23.2.11

23-F: 30 años después


Coincidiendo con uno de esos inoportunos -siempre lo son- resfríados que nos abrazan tarde o temprano en invierno, tal día como hoy hace 30 años, la propia España estuvo a punto de entrar en una gripe sin retorno. Corría entonces el año 1981. Poco después de que el país sufriera largo y tendido la enfermedad dictatorial y la ausencia de derechos y libertades democráticas desde el final de la rebelión franquista que tal bando transformó en Guerra Civil para asaltar la legitimidad y legalidad republicana. En aquél fatídico febrero era como si el paciente pudiera recaer de nuevo.

Había parásitos, bacterias y especies aún preocupadas por no dejar trabajar a los anti-cuerpos, como si la vacuna de la transición no pudiera ser efectiva para el enfermo. Estaban interesadas en volver a someterlo a un estado de vegetación entre adornos y disciplina militar y un rígido estilo de vida. Sin embargo, y por fortuna, la jornada del 23 de febrero del citado año 81, acabaría con la más que inesperada recuperación -algunos lo llamaban milagro- del sujeto. Por la mañana todo había parecido volver al pasado. A ese sufrimiento y angustia de sentirse incapaz e incapacitado. A ese escenario de tormentas y cumbres borrascosas, donde apenas se vislumbraba la luz. Pero el otrora paciente y enfermo, tuvo fe ese día. Estuvo alimentado por la fuerza y moral de muchos que deseaban cantar a la esperanza para algún día definitivamente vivir en ella. En un camino cuyo inicio había costado alcanzar pero que en cualquier caso valdría la pena. Muchos anti-cuerpos obraron en silencio para evitar que retrocediéramos en el tiempo.

Y puede ser que poco a poco, ahora que han pasado treinta años desde entonces, se vaya aclarando lo sucedido. Quien escribe estas palabras ni tan siquiera había nacido y, por tanto, asumo la democracia como algo genético. No encuentro frase similar en castellano a la anglosajona taken for granted. Entiendo pues el sistema de derechos y libertades en el que vivo como un axioma irrefutable aún siendo consciente de sus imperfecciones. Por ello, y por todos aquellos que anónimamente lucharon o dieron un gramo de su alma para poner fin a la dictadura y su eventual intentona después valga este pequeño homenaje en su honor. Porque al fin y al cabo, no es sino la unión de todo el pueblo, esa unión que se fracturó desgraciadamente tras la II República -aunque ya venía de atrás la tradición golpista española a modo de pronunciamiento militar en el siglo XIX- la que hace posible establecer un sendero directo hacia la libertad y la esperanza.

Valga el ejemplo de nuestra joven democracia para ser conscientes de lo que hemos podido ganar generación tras generación desde el fin del franquismo y lo que aún nos queda por recorrer. Nunca es tarde si la dicha es buena. Porque como en el 23 de febrero de hace tres décadas, la suma de muchas voces unidas en pro de un deseo y un sueño común permite derrotar a la más mortífera de las enfermades y al más temible de los miedos.

Por la democracia y los que lucharon por ella en vida y desde la eternidad. Su recuerdo siempre estará presente.

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