
Vacío, culpable, melancólico, pensativo; su rostro refleja preocupación, angustia, enajenación, sentimiento de culpa. Apartado del epicentro mediático, de los gritos, de la principal conversación, del tumulto de gentes y corrientes de pensamiento, ideas que fluyen a la velocidad de la luz sigilosamente por un ambiente tétrico y una realidad no menos cruda.
Tras unos días de descanso, alejado de la ciudad, rodeado entre montañas y valles, con la frontera francesa a vista de pájaro. Junto a su eterna mujer y unos amigos de casi toda la vida. Un punto de paso y encuentro entre dos países, los Pirineos ofrecen paz y tranquilidad a los que allí acuden, sobretodo si es en temporada baja, lejos del bullicio de la nieve y los esquíes propios de la estación invernal. Mucho verde, menos calor y mucho silencio. Silencio para encontrarse con uno mismo, olvidar los problemas no por sugestión sino encarando las soluciones, alternativas viables de ser en el futuro más venidero para afrontar la vida tal y como es, tal y como se ha presentado. No son días para olvidar sino para el reencuentro, para la búsqueda interior en armonía con un exterior, un paisaje adecuado, excelso y bello, que acompasa los latidos humanos con el crujir de la naturaleza, los cantos de los pájaros, las melodías de los grillos, el respirar puramente humano, ajeno a la contaminación urbana y mediática que son el pan de cada día en la capital.
No es tanto una huida como un puente; una unión entre el paso y el futuro para no caer en el vacío, no morir alienado tras la adversidad.
De regreso a la ciudad, algo ha cambiado en sí mismo. También el agosto ofrece menos tráfico de personas por las calles y carreteras. Es el principal mes, el único, en el que la frenética actividad del consumismo y la sobre-producción parecen detenerse como a modo de tregua en la gran urbe.
Allí, combina las tareas del hogar y de la casa con sus escapadas; unos largos paseos que le permiten relajar los nervios, tranquilizar los músculos y no darle vueltas a la cabeza sobre su situación. Lleva en la sangre no ser una persona excesivamente expresiva, apenas nunca muestra cómo se siente realmente. No es frialdad, es un caparazón para ocultar ante los suyos que está sufriendo o que lo está pasando mal. Siempre pensando en los demás, como su mujer. Las caminatas al mismo tiempo le reducen la tensión y las posibles consecuencias cardiovasculares de su cuerpo, ahí en la tensión su Aquiles particular, acrecentado presumiblemente por su situación individual.
Recorriendo senderos, haciendo camino al andar, va dibujando la esperanza para su porvenir, pretendiendo ser activo desde ya, sin perecer en la enajenación y alienación de la desesperación ni el vacío de la pereza y la inactividad. Un arma de doble filo, también surge, pues tener más tiempo libre de forma no deseada incrementa el tiempo disponible para pensar demasiado en sentido negativo, lo que de forma coloquial conoceríamos como comerse la cabeza. Darle demasiadas vueltas a las cosas, a su situación.
Allí, sentado, mirando hacia otro lado, extraño al núcleo de la conversación en una sala del hospital, como quien no quiere estar ahí, para no dañar a los suyos ni irradiar influencias pesadas ni negativas a su alrededor. Concentrado en su figura y su sombra, pensando, cavilando. Que la vida le ha dado una estocada importante en el último sector de su trayectoria laboral.
La mujer le dice a su hijo que su padre lo está pasando realmente mal. Que está sufriendo. Y que es duro cuando ni tu cercana familia apenas se preocupa por ti ni te llama ni que sea de vez en cuando para saber "cómo estás", "qué tal te encuentras", "cómo lo lleváis".
El hijo lo observa de forma disimulada y capta cambios en su modo de vida, en su actitud también. Se irrita con mayor facilidad y sus nervios se derriten con vana facilidad. Pero también le preocupan menos otras cuestiones que antes podría valorar en mayor medida.
Allí, parado, solitario, rodeado de su mujer y su hijo, en su unicidad y en su existencia, busca ocupar su tiempo libre a la espera del nuevo curso, donde le esperan nuevas aventuras, formación de mañana y tarde. Desea con todas sus fuerzas tener suerte en su propio combate contra la adversidad y la inactividad y confía en que después de todo lo acaecido, no hay lugar ni motivos sino para la esperanza.
Lleva 12 días efectivamente parado, aunque la realidad ya era clara hace tiempo. Su vida ha cambiado a sus 52 años y no es fácil. Pero la vida sera benévola con aquellos que siempre optan por un modo de existencia basado en el ser y no en el tener, y aquellos que como él o su mujer, siempre han dado todo por los demás y que no han necesitado la mayor de las riquezas para engendrar amor y fe a su alrededor.
Suena un cantautor que le gusta tanto a él como a su hijo, Ismael Serrano. "Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam..." [Actualizad esos sabios versos cambiando el nombre de los países de tal forma que se cante "Ahora mueren en Irak (o Afganistán) los que morían en Bosnia"...]
De radiografías personales de seres humanos desempleados, desgraciadamente hay muchas, aquí y allá. Desgraciadamente son daños colaterales frutos de un modo de producción retroalimentado y basado en un consumismo excesivo. La burbuja neo-capitalista petó y lo hizo con mayor impacto en los países menos preparados y estructuralmente más corrompidos por el dinero fácil y el ladrillazo. Si de algo sirve la situación actual que sea para que todos juntos no permitan que en el futuro gente inocente y parte del pueblo más llano e íntegro se quede desempleada así como así.
No es un canto a la revolución ni a la rebelación de las masas. Es un análisis crítico de la realidad de nuestra sociedad, en la que nada cambiará si todo se deja en manos de la economía para su saneación. El mito del libre mercado es eso, un mito, y no debemos ser esclavos de una libertad y un libertinaje fariseo, hipócrita y arcaico que no genera sino mayores desigualdades y desequilibrios, menos oportunidades de alcanzar el Paraíso, de ser felices.
Porque al fin y al cabo, todo ser humano busca ser feliz consigo mismo y para con los suyos, y lamentablemente el mundo actual no lo permite.
Pero seguiremos... y cambiaremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario