31.1.09

Pittsburgh o Arizona


La Super Bowl XLIII está cercana a la rueda de calentamiento. Después de mañana nada será lo mismo para el vencedor. Para Pittsburgh o Arizona.

Los Pittsburgh Steelers son la franquicia de la NFL más laureada de todos los tiempos con un total de 5 Super Bowls, igualados con los San Francisco 49ers y los Dallas Cowboys. Ello significa que si mañana se alzan con el Vince Lombardi serán el equipo más glorioso de la historia en solitario. Por su parte, los Arizona Cardinals disputarán su primera final de siempre.

Por la parte personal lo cierto es que son dos equipos que me caen genial. Los Steelers siempre me han encantado por su tradición, afición, intensidad defensiva y el juego pesado terrestre. Los Cardinals reúnen ingredientes simpáticos para todo aficionado como el hecho comentado de disputar su primera Super Bowl. Además como equipo tradicionalmente perdedor, todos somos un poco de los Cardinals.

Atendiendo a razones deportivas, puras y propias del football, la final de mañana tiene todo dispuesto para ser un gran espectáculo en que se contrapondrán dos estilos bien distintos y definidos.

Pittsburgh llega como la mejor defensa de la NFL; un muro que causa muchos sacks y presión sobre los quarterbacks rivales, y donde Harrison es el líder del equipo en esta estadística particular. Pero donde la defensa aún multiplica su sombra y temores sobre los ataques es en la secundaria, liderados por el safety Troy Polamalu, al que muchos ven como posible MVP en caso de victoria de los Steelers. Polamalu es un auténtico líder con una capacidad brutal innata de leer la jugada de ataque rival, y cuenta también con una técnica y habilidad muy depurada. Uno de mis jugadores favoritos, sin duda. Su simple presencia puede desembocar en turnovers, ya sea en forma de intercepción directa o indirecta, o fumbles.

El ataque está liderado por Ben Roethlisberger, Big Ben, un quarterback que pese a su corpulencia es bastante móvil, y sobretodo muy inteligente. Se apoyará en su receptor principal, Hines Ward, que ojalá por el bien del espectáculo esté finalmente disponible para jugar. La segunda opción aérea está en el versátil Santonio Holmes, que incrementará su valor con los retornos de kickoff y punts. Una pieza esencial en la ofensiva es el tight-end Heath Miller, no solo en labores de recepción sino muy importante su trabajo en los bloqueos para abrir vías terrestres. Porque es aquí, en el juego de carrera, donde radica la pureza y grandeza de los Steelers. Es tradición que cuenten con un pesado juego terrestre. Para ello cuentan con Willie Parker como principal emblema. En la medida en que puedan correr y realizar drives largos y sostenidos, de mucho tiempo, darán el margen suficiente para aprovecharse de los play-action y sorprender con pases profundos que cacen a la secundaria de Arizona.

En los equipos especiales, el citado Santonio Holmes es un peligro para los oponentes. Su kicker, Jeff Reed es un seguro de vida.

Arizona por su parte llega con un ataque aéreo explosivo y lleno de romanticismo como la seña de identidad del equipo. Sin embargo, la defensa de los Cards ha mejorado sustancialmente en los últimos partidos y realmente ha demostrado grandes cosas en los Playoffs. Así que no se trata del típico equipo muy bueno en ataque y muy flojo en defensa. Han logrado cierto equilibrio.

