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25.2.11

La mecánica del corazón


Imagina la noche más fría de la historia. La nieve cae sobre la ciudad de Edimburgo. En lo alto de una colina nace el pequeño Jack, pero su corazón está dañado. Y por eso necesitará reemplazarlo por un reloj de madera, un corazón artificial del que dependerá su vida. Acompañemos a Jack en su aventura quijotesca desde las frías callejuelas escocesas hasta una radiante ciudad andaluza, en busca del amor. Pero, ¡cuidado!, Jack debe seguir unas reglas para sobrevivir:

Uno: NO TOQUES LAS AGUJAS.
Dos: DOMINA TU CÓLERA.
Tres: NO TE ENAMORES NUNCA.

LA MECÁNICA DEL CORAZÓN DEPENDE DE ELLO.

Deseemos suerte a Jack, y recuerda que, como en este cuento para niños grandes, todos hemos sufrido alguna vez por nuestro voluble corazón.

(La mecánica del corazón, de Mathias Malzieu)

Es la contraportada del libro que tengo a mi derecha, esperándome. Casualidades o no, el mismo fin de semana que los críos se iban a enfrentar al Sant Ignasi, segundo clasificado, me leí El Principito. Yo decía que era un libro para niños para luego no dejar sino de arrepentirme de tales palabras. Un bonito regalo que encerraba una historia para todas las edades, con muchas metáforas que son aplicables a cualquier época. De La mecánica del corazón solo puedo atreverme a sugerir que suena muy bien. Tiene una pinta excelente y mañana creo que empezaré con él. Y quizás, como con El Principito, ya no querré parar hasta el final. Para luego llevarlo siempre conmigo.


21.7.10

Dos fragments escollits


(...)Em vaig mirar els ulls i em va semblar que no estava sola. Gairebé sense adornar-me'n em vaig anar acostant a la meva cara i el mirall es va entelar i l'entelament me la va esborrar de mig en avall. Vaig tancar els ulls a poc a poc i els vaig deixar oberts només una escletxa per veure'm com si estigués morta. I aleshores no sé ben bé què em va passar. M'enamorava de mi. Tenia la sang, i vaig escoltar la vida de la sang, de vegades adormida vermella avall per la seda de la cuixa. Em vaig posar les mans al clatell i vaig tirar tot el pes dels cabells enlaire. La meva pell era tendra i els colzes eren tendres i el que vaig sentir no es pot explicar amb paraules: que jo no era com els altres, que era diferent, perquè sola, voltada de tovalloles i d'olor de sabons, a fora del mirall era el que enamora i a dintre del mirall era l'enamorat.

(...)

A l'últim em vaig quedar sola amb el guixaire, xopa de cap a peus, i quan va fer aquell llampec tan espantós vaig veure que ens miràvem, que ens havíem estat mirant molta estona dintre de la foscor. Va venir el tro i semblava que el món s'enfonsés. Aleshores ell em va acostar la cara i em va dir baixet que m'estimava molt. (...)

[El carrer de les Camèlies; Mercè Rodoreda]

26.2.10

Detalles


La observaba muy distanciado. Se alejaba suavemente y el corazón sentía que se estremecía ligeramente. La veía marcharse. Tan lejos, tan cerca; tan cerca, tan lejos. Su rostro dibujaba la simpatía que había podido ver disimuladamente antes, radiante ella, como quien está de gala para volver a su tierra prometida. Su hogar la esperaba y quizás por ello irradiaba una luminosidad especial todo su cuerpo.

A lo mejor era su imaginación la que le hacía pensar que ella se había despedido con la mirada, girándose en el último momento antes de perderse en el horizonte. Confabulación o no, en su interior sabía que se estaban diciendo adiós hasta la próxima.

Simplemente podía ser obra y gracia del sueño acumulado. Pensaba que nunca habían sido tan aprovechosas esas horas de cama perdidas. Esta semana las sábanas no estaban tan llenas de su fragancia como sí de recuerdos y sueños. Unos días que han parecido tener más de 24 horas, uno tras otro.

Desconocía si ella le había podido ver en el descanso, apostaba que no, tan concentrada como parecía en lo suyo. Él necesitaba una estampa con la que caminar sobre el fin de semana de forma agradable y la había conseguido. De hecho, desde algunos días atrás, dicen que se le veía más alegre y atento que de costumbre, que sonreía más a menudo pese a seguir siendo terriblemente sarcástico y bienintencionadamente malintencionado en ocasiones. Hasta el lunes llegó por primera vez puntual. Y cuentan que ha ido a financiera ambos días esta semana. Puede que solo sean habladurías de la calle pero los que lo conocen afirman que ha vuelto a escribir tras un letargo por el desierto de escasa creatividad y que se apuntaba en la hoja algunas ideas que le surgían para luego no dejarlas caer en el olvido.

Pero no había mejor recuerdo que el suyo: su sonrisa, su dulce voz de caramelo, sus andares en la lejanía... Y saber que todo comenzó por casualidad, por una simple tardanza el primer día en una clase. La magia de evocar esos momentos le encantaban y le mantenían ensimismado. Él pensaba que era un loco con demasiada buena memoria, que no todos repararían demasiado en los detalles. Detalles como los que le llevaban a escribir de nuevo, guiado por frescas sensaciones en un tiempo más caluroso los últimos días.

- No sé que me ha pasado. No te ofendas, pero una a veces se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce. ¿Por qué será?

- Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quiere creer que somos.

- ¿Es eso también de tu amigo Carax?
- No, eso me lo acabo de inventar para impresionarte.

- ¿Y cómo me ves tú a mi?

- Como un misterio.

- Ése es el cumplido más raro que me han hecho nunca.

- No es un cumplido. Es una amenaza.

- ¿Y eso?

- Los misterios hay que resolverlos, averiguar qué esconden.

- A lo mejor te decepcionas al saber lo que hay dentro.

- A lo mejor me soprendo. Y tu también.
(fragmento de La Sombra del Viento)

Tan lejos, tan cerca. Tan cerca, tan lejos.