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8.12.14

Happy Ending Text

Un día decidí empezar una aventura en un blog. Decidí titularle La República Chopista por dos motivos. Uno porque entre mis pocas convicciones está la de considerarme republicano. Y dos porque Chopi es un mote que me lleva acompañando desde bien pequeño. ¿Su origen? Es una pregunta que muchos de los que os habéis acercado a este rincón y que me habéis conocido me habéis hecho tarde o temprano. Y no hay respuesta más o menos clara. Yo siempre digo que se parece bastante a Jordi. ¿No es así? En el equipo de fútbol (casi) todos teníamos un mote. Y no tendría más de 8 años cuando empezó todo. Jordi. Chopi. Incluso en el trabajo me conocen así. La paradoja es que mi madre eligió Jordi porque quería uno de origen catalán, breve, que no se pudiera acortar ni que invitase al apodo. Chopi, en cierta manera, salió de la nada. A diferencia de este blog.

La República Chopista fue en su momento una respuesta a algunas de mis preguntas. Y sobre todo ha sido durante muchos años, casi 8, una puerta de entrada (y salida) hacia un mundo en el que mis pensamientos, reflexiones y sueños solían conciliar. Una pasión. Un espejo en el que solía mirarme mucho más a menudo de lo que he terminado haciendo los últimos 36 meses de mi vida. La evolución a nivel productivo es clara. Hay un paralelismo entre la entrada al mercado laboral y la reducción de textos escritos. Al fin y al cabo, con el paso de los años he tenido menos horas de ocio y más obligaciones. 

La República Chopista satisfacía una de mis necesidades: escribir. Una especie de hobby que fui alimentando desde bien pequeño, cuando preguntaba a mi tía Antonia y a mi madre qué letra era cada una de las que señalaba en aquellas revistas de marujeo que hoy todavía perduran. Luego vinieron muchos libros y lecturas, como las que mi madre me dedicaba antes de irme a dormir. Era un libro llamado "365 días con animales" y cada día me leía un cuento diferente. Siempre tuve por tanto curiosidad por un mundo que invitaba ya desde chico a la imaginación. A soñar despierto. No han sido pocos los libros que he devorado. Incluso puedo contar la anécdota de que mi padre me regaló un libro titulado Harry Potter y La Piedra Filosofal mucho antes de que se hiciera famoso. Lo miré con escepticismo al ver de qué iba. Yo y la magia... Nunca nos llevamos demasiado bien. Pero lo leí pese a ello y me encantó. Luego la historia del bueno de Harry ya la sabéis. Siempre estaré agradecido a mis padres por inculcarme un valor como este: la inquietud por saber más y más. Para mí nunca ha sido suficiente y mi curiosidad no ha dejado nunca de crecer. Hoy día sigo leyendo bastante, a veces menos de lo que me gustaría. Y aunque sigo resistiéndome a leer libros en formato digital como buen amante del papel, he ido adaptando mis hábitos a los nuevos tiempos, especialmente en lo que se refiere a artículos y piezas más breves, que consumo entre PC y sobre todo, móvil. Nuevos tiempos, viejas costumbres en diferentes soportes.

¿Por qué estoy escribiendo todo esto hoy? Precisamente hoy. Con sinceridad, no lo sé. Pero igual que en su momento decidí abrir una nueva etapa en la red con este blog, ha llegado el día de cerrarla. Estáis leyendo las últimas palabras tecleadas por mí en este espacio. 

Han sido casi 8 años de una estrecha relación, con fidelidad irregular. Empezó como un amor pasajero de verano. De esos adolescentes como el que me pilló allá con 12 o 13 años por una chica alemana llamada Daniella. Uno de los nombres más bonitos de toda la historia. Un nombre para poner a una niña. A una hija. Con este blog me pillé muchísimo luego. No como con Daniella, que a los 15 días de su estancia en el camping de la Costa Brava regresó a su país y su vació luego sería ocupado por más chicas. 

Quise cambiar el mundo, agarrarme a ciertas ideas de las que muestro más escepticismo hoy que nunca. Quise expresar lo que me ardía por dentro cuando conocía a alguna chica que llamaba a mi puerta sin picar y luego yo no quería que se marchara. Pero se fueron. Todas. Porque casi todo en la vida tiene un principio... Y un final. Como esta aventura. Quise enseñar que mi pasión por el fútbol iba más allá de un simple hobby o afición. Que quise con locura a unos críos que me hicieron muy feliz. Que compartí la gloria de un Barça eterno. El mejor de la historia. El inigualable. El irrepetible. Quise desahogarme ante cualquier caída, ya fuera por decepción o desamor. ¡Siempre fui tan enamoradizo! Al fin y al cabo escribía aquí porque quería ser leído. Escuchado. Todos los que escribimos tenemos un punto (alto) de vanidad. Y si me decían que no lo hacía mal del todo o que a veces incluso muy bien, que no dejara de escribir, que por qué no escribía más... Pues yo quería seguir. A pesar de que no fueron pocas las veces que pensé en dejarlo definitivamente. Llegué a improvisar relatos, pequeños cuentos y difundirlos por aquí. Narraciones en las que junto a los últimos textos, he ido observando en mí mismo mayor madurez en la composición. Pero siempre he tenido una cosa clara y escribir no es una excepción: a medida que lo abandonas, te resientes y te oxidas. Debería haber escrito más a menudo seguramente. 