En la ofensiva están liderados por el veterano quarterback Kurt Warner, el mismo que lideraba a los famosos Rams con Faulk, Bruce, Holt y compañía. Puede convertirse en el primer quarterback en la historia que gana la Super Bowl con dos equipos distintos. El resto de jugadores de su posición que han repetido título siempre lo han hecho en el mismo equipo. Cuenta con un cuerpo de receptores de lujo donde tres de ellos superaron las 1000 yardas de recepción en temporada regular: Larry Fitzgerald, Anquan Boldin y Steve Breaston. Tienen ese orden de importancia. Fitzgerald se está marcando unos playoffs antológicos, históricos. Está consagrándose como el mejor wide-receiver de la NFL. Un puro espectáculo verlo jugar, por su clase, elegancia, calidad, rapidez. Es genial. Quema a cualquier defensa con su profundidad. Por ello una de las armas más peligrosas y que mejor le ha salido a los Cardinals este año ha sido la amenaza del pase profundo. Pero para que el juego aéreo pueda funcionar necesitan que el juego terrestre sea el de los playoffs y no el de temporada regular, donde eran el peor equipo en yardas de carrera por encuentro. La experiencia de Edgerrin James y la juventud y ganas de Tim Hightower está dando sus frutos en los tres últimos encuentros.

La defensa, por su parte está ganando también enteros en Arizona. Pueden tener problemas con el juego de carrera pero su secundaria es realmente peligrosa. Antrell Rolle y Adrian Wilson son los puntales de ella junto al rookie Rodgers-Cromartie. Adrian Wilson es un veterano con 8 años de experiencia, todos ellos en los Cards. Ha renunciado estos años a irse a un equipo más competitivo e incluso ganar más dinero y ahora ha encontrado una recompensa única.

En los equipos especiales cuentan con un kicker también de lo más fiable como Neil Rackers.

Es un tópico aquello de que los ataques ganan partidos y las defensas campeonatos. Todo en el fondo se reduce a un cierto equilibrio. Pero está claro que ha habido ejemplos como los Ravens de Ray Lewis y los Buccanneers entrenados por Gruden que han ganado una Super Bowl con mucha defensa y poco más. Los Steelers pese a liderar las estadísticas defensivas son un conjunto más completo que los anteriores pese a ser difícil el comparar situaciones y equipos. Sobre el papel se enfrentan la mejor defensa de la liga contra el mejor ataque aéreo, dos simples ingredientes para esperar muchísimo.

Pittsburgh se presenta entonces con la última de las versiones de su mítica Steel Curtain (Cortina de Acero), con la que históricamente ha derrotado a grandes ataques y ha levantado de sus asientos a sus aficionados con las terrible towels (toallas amarillas con las que animan sus seguidores). Arizona asume el papel de cenicienta por no partir como candidato a la Super Bowl ni a los inicios de campaña ni a principios de playoffs. Pero esta es la grandeza del deporte, la grandeza del football.

Mañana en Tampa, estado de Florida, uno de los eventos más esperados por todos aguarda impaciente. Ganar te encumbra a los altares de la historia para siempre. Poca gente se acordará de los perdedores realmente. Creo que las opciones de victoria de Pittsburgh están en un 60%. Arizona, un 40%. Pero los Cardinals son mejores de lo que parece. Gane quien gane estaré contento. Pero soy consciente de que para tipos como Warner la de mañana será una ocasión irrepetible, seguramente la última para alzarse con la gloria de nuevo. Y seguro que Big Ben y Polamalu tendrán nuevas oportunidades para añadir una segunda Super Bowl o más a su historial personal.

Menos de 24 horas para el gran espectáculo. Amenizarán el mítico Springsteen y los suyos durante el descanso. Pongan el partido recién entrado el lunes en España y disfruten.

Steelers o Cardinals. Pittsburgh o Arizona. La historia y le eternidad esperan al vencedor.

29.1.09

De la Super Bowl (I)


La primera vez que oí hablar de algo llamado Super Bowl fue a raíz de un anuncio televisivo en Canal+. Hacía no mucho que disfrutábamos en el hogar del canal de pago y recuerdo perfectamente el anuncio: un joven durmiendo en su cama con el pijama todo puesto, pero con la pelota de fútbol americano de la NFL entre sus manos. Era la final entre Denver Broncos y Atlanta Falcons. De eso este sábado se cumplirán 10 años.

