26.2.10

Detalles


La observaba muy distanciado. Se alejaba suavemente y el corazón sentía que se estremecía ligeramente. La veía marcharse. Tan lejos, tan cerca; tan cerca, tan lejos. Su rostro dibujaba la simpatía que había podido ver disimuladamente antes, radiante ella, como quien está de gala para volver a su tierra prometida. Su hogar la esperaba y quizás por ello irradiaba una luminosidad especial todo su cuerpo.

A lo mejor era su imaginación la que le hacía pensar que ella se había despedido con la mirada, girándose en el último momento antes de perderse en el horizonte. Confabulación o no, en su interior sabía que se estaban diciendo adiós hasta la próxima.

Simplemente podía ser obra y gracia del sueño acumulado. Pensaba que nunca habían sido tan aprovechosas esas horas de cama perdidas. Esta semana las sábanas no estaban tan llenas de su fragancia como sí de recuerdos y sueños. Unos días que han parecido tener más de 24 horas, uno tras otro.

Desconocía si ella le había podido ver en el descanso, apostaba que no, tan concentrada como parecía en lo suyo. Él necesitaba una estampa con la que caminar sobre el fin de semana de forma agradable y la había conseguido. De hecho, desde algunos días atrás, dicen que se le veía más alegre y atento que de costumbre, que sonreía más a menudo pese a seguir siendo terriblemente sarcástico y bienintencionadamente malintencionado en ocasiones. Hasta el lunes llegó por primera vez puntual. Y cuentan que ha ido a financiera ambos días esta semana. Puede que solo sean habladurías de la calle pero los que lo conocen afirman que ha vuelto a escribir tras un letargo por el desierto de escasa creatividad y que se apuntaba en la hoja algunas ideas que le surgían para luego no dejarlas caer en el olvido.

Pero no había mejor recuerdo que el suyo: su sonrisa, su dulce voz de caramelo, sus andares en la lejanía... Y saber que todo comenzó por casualidad, por una simple tardanza el primer día en una clase. La magia de evocar esos momentos le encantaban y le mantenían ensimismado. Él pensaba que era un loco con demasiada buena memoria, que no todos repararían demasiado en los detalles. Detalles como los que le llevaban a escribir de nuevo, guiado por frescas sensaciones en un tiempo más caluroso los últimos días.

- No sé que me ha pasado. No te ofendas, pero una a veces se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce. ¿Por qué será?

- Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quiere creer que somos.

- ¿Es eso también de tu amigo Carax?
- No, eso me lo acabo de inventar para impresionarte.

- ¿Y cómo me ves tú a mi?

- Como un misterio.

- Ése es el cumplido más raro que me han hecho nunca.

- No es un cumplido. Es una amenaza.

- ¿Y eso?

- Los misterios hay que resolverlos, averiguar qué esconden.

- A lo mejor te decepcionas al saber lo que hay dentro.

- A lo mejor me soprendo. Y tu también.
(fragmento de La Sombra del Viento)

Tan lejos, tan cerca. Tan cerca, tan lejos.

1 comentario:

Un Sentinella dijo...

Un post muy interesante, Chopi. ¿De qué hablas?