Imagina la noche más fría de la historia. La nieve cae sobre la ciudad de Edimburgo. En lo alto de una colina nace el pequeño Jack, pero su corazón está dañado. Y por eso necesitará reemplazarlo por un reloj de madera, un corazón artificial del que dependerá su vida. Acompañemos a Jack en su aventura quijotesca desde las frías callejuelas escocesas hasta una radiante ciudad andaluza, en busca del amor. Pero, ¡cuidado!, Jack debe seguir unas reglas para sobrevivir:
Uno: NO TOQUES LAS AGUJAS.
Dos: DOMINA TU CÓLERA.
Tres: NO TE ENAMORES NUNCA.
LA MECÁNICA DEL CORAZÓN DEPENDE DE ELLO.
Deseemos suerte a Jack, y recuerda que, como en este cuento para niños grandes, todos hemos sufrido alguna vez por nuestro voluble corazón.
(La mecánica del corazón, de Mathias Malzieu)
Es la contraportada del libro que tengo a mi derecha, esperándome. Casualidades o no, el mismo fin de semana que los críos se iban a enfrentar al Sant Ignasi, segundo clasificado, me leí El Principito. Yo decía que era un libro para niños para luego no dejar sino de arrepentirme de tales palabras. Un bonito regalo que encerraba una historia para todas las edades, con muchas metáforas que son aplicables a cualquier época. De La mecánica del corazón solo puedo atreverme a sugerir que suena muy bien. Tiene una pinta excelente y mañana creo que empezaré con él. Y quizás, como con El Principito, ya no querré parar hasta el final. Para luego llevarlo siempre conmigo.

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