Pasarían dos años hasta que grabé la primera final de la liga de fútbol americano más importante del planeta. Es un recuerdo trágico y a la vez emotivo puesto que la madrugada que se enfrentaron los Baltimore Ravens y los New York Giants, mi abuelo materno falleció. Los Ravens ganaron a base de una defensa épica y bestial y gracias también a la efectividad en los equipos especiales. Una temporada antes Saint Louis Rams había derrotado a Tennessee Titans.

Desde entonces mi afición por la National Football League (NFL) no ha ido sino creciendo. El colofón esperado por todos es la dicha Super Bowl, en que se enfrentan los ganadores de ambas conferencias, la AFC y la NFC (Conferencia Americana y Nacional respectivamente).

Comenzó en 2002 la leyenda de Tom Brady, capitaneando la última de las dinastías, los New England Patriots, desde la posición de quarterback. Ese año vencieron a los Rams de Saint Louis en un partido del que recuerdo perfectamente el field-goal ganador de Adam Vinatieri. Los Rams partían como favoritos claros ante un quarterback inexperto como Brady; además los de Louisiana contaban ya con el cuerpo ofensivo que les había liderado a la victoria en la Super Bowl dos temporadas antes. Ese ataque de los Rams es considerado uno de los mejores de toda la historia, con Kurt Warner de quarterback y receptores como Isaac Bruce o Torry Holt y Proehl (tight-end). Marshall Faulk, el gran Marshall Faulk, era además su principal corredor (running-back). Pero Brady, dirigido desde la banda por el maestro Belichick, giraron el rumbo de la historia.

La Super Bowl del 2003 es mi recuerdo deportivo sobre la NFL más desgraciado ya que los Oakland Raiders llegaron a ella y sucumbieron apalizados ante Tampa Bay Buccanneers. Siempre me he sentido de los Raiders de forma especial, por encima del resto. Grabé la final como siempre y al día siguiente extrañamente amanecí malo, así que mi madre decidió que no fuera al colegio y que guardara reposo. La teoría más aceptada al respecto es que mi cuerpo generó una enfermedad dada la ansiedad personal por ver el partido y por el hecho de poder disfrutar y celebrar una victoria de los Raiders. Pero la paliza fue brutal... Ahora mi equipo navega desde entonces sin haber conseguido una temporada con récord positivo en el balance de victorias-derrotas.

Las dos temporadas siguientes fueron la confirmación de la hegemonía y dinastía que antes he mencionado de los Patriots. Primero ante Carolina Panthers, en la que es una de las finales más emocionantes que he visto estos años, donde los últimos partían de una posición de cenicienta ante los todopoderosos Patriots, y casi al final dieron la sorpresa. Vinatieri de nuevo decidió en los últimos segundos. Al año siguiente los Philadelphia Eagles desafiaron la supremacía de la AFC y New England en la gran final. Podría haber sido la primera vez en la historia en que un quarterback negro, Donovan McNabb de los Eagles, ganaba el campeonato. Pero los Patriots eran mucho Patriots... Era la Super Bowl XXXIX.

Llegamos entonces a un número redondo. Cuatro décadas de grandes partidos y mucha emoción desde que toda la magia que envuelve la finalísima arrancase un 15 de enero de 1967, con un tal Vince Lombardi y la dinastía de los Green Bay Packers como primer gran emblema del fútbol americano. No es casualidad que el trofeo de ganador de la Super Bowl se denomine Vince Lombardi.

Tras New England, la AFC continuó imponiendo su ley los dos años siguientes. Primero los Pittsbutgh Steelers con el carismático Bettis en la posición de running-back y dirigidos por el mítico Bill Cowher en la banda además de un joven quarterback como Ben Roethlisberger y la enésima repetición de la famosa Steel Curtain (debido a la gran defensa), vencieron en un partido no muy brillante ante Seattle Seahawks. Lo peor de todo fue que al llegar al colegio (segundo de Bachillerato cursaba), un compañero me dijo que habían ganado los Acereros. No solo me parecía algo ofensivo oír la traducción literal sino que me aguaba la gracia de ver la final grabada sin saber qué equipo se había llevado el triunfo.

