tenemos porque os prometo que nadie, absolutamente nadie, os la quitará ni robará. Esta ilusión puede ser un sueño hecho realidad y algo que recordaréis para siempre. Yo aún sigo recordando con alegría y felicidad las ligas que pude ganar cuando era más pequeño y jugaba aquí en el Bosco. Y os prometo que nadie me ha quitado ni me quitará nunca los buenos recuerdos. Así que salid al campo y disfrutad porque merece la pena. Os lo merecéis".

Tenemos la suerte de contar con una veintena de benjamines por lo que cada semana no llevamos los mismos jugadores a la liga y los hemos ido repartiendo entre tal liga federada y consell escolar de benjamín y pre-benjamín. Esto ha comportado no siempre aspectos positivos. Como en la vida misma, nunca llueve a gusto de todos. Y a pesar de que parezca lo contrario, uno se va dando cuenta de que al final uno tiene motivos para estar satisfecho consigo mismo y congratularse por el trabajo hecho, pero que no debe esperar nada a cambio, ni siquiera felicitaciones, de algunas personas. La vida es así y un compañero me lo explicó de forma similar a las palabras que he empleado.

Sí que es cierto que a inicios de temporada los objetivos nunca fueron ganar el campeonato y que pensábamos ir día a día hasta ver el tope que podía alcanzar el equipo en su conjunto dada la restricción de ir alternándolos entre las tres competiciones. Cierto es que algunos han jugado más partidos en alguna liga que otra y que no hemos sido del todo justos en algunas situaciones. No me disculpo porque creo que lo hemos hecho lo mejor posible y que a veces no es fácil. Carlos y yo nos hemos roto los cascos semana a semana configurando tres equipos para el fin de semana. Muchas son las veces que en la universidad me han visto pensando en ejercicios para los entrenos, apuntar en borrador los equipos que pensaba que podíamos llevar para los partidos, etc. Cierto es que nos tomamos esto lo más serio y de forma responsable que podemos y que estamos dispuestos a renunciar a mucho en ocasiones, por no decir siempre, para tratar de que los chavales por encima de todo DISFRUTEN.

A los críos nos debemos y nos deberemos siempre todos aquellos que nos dedicamos a esto. Lo hacemos porque nos gusta y nos encanta tratar de enseñar aquello mismo que a nosotros nos mostraron cuando éramos pequeños. Mantengo el anonimato por ahora de estos auténticos héroes de la escuela y del fútbol, los principales protagonistas de una historia que aún no ha terminado y que han inscrito ya con mayúsculas palabras en los rincones más sagrados del colegio. Porque su historia, en forma de leyenda y realidad, con un toque de épica y de forma mágica me encargaré de difundirla hasta que el corazón me diga basta. Pero aún cuando eso suceda, la eternidad estará ahí para siempre como testigo y narradora de la historia de los increíbles benjamines de 1999.

Porque si algo es verdad en un mundo donde no siempre se pueden vivir y compartir alegrías, es que guardaré para siempre en un rincón especial a toda la plantilla que me ha dado la oportunidad de disfrutar (y sufrir) con ellos. Porque su historia y éxito es más que una razón noble para escribir todo esto que merecen y para concluir con sinceridad que tienen un hueco en la eternidad, no solo de las personas que estamos con ellos en su entorno, sino sobretodo del colegio, donde los valores y las ganas de educar están por encima de todo. Donde la educación y las ganas por disfrutar aprendiendo son lo principal. Así que si además se tiene la suerte de ganar, mejor que mejor.

Yo ya tengo el hueco guardado desde hace tiempo para ellos. Espero que todos vosotros tengáis un espacio para compartir esta alegría.

Gracias a Carlos, David, Oscar, Joan Marc, Juan Pedro, Joaquín, Alfons y Gago por todo esto. A los padres también por la parte principal que les toca. Y sobretodo gracias a los niños, a los críos por hacernos partícipes de toda esta historia donde ellos son los protagonistas y se merecen por encima de todo DISFRUTARLO.

12.5.07

Bosco Mítico (I)

Doce años es tiempo. Según como se mire. Doce años son muchos, es casi una vida; más si los has empleado jugando a aquello que más te apasiona: a fútbol. En el mismo equipo, el del colegio. Parece que fue ayer cuando me colgué unas botas con tacos por primera vez. Parece que fue ayer cuando comenzó lo que nunca se olvidará. San Juan Bosco (de Horta) es el club (escuela de fútbol) cuya camiseta he defendido con orgullo e ilusión.

