
El creciente jaleo, ruido e incesante vida por las calles en las agridulces noches nos dibujan el marco del fin del agosto, el mes del verano por excelencia. La catarsis colectiva en España permite ver a este mes como el mejor entre todos los existentes, sinónimo de vacaciones, que no de relajación o evasión. Es el único período en que quizás es menos acertado aquello de que 'todo fluye, nada permanece'.
Aquí en la lejanía del barrio, la gente progresivamente también vuelve de sus rincones hacia una rutina implacable. Somos animales monótonos y solo unos pocos tratan de reinvertarse su vida y a sí mismos. Pero en la soledad del individuo, acompañada y acompasada por las conversaciones animadas, alegres y a veces también agresivas de la nocturnidad, uno sabe que es mejor atacar cada día como una nueva aventura en que no vale la indiferencia ni el resentimiento. Nuevos desafíos, nuevas actividades o las mismas pero con más ilusión...
La sensación de vida persiste, es una realidad; los bancos de la calle que otrora eran testigos de lujo del vacío y la nostalgia, ahora anhelan un poco más de respiro, insatisfechos y rememorando que nunca llueve a gusto de todos. Siguen acompañando los tigre (mosquitos), pero dicen que no trabajan por las noches, a diferencia de sus primos lejanos o lo que sea, los fínifes. Los fínifes supongo que serán lo que todo el mundo conoce como mosquitos normales o típicos, los de toda la vida, pero con ese toque cultural castellano que me han transmitido mi padre y mi abuela. A poco que bajen las temperaturas su actividad irá cesando. Hasta la temporada que viene en que un nuevo ciclo de picadas retomará las riendas y acechará nuestros endebles e indefensos cuerpos.
No es que los mosquitos al finalizar el verano vayan al paro como sí muchas personas que inaugurarán el fin de los meses de vacaciones con el cobro del subsidio por desempleo. Ellos creo (los mosquitos), sin duda, que gozan de mayor movilidad laboral y son más capaces de sobrevivir a las adversidades naturales. Cosas de Darwin...
Bullicio, jaleo progresivo, más vitalidad; también es sinónimo de estrés y sobretodo de poca tranquilidad y descanso en algunas fases. Quizás no haga falta recurrir al aire acondicionado, afortunadamente, en las jornadas venideras. Y suceda lo que suceda, para cada momento, para cada respiración podremos disfrutar de una nueva canción, ya que la música de la vida y para la vida nunca dejará de sonar y rebotará entre cuatro paredes y a campo abierto.
Finaliza el agosto y vuelven los políticos. A más gente seguramente le interesará y le importará más la vuelta de la Liga. Tanto en un deporte como en otro presiden los binomios y las dicotomías, las rivalidades, en las que parece que todo vale con el fin de destronar al contrincante y alzarse con el título, con el poder. Con la supremacía...
Dos objetivos por encima de todos quieren ser protagonistas en el 2010 en este país. Ambos pueden afectar al mismo tipo de gente. Existe la ambición y el deseo de que el RM gane la décima en su estadio. El otro es que mejore la situación económica y por tanto, que baje el paro.
Somos un país que tendemos a refugiarnos en lo que sea con tal de olvidar las desgracias personales y colectivas, y sin duda que si el RM funciona, ya todo parece que irá mejor. Solo faltaría esperar elecciones anticipadas y/o la vuelta de un tal Aznar para alejar a España del borde del despeñadero.
Mientrastanto, y a pesar de los pesares, el destino irá configurando los senderos de todos y la inercia de lo próximo aguarda tras la esquina. Y lo primero que toca es volver. Olvidar que un año más las vacaciones se han terminado.
Y que ya estamos en Navidades, como nos gusta exagerar aquí en casa con mi madre.






