Dicen que la vida no se mide por las veces que respiras sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento. O aquello que ocurre mientras estamos haciendo nuestros planes. Todo se sucede. Lo que deseas es respirar el aire junto aquella persona que sin esfuerzo sabe como dejarte sin aliento. Y hacer planes junto a ella, al mismo tiempo que día tras día te quieres dejar llevar, en el mejor de los sentidos. Sin preocupaciones. Siempre a su lado. Merece la pena esperar hasta vivir esos instantes. Pueden ser desde segundos hasta años. Décadas. No importa. Cada uno de esos momentos ya será para la eternidad. Cuando los eches de menos podrás acudir a ellos y te sorprenderías a ti mismo advirtiendo que tienes mejor memoria de la que pensabas. Porque sin saber cómo ni tan siquiera por qué, aquello que te da vida y ayuda a conciliar los latidos de tu joven corazón, queda guardado bajo llave en el espejo de tu alma. Un espejo que se abre reflejando su luz cuando la nostalgia y el anhelo vienen a visitarte.
Hoy estamos aquí. Miramos a nuestro alrededor. Todo parece de verdad. Pero dónde estás realmente es en aquellos momentos que te dejan sin aliento. Es inevitable y encantador. Una ola de sentimientos que arrastra multitud de recuerdos hacia la orilla. Como con ese ruido tan peculiar que fluye y se evapora en el horizonte cuando te colocas una caracola en la oreja. Todo un mar de sensaciones que ya es para siempre. Con la esperanza de que oleaje tras oleaje, puedas reencontrarte con tu única y especial sirenita.

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