Pero eso mismo ya no se repitió al año siguiente. Primer año de carrera y la locura ya había ganado enteros en mi personalidad. Algunos dirían que es de frikis... Total que me quedé a ver la Super Bowl en directo por primera vez en mi vida. Nunca lo olvidaré. Ganaron los Indianapolis Colts a los Chicago Bears con el gran Peyton Manning de quarterback y de esta forma además Tony Dungy se convirtió en el primer entrenador principal (head coach) negro en ganar la final. Me acompañó esa noche viendo el partido una Coca-Cola además de la pelota de la NFL, réplica oficial de merchandising, que aún conservamos encima del televisor.

La segunda final que vi en directo fue el año pasado. La última Super Bowl hasta el momento. Fue un partido increíble de esos que pasarán a la historia por varios motivos. Los Patriots llegaban nuevamente al partido más importante y más favoritos que nunca. Habían ganado todos los partidos que habían disputado ese año, absolutamente todos. Pero perdieron ante los New York Giants en el decisivo encuentro. Una jugada del hermanísimo de Peyton, Eli Manning, desde la misma posición, encontrando al receptor abierto Tyree, pasará a los anales de la historia. Ese fue el detalle mágico y épico. La realidad más allá de ese broche histórico y fantástico fue que la defensa de los Giants vapuleó al mejor ataque de la liga liderado por Brady y compañía. Fue un gran broche de oro para el defensive end de los de New York, Michael Strahan, que se retiró tras la victoria y que era el auténtico jefe de la defensa, magistralmente dirigida por el coordinador defensivo Spagnuolo. En dos años consecutivos se producía el hecho hasta entonces inusual de que dos hermanos liderasen desde la posición de quarterback a sus equipos a ganar la Super Bowl.

Y este domingo viene una más. Y ya irán XLIII. Para mí sería la tercera que intentaré ver en directo y en global la novena que voy a poder disfrutar. Sino eres aficionado a la NFL y al fútbol americano cuesta entender qué es lo que nos lleva a disfrutar con un deporte tan peculiar. La emoción y la pasión que se erige en un partido donde el peso de la historia separa a vencedores y vencidos es muy elevada. Ganar es sinónimo de eternidad. Levantar el Vince Lombardi no será una acción en vano jamás. Pero más allá de la gran final, los equipos han recorrido un largo camino desde septiembre; yo también he ido siguiendo la liga como he podido con partidos en directo (gracias a Digital+ y su excelente cobertura de la NFL) y mucha nfl.com casi a diario.

El domingo se enfrentarán en Tampa (Florida), los Pittsburgh Steelers representando a la AFC y los Arizona Cardinals por la NFC. Espero tener tiempo para redactar una previa y algunos detalles antes de la Super Bowl.

Y si alguno se anima, ya sabe. Una cita histórica aguarda al otro lado del Atlántico, amenizada además con buena música en el descanso (Springsteen), la censura para evitar sucesos como el pecho de Janet Jackson (ya han censurado un anuncio de comida vegetariana por su contenido presuntamente sexual), y emoción, mucha emoción.

25.1.09

Adelante


Hoy es el primer día del resto de mi vida. O de una de mis vidas felinas, quién sabe de qué número estamos hablando. He terminado el primero de los cuatro libros que tengo pensado devorar en un horizonte no superior a un año y medio. Se trata de Momentos estelares de la historia de España, de José Calvo Poyato, una versión a la española de la novela de Stefan Zweig, Momentos estelares de la historia de la Humanidad, libro que agradezco al que fuera mi profesor de Historia en 3º y 4º de ESO, Santi Oliveras, que nos lo hiciera leer por entonces. El caso del español es un ejemplo interesante de las continuas encrucijadas históricas a las que se han enfrentado los españoles, sus gobernantes y ciudadanos desde 1492 hasta la democracia. Los otros tres que guardo en la recámara son Después de Bush: El fin de los neocons y la hora de los demócratas, del último Nobel de Economía, Paul Krugman y los dos libros escritos por Barack Obama, La audacia de la esperanza y Los sueños de mi padre: una historia de raza y herencia.