Gracias a la vida y a su gente (mis padres en este caso) pude ir a ese colegio para luego apuntarme a hacer fútbol en segundo de primaria. Se podría realizar tranquilamente una crónica de todos estos años, son muchos los recuerdos que permanecen grabados, que jamás se olvidarán. Muchas de estas palabras bien las podrían suscribir mis compañeros en el equipo y grandes amigos, excelsas personas que tanto en el campo como en la calle irradiaban ilusión, compañerismo y pura fantasía. La relación era tan buena, nos conocíamos tan bien, que sobre el césped no se traducía sino la realidad. El ejemplo evidente es que podíamos ganar jugando mal y teniendo el día tonto, ese día resacoso que aparece marcado en el calendario en rojo, de atención y peligro.

De todo el largo período, la temporada 2003-2004 fue la más exitosa y brillante tanto a nivel colectivo como individual en mi caso. Los nombres que integraron esa plantilla están inscritos con oro en la historia humilde del club. Los conoceréis a todos más tarde o temprano. Espero que no se molesten si no los nombro aquí hoy, pero debería hacer lo mismo no solo con ellos sino con todos aquellos con los que he compartido pelota y pasión, y también los que han hecho posible que haya disfrutado con todo esto (entrenadores y técnicos, delegados, padres, directiva...)

He aprendido mucho como futbolista y sobretodo como persona, porque el deporte es formación humana además de competición, ganar, perder y correr. Del dulce sabor del triunfo a la amargura de una derrota. Perder es algo a lo que siempre hay que renunciar. De la satisfacción de una remontada, del alivio de un partido fácil que dominas a los 20 minutos, del extásis de un gol en el último minuto. ¿Volveremos a vivir todo esto juntos?

Mi generación, la del 88, es posiblemente y sin que resulte pedante, la colección de mejores jugadores que ha tenido en la historia el Bosco. Realmente y sin exagerar puede ser así. Pregunten a padres y seguidores. Es bastante improbable que vuelva a haber tantos chicos que van al mismo colegio, tienen la misma edad y juegan juntos al fútbol. Y además lo hacen bien. Si bien es cierto que nos hemos nutrido de jugadores que procedían de otras escuelas, pero que han sido adoptados, felizmente recibidos y pertenecen al Bosco con majestuosidad. Yo reconozco que no fui, no he sido ni soy (ya tampoco seré) un dotado de la magia de la técnica y la calidad, algo innato, pero que a base de trabajo y sacrificio uno puede mejorar aquello de lo que carece por naturaleza. Y entonces lo vas compensando con tus virtudes propias. En el equipo (cuando hablo de equipo me refiero a aquél en que jugamos los de nuestra generación esencialmente), había y los hay, de cracks totales, de jugadores de dibujos animados, de play station. Y mejores personas si cabe. Espero que este escrito sea el primero de muchos en los que vaya desgranando el tarro de las esencias, que despierte la ilusión y la esperanza de hacer lo que uno desea, de poder disfrutar haciendo lo que a uno le agrada, de luchar por conseguir las metas que nos vamos proponiendo en esta vida repleta de cuestas y bajadas, de llanuras y elevaciones, de júbilo y odio.
Hoy he jugado mi último partido de liga con el Bosco. Termina ya la etapa de juveniles y no hay amateur (a diferencia de hace unos años). Voy a colgar las botas. Tan solo falta un partido amistoso y nuestro torneo. Ese día será la despedida. Las palabras hasta siempre permanecerán retenidas en la memoria y en el paso del tiempo. De aquí a unos años alguien se acercará para preguntarnos si jugábamos en el Bosco y nos pedirá que le contemos alguna que otra anécdota. Lo fundamental que se debe destacar de todo esto es la calidad humana y futbolística, esa unión es más poderosa que el matrimonio más feliz que pueda existir.

Va para y por vosotros, ya sabéis quienes sois. Muchas gracias por ser como sois y perseguid vuestros sueños. Algún día quién sabe el lugar y momento, nos volveremos a reunir en el campo. Muchas gracias por todo, he disfrutado lo indescriptible compartiendo uniforme con todos vosotros, y nos seguiremos viendo para recordar esos momentos de felicidad. La nostalgia es inevitable, sobretodo cuando los momentos vividos son tan bellos y bonitos como el caso. Para siempre quedarán nuestros nombres, camisetas, partidos, goles, alegrías y decepciones, las risas, las bromas, los motes, los ánimos, los aplausos, los abrazos, las celebraciones. Para siempre quedará el verdadero triunfo de esta historia: habernos reunido al azar para compartir horas y horas de diversión disfrutando con el fútbol y con nuestra personalidad, siendo como somos.

Esto también es un guiño al fútbol base, al de verdad, nada hechizado por el mercado ni la mass-media, lo mediático.

Hasta siempre amigos-jugones. En realidad os quiero mucho a todos.

Gracias,

Aquél que un día fue vuestro capi.