3.2.11

San Juan Bosco


El lunes fue un día especial. Acababa el primer mes del año. De hecho, el último día de enero siempre es conmemorativo. Al menos para aquellos que hemos tenido la oportunidad y la suerte de estudiar en un colegio salesiano. Es el día de San Juan Bosco, fundador de la congregación que da nombre a algunas escuelas y colegios como en el que estudié (Salesians Horta).

El pasado lunes hubiera sido un día completamente festivo. Sin clases. Habríamos comenzado con unos 'buenos días' especiales para luego seguramente ir a la celebración en la Iglesia. Los patios de la Primaria decorados con banderas de colorines anunciarían que no era una jornada cualquiera. También habría Olimpiadas deportivas, para ver qué clase obtenía la supremacía en cada curso. Competiríamos como nunca e incluso aprovecharíamos para mostrar al resto botas nuevas o camisetas de equipos no tan famosos. Todo el mundo quería ganar.

Los que siempre nos quedábamos a comer en el colegio teníamos dos fechas bien marcadas en la agenda. Cada vez que era 31 de enero o 24 de Mayo -las dos festividades más importantes, San Juan Bosco y María Auxiliadora, respectivamente- podíamos comer algo distinto a lo habitual. Había normalmente -si no me falla la memoria-, canelones gratinados y lomo en salsa con pasas y trozos de melocotón. De postre recuerdo muchas veces haber tomado la famosa Copa de Danone de nata y chocolate o natillas. Y, de forma excepcional, era un día en que se nos permitía beber algo distinto a agua. Teníamos derecho a un refresco bien de limón, naranja o cola. No puedo asegurar con exactitud si era Fanta o Coca-Cola o bien Schweppes o Pepsi. Ese día 'molaba' quedarse a comer; por eso incluso algunos que nunca lo hacían aprovechaban para unirse a los expertos veteranos del comedor.

Por la tarde, los más mayores habrían podido ver una película seguramente. Lo cierto es que en función del curso y si era Primaria o Secundaria, las actividades variaban. Había mini-excursiones para los más pequeños e incluso alguna especie de concurso sobre la vida y obras de San Juan Bosco. No es exagerado decir que los alumnos salesianos conocíamos más de Don Bosco que de nuestros padres y nosotros mismos entonces. Recuerdo que nació en I Becchi, cerca de Turín. Que no quería ser como su hermanastro Antonio y que una vez tuvo un sueño de pequeño que le cambió para siempre. Que allí empezó realmente el camino para lanzarse a dedicarse a los demás, sobre todo a la juventud. Su madre Margarita siempre le apoyó y ayudó a labrarse su destino a pesar de sus orígenes humildes y pobres.

Es y siempre será el "Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes". Desde su lozanía quiso dar una oportunidad más a los adolescentes, muchos de los cuales tenían problemas, como ocurre hoy en día en tantas familias desestructuradas. San Juan Bosco era nuestro patrón y más allá de que algunos recuerdos de aquellas jornadas puedan estar tergiversados por el paso inevitable del tiempo y las circunstancias, eran días muy felices para los alumnos. Para nosotros. Don Bosco, que abandonó la tierra de los mortales un 31 de enero de 1888 -de ahí la conmemoración- dejó un tremendo rastro de vida. Un testamento ejemplar para la humanidad en tanto que dedicó su vida para ayudar a los demás. Y a un colectivo en ocasiones olvidado como los más jóvenes. A educarlos, enseñarlos y fomentar el ejercicio. Lo bonito en esta vida es que al dejarla, puedas perdurar para siempre en la memoria y recuerdo de muchos, de los que venimos y vamos. No solo en días señalados sino prácticamente en los quehaceres cotidianos. Porque el fundador de los Salesianos debe servir de ejemplo, más allá de las creencias y religiosidad de cada uno, como un hombre que quiso mejorar su alrededor. Que se preocupaba por los demás antes que de sí mismo. Y su herencia es muy clara más allá de colegios, instituciones y asociaciones.

Cada vez que un niño y alumno salesiano sonríe y se muestra tal como es el día de San Juan Bosco, él está ahí presente. En el niño que será joven y luego adulto. 

Para todos aquellos que han estudiado en un colegio Salesiano y que han compartido muchas celebraciones en esas fechas como un servidor -e incluso conmigo-. Estoy convencido que si lo llegan a leer, más de un recuerdo les vendrá al instante. Y para quien haya oído alguna vez de Don Bosco y realmente no supiera muy bien quién era o qué cosas tan preciadas dejó para el mundo.

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