La vida es muy curiosa y juega al destino como los infantes con el parchís (ahora sería quizás más preciso hablar de videojuegos que de juegos reunidos).

En los tiempos previos a la adolescencia, cuando veranear en el camping era la tónica un año sí y al otro también, uno llegaba con las ganas de disfrutar al máximo, aparcando temporalmente el fútbol. Un fútbol que requería por mi parte entrenos dos o tres días a la semana y luego el correspondiente partido el sábado o domingo; por su parte, mis padres, sacrificaron horas y horas con tal de que yo pudiera llevar a cabo aquello que tanto me gustaba, poder jugar. Por eso solo teníamos tiempo material de ir al camping en vacaciones.

Allí, aún siendo pequeño empezabas a sentir la llamada de la Naturaleza, y más rodeado de foráneas que alegraban la vista a jovenzuelos y adultos. Yo fui uno de esos chicos que como tantos otros creían que habían perdido la cabeza por una chica alemana, rubia y lozana, de textura sedosa y perfecta y grácil sonrisa. Tenía como 11 años o 12, no recuerdo a la perfección, pero fueron dos semanas intensas de julio en que siempre que podía aprovechaba la ocasión para echarle un vistazo. Apenas me crucé dos o tres palabras con ella, y fueron a través de una amiga suya. Mi inglés por entonces dejaba mucho que desear y mi timidez era una losa algo pesada con las chicas.

Era guapísima ante mis imparciales ojos y soñaba que algún día la iría a buscar a su tierra natal, a esa fruta helada del norte europeo que reúne el territorio germano. Llegó el día en que tuvo que partir de vuelta a su país. El día anterior recuerdo la tristeza y el desánimo que me invadía por completo al saber que estaban recogiendo los bártulos: era una señal inequívoca e inevitable de que se iban ya pronto. Se fueron de madrugada y recuerdo desde la litera, despierto, en el momento que se marcharon. Se oía el motor del monovolumen conducido por su padre rumbo a mucha distancia, lejos de la Costa Brava. Una sensación hasta entonces no experimentada de pena y vacío me recorrió el cuerpo.

En el colegio ocurría algo similar. Ya iniciada la pubertad, la llamada de la Naturaleza proseguía con su incandescente llama y lo prohibido y desconocido amanecía a diario y hervía la sangre a altas temperaturas. Te fijabas en una chica, luego en otra. A mi me solían gustar pequeñitas, bajitas y delgaditas. Yo no era nada alto tampoco entonces, así que supongo que vería idealizada a las chicas así. Eran como amores platónicos en que la imaginación corría a su libre albedrío y los sueños estaban a la orden del día en una conjura de ingenuidad, inocencia y desconocimiento. Llegaba el fin del curso y el consiguiente inicio del verano, y si me gustaba una por ese tiempo sucedía lo mismo que con la alemana del camping. Esa vaga sensación de tristeza y desconcierto que recorría el cuerpo de cabeza a pies. Sabías, y no podías hacer nada frente a eso, que el tiempo haría su efecto, y que dejándola de ver ya luego no te haría gracia. Y así era.

Para la siguiente temporada y curso, todo volvía a empezar.

Es entonces cuando ya avanzado en la adolescencia dejas parte del pasado, y empiezas a vivir nuevas aventuras en terreno desconocido, distino y lejano. Nuevas experiencias donde el destino se encapricha a jugar con las mismas cartas dejándote acorralado ante una sola baza. Campas por las tierras anchas de Castilla la Vieja, donde tu padre y tu abuela habían nacido y crecido. Entre bodegas presuntuosas, cultivos de zanahoria y remolacha, olor a porcino y caminos pedregosos, aparece la silueta de una morena ibérica de interior de la que te quedas prendado. Es la época de adoración a las morenas, en teoría mi prototipo actual de chica. En teoría... Pero termina la época estival, de las fiestas y vuelves a tener esa sensación ya nada extraña que se va repitiendo en tu ser, ya tu alma, como un sino inevitable al que piensas que debes hacer frente toda la vida. Pero tras algunos días, ya de vuelta al fragor urbano, todo se pasa y se evaporan las sensaciones en forma de perenne recuerdo y eternidad. Su rostro, sus curvas, su sonrisa, su tez morena, su precioso encanto...

Sigues creciendo, también dicen que madurando, sigues defendiendo los mismos colores y portando el mismo brazalete, surgen nuevas aventuras y desafíos y sigues cayendo en las arenas movedizas del enamoramiento. Sigues con eso de sacar un clavo con otro clavo. Conoces a chicas y estás convencido de que alguna de ellas podría ser la mujer de tu vida, la perfecta. Es parte del encanto efímero, circunstancial y temporal, que también tiene fecha de caducidad. La fortuna o la menor comprensión del azar. Entre unas cosas y otras, curtido algunos meses en la universidad, sientes algo, bastante aversión al compromiso, ni te lo planteas. Cuestión de prioridades. Solo sigues sintiendo esa marcha en tu interior de observar a tu alrededor y disfrutar del paisaje. Son muchas las bellezas pero solo algunas son de verdad. La filosofía del clavo sigue y sigue como el conejito de Duracell.

La pasada madrugada sentí algo parecido a lo del camping, el pueblo y el colegio. Pero su esencia era distinta. Sentimientos de contrariedad y el gusanillo de lo opuesto erizándose en mi interior. Alegría y tristeza, satisfacción y pena.

Solo el destino y el futuro que escribimos a nuestros pasos sabe lo que nos depararán los siguientes amaneceres. En la vida tomas decisiones y lo que ganas por un lado lo haces a costa de renunciar a otras. La vida es así y forma parte de la esencia y la vitalidad dual de lo dionisíaco y lo apolíneo, así como de la concepción trágica y alegre de la vida. Solo cabe mirar adelante porque los dioses me cuentan que más allá de las montañas, al cruzar el caudaloso río, aguarda la felicidad. Espera paciente y eterno un camino, no una meta. La vida que sigue y avanza.

21.1.09

Una nueva era...


Casi 21 días han pasado del nuevo año hasta que me aventuro a escribir. Lo cierto es que existen gran cantidad de frentes abiertos y de sucesos que han mediatizado la atención y a las masas estas últimas semanas.

Por un lado, ayer Barack Hussein Obama se convirtió solemnemente en el 44º Presidente en la historia de los Estados Unidos. Su discurso inaugural, menos retórico que los de campaña, estuvo cargado de sobriedad y confianza, tanto en el cambio necesario de imagen y contenido en Washington, como confianza en la esperanza por encima del miedo que es capaz de generar el terror y el terrorismo. Imagino que mucha de la progresía, mucho pseudo-progre y gran parte de los que se consideran de izquierdas estén algo decepcionados por algunas cosas. Y lo que les quedará por ver. Obama ha organizado un gobierno para recuperar al país de la grave crisis económica, su principal prioridad, para paralelamente en el escenario internacional tender la mano a todas las naciones y pueblos de la tierra, y volver así al ansiado multilateralismo.
Para desgracia de muchos, Estados Unidos seguirá siendo la primera potencia mundial bajo el nuevo presidente, y tanto él como la nación actuarán de acuerdo a tan alta responsabilidad. Obama no es un Mesías pero es un personaje político necesario en la Historia de la Humanidad. La Historia, no solo de Estados Unidos, sino Universal, requería de un Obama. Y Obama necesita a la historia y los valores sobre los que se fundó su nación para liderar el rumbo con firmeza y seguridad, responsabilidad.
Reseñable la gran cantidad de público que acudió a la toma presidencial, superando todo lo anterior, y personalmente me satisface la solemnidad con la que se llevó a cabo el acto y también envidio ese sentimiento unitario y ese sueño colectivo común que comparten los estadounidenses, con independencia de su raza y partido político. Puede ser que en ocasiones abusen de patriotismo, pero en mi opinión su fe y amor por la patria es digno de admirar y me gustaría que algún día se respirara ese ambiente por España.


