
Respetamos las tradiciones. Somos nostálgicos. Nos ayuda a periodificar la Historia y a tener un punto de apoyo rutinario y periódico. Una progresión matemática que se repite cada verano en estas fechas.
AC. Son las iniciales del nombre y primer apellido del ganador del último Tour de Francia. ACV.
Alberto Contador y Velasco, ganador de su segundo Tour a una edad aún temprana, añadiendo tal triunfo final a un palmarés en el que ya presume poseer las tres grandes. Dos Tours (2007,2009); un Giro (2008); una Vuelta (2008). Quizás el año pasado hubiera ganado el Tour pero ya conocemos casi todos lo acaecido respecto al equipo Astaná el año pasado. Por ese motivo y sin apenas preparación enfocó el Giro y lo ganó. Luego ya se concienció para ganar la ronda española en septiembre, donde ofreció a todos los espectadores, aficionados y expertos una auténtica exhibición.
Su palmarés atesora ya de por sí riqueza, pero sus 26 años unidos a la fortaleza física y mental que predispone, nos permiten calificarlo como el gran dominador actual en las grandes carreras. Es el presente y al mismo tiempo el futuro más cercano y presumible e inevitablemente brillante.
Este segundo Tour sabe mejor porque ha tenido que luchar contra todo y contra todos en una ronda francesa en la que tenía incluso al enemigo en sus propias filas. Su compañero y leyenda Lance Armstrong, que volvió para ganar su octavo Tour de Francia. Ayudado de su agudeza mental y sus juegos psicológicos que en otros años le ayudaron a debilitar a sus rivales, esta vez no pudieron con un contundente Contador que dónde mejor se desenvuelve y sabe hablar es en la carretera, ya sea en la montaña como en la contrarreloj.
Los primeros días estuvieron llenos de incerteza y es que la sombra del tejano es porque será así siempre, muy alargada, y en definitiva tampoco ayudaba a colaborar la actitud y maniobras del director de equipo, Bruyneel, acerca de quien era el líder de la escuadra. Pero llegó Verbier, y nadie le pudo seguir al de Pinto. La carrera la seleccionó a su gusto y tan solo parecía que el aún más joven y ya realidad Andy Schleck, el pequeño de los hermanos, le podía poner en peligro. El resto de jornadas alpinas se limitó a seguir a rueda los ataques del luxemburgués. Armstrong ya se había descartado como rival, sumido en una lucha por el podio con el mayor de los Schleck (Frank), la revelación Wiggins y los combativos jóvenes del Liquigas, Nibali y Kreuziger.
Entonces llegó la contrarreloj y el corredor español mostró que también es el mejor contra el crono. Batió, por poco, al gran especialista Cancellara, y además de una nueva victoria de etapa sacó más ventaja por consiguiente a sus seguidores. Estaba casi sentenciado. Pero aún faltaba el temible Mont Ventoux. Allí, en el monte pelado, con aspecto lunar en las cotas más superiores, los hermanos Schleck habían ingeniado un plan sobretodo para evitar que Armstrong acompañara a Contador en el podio de París y así soñar con juntar dos hermanos en él. Pero Contador fue el mejor gregario de Lance en una jornada trepidante que puso la rúbrica a la victoria de AC. Y así estarían con la imagen del Arco de Triunfo de fondo Alberto Contador como vencedor, Andy Schleck como segundo, y Lance Armstrong como tercer clasificado. Más allá de la polémica y su carácter, su prepotencia y su telaraña psicológica para debilitar a sus rivales, lo del norteamericano es para quitarse el sombrero tras tres años sin estar en la alta competición. Es un gran campeón y deportista, más allá de su fuerte y sobretodo discutible personalidad y ambición. Al César lo que es del César.
Pero el auténtico Emperador del Tour y del ciclismo en la actualidad tiene nombre español. No solo es, reitero, su palmarés, es la forma en cómo gana, tanto a nivel cuantitativo (distancia respecto a los rivales), como cualitativamente, con esa elegancia suya pedaleando en las altas cumbres montañosas, con ese depredador cambio de ritmo que nadie puede seguir. Esa ligereza y alegría subiendo me recuerdan personalmente al mítico Pantani, uno de los mejores escaladores de todos los tiempos. Pero Contador no es un escalador únicamente, es también un especialista contra el crono, algo que soprende dada su poca fortaleza física, un cuerpo no tan robusto (una antítesis con Induráin, por ejemplo). AC tiene más cuerpo de escalador que de contrarrelojista, pero ha trabajado para ser dominador en ambos terrenos, algo esencial para salir victorioso de las rondas de tres semanas.
Alberto Contador es el actual dominador del ciclismo y es posible que se convierta en el heredero de Induráin en cuanto a imagen del ciclismo español, que nuevamente ha terminado con nota muy alta el Tour más allá de que un español haya ganado por cuarto año seguido. Increíble. Fantástico. El maillot amarillo y ser ciclista español son una simbiosis estos últimos años. Y que siga.
En el deporte, de forma inevitable surgen mitos y leyendas gracias al talento que atesoran y a la actividad que desarrollan de forma bella, poética y efectiva. Quizás estemos ante un caso así con Alberto Contador. Tenemos AC para años. Ojalá. El ciclismo, tan necesitado de héroes de verdad como cualquier otro deporte, precisa de Alberto para volver a recuperar la credibilidad y la fe entre todos.
Lo bonito de un deportista para con la sociedad, sus aficionados, sus gentes, sus pueblos, es que son capaces de hacer feliz a la gente además de engrosar su palmarés individual. Es ahí donde reside la riqueza del deporte de alto nivel, donde los héroes son héroes porque la gente los aclama y siente que son patrimonio de todos porque generan una corriente de ilusión, felicidad y alegría que permiten olvidar todos los problemas por muy vastos que sean, ni que sea por un día.
Enhorabuena Alberto Contador. Tenveremos apuntar y disparar a la victoria en los años venideros también. Alberto Contador II de Francia.
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