Otro asunto que ha iniciado todos los noticiarios las pasadas semanas hasta casi ayer y hoy, ha sido el nuevo episodio de enfrentamientos entre palestinos e israelíes. La paz es un horizonte que a día de hoy parece difícil de lograr, así que no sería extraño que a la última de las treguas apuntada tras los ataques en Gaza (Operación Plomo Fundido), se fueran sucediendo nuevos ataques, que a su vez llevarán a una nueva tregua. El objetivo deseado por toda persona sensata y demócrata sería la paz entre ambos pueblos, el palestino e israelí.
Ambos pueblos tienen el derecho a tener una nación y un estado y convivir democráticamente. Tienen el derecho a no ser pisoteados, ni el pueblo palestino por el abrumador ejército israelí ni Israel por los terroristas de Hamás. No se debe olvidar el carácter terrorista, integrista y radical del grupo islámico Hamás, el cual mantiene unas acciones continuas de sometimiento y adoctrinamiento sobre un pueblo palestino que, ignorante en su mayoría además de pobre y maltratado, se aferra a cualquier clavo ardiente. Peligroso, demasiado, es que Hamás pueda ir alentando el odio hacia Israel y los judíos. Por otro lado me parece lamentable cualquier comparación entre los ataques de Israel a Gaza y el holocausto. Lamentable y vergonzoso; como la actitud del Conseller d'Interior, Joan Saura, uno de los ejes del Govern d'Entesa que ajeno a su cargo y responsabilidad acudió a una manifestación donde en lugar de apoyar al pueblo palestino y sobretodo apozar a la paz y las libertades, se oyeron poco más que gritos y descalificaciones anti-Israel y antisemitas. No se trata de ser imparcial o alinearse con unos u otros. El conflicto entre Israel y Palestina no consiste en una tarea tan maniquea.
Por último debo decir que condeno los ataques del ejército israelí y la muerte de tantos civiles, ese pueblo inocente que siempre sufre los quehaceres de las altas esferas y de la guerra. Pero también condeno las acciones y la actitud provocativa de Hamás. Con las cosas así parece complicada la solución y la viabilidad hacia dos estados distintos, uno palestino y otro israelí, que convivan bajo la tutela de la democracia y las libertades en Tierra Santa. Por eso la paz debe ser el horizonte. La tierra origen de todas las religiones monoteístas debería ser un escenario idílico y no de terror, violencia y miedo.

Dejando de lado la internacionalidad de dos eventos que han marcado la pauta en los últimos tiempos debo retomar algo que en su día anuncié. He aprobado las cuatro asignaturas que hice en el primer trimestre. Notas mediocres con esfuerzo, todo sea dicho. Econometría I:5,0; Contabilidad Financiera I:6,0; Economía Europea:7,5; Economía Financiera I:5,2. Objetivo cumplido aunque cualquiera podría desear que fueran mejores. De todas formas para banalizarme en lo numérico y llenarme algo de satisfacción ante tal perfil de estudiante universitario mediocre, he sabido hace poco que la nota de mi expediente por el momento es de 7,11. Sería una buena meta el hecho de no bajar del notable al final de mi carrera académica en la Pompeu. Veremos.

La excusa que justificaría mi ausencia en el nuevo año por este magnífico rincón de sueños e ilusiones, realidad, sería que el famoso catarro de estas épocas me ha lastrado poco más de dos semanas, o casi tres. Alguna que otra noche en vela por la maldita tos me ha hecho presentar un aspecto desangelado y poco poético algunos días.

El domingo será el primer día del resto de mi vida. Trascendental. Tardaré menos en volver.