Más recientemente he dedicado principalmente este blog a difundir los sueños en tierra y asfalto de un amigo y compañero del colegio. Un compromiso que acepté gustosamente. En paralelo, decidí durante 2 temporadas aportar mi granito de arena a un proyecto muy ilusionante y esperanzador como Rondo Blaugrana, del que no formo parte desde este verano pasado. Y también he decidido ir escribiendo algo, con irregularidad como no podía ser de otra manera en mí, en Highway

¿Y ahora qué? 

Ahora tengo 26 años y estoy poniendo fin a un blog que inicié recién con 18. Durante este tiempo... Joder, y perdonen el taco, durante este tiempo han pasado mogollón de cosas. Y esta maldita República o mis textos fuera de ella lo evidencian. Cuesta echar la vista atrás y no sentir cierta nostalgia por algunas cosas que ya sabes que no volverán pero no es menos cierto que es igual o más apasionante intentar que cada año supere al anterior. Soy joven, tengo la cabeza llena de dudas, interrogantes y apenas puedo dar respuesta a algunas de las preguntas que ya me agitaban con 16 o 18. Vivimos en un mundo de incertidumbre y es un reto afrontarlo, más si cabe cuando hemos sido educados la mayoría en un contexto de comodidad en el que no te invitaban a salir de tu zona de confort precisamente. Pero a pesar de las incertidumbres también hay alguna certeza. Y en mi caso no os engaño. Estoy a gusto en mi actual trabajo, contento con la oportunidad de dedicar mi tiempo y esfuerzos en un mundo que me apasiona como el fútbol, dispuesto a aprender cuanto pueda durante el tiempo que pueda. ¿Y luego? No lo sé. No tengo ni idea de qué puede pasar en 1 semana... como para pensar qué pasará en 1 año. Hace justo 365 días estaba en otro proyecto y desde entonces todo empezó a cambiar muy rápido. ¿Quién me iba a decir que viajaría a Hong Kong, Shanghai, Bangkok...? Ni siquiera sabia colocar a Changsha en el mapa. ¡Si yo siempre decía que no viajaría al continente asiático! 

La vida te sorprende. No es un tópico. El azar tiene una importancia fundamental en nuestras vidas y ofrece oportunidades que intentas tomar lo mejor posible. Te subes a un tren y te lleva a cierto destino. Quizás no te lleva luego donde hubieras querido pero no hay de qué preocuparse. Nunca es tarde para volver a intentarlo. Lo arriesgado sería no arriesgar. 

Decía antes que entre tanta incertidumbre había alguna certeza. He conocido a alguien. Sí, lo sé. Puede ser una frase algo manida pero una realidad. Ese alguien me hace sonreír y olvidarme de todo. El tiempo pasa demasiado rápido. La conexión existe. El famoso feeling es verídico. Da igual la edad que se tenga. Creed. ¿Acaso no es cierta la frase que se puede degustar en Interstellar de que el amor es la única fuerza que trasciende las dimensiones del espacio y el tiempo? Llamadlo como queráis, pero existe. No me preguntéis cuánto dura porque no tengo la respuesta pero si estás realmente a gusto con alguien intentas y quieres que dure lo máximo posible. 

Me siento feliz. Por eso cierro este blog. Quizás esa es la respuesta a todo. Vendrán otras repúblicas, seguro. Pero esta hoy termina aquí y ahora. Muchas gracias a todos los que os habéis acercado aquí y hasta siempre.

31.8.14

Casi 20 años después


Casi 20 años después volvía con mis padres al sitio donde una simple caravana y avancé muy cerquita de la playa dieron paso a algunas de las primeras vivencias que recuerdo. Se llamaba Camping Disney; ahora Pla de Mar. Apenas tenía 7 años cuando fui por primera vez. Induráin ganó su último Tour de Francia y al año siguiente España quedó eliminada por penaltis ante la anfitriona Inglaterra en la Eurocopa. Recuerdo perfectamente ese día en el bar del camping y las penas máximas falladas. Ese sería el último de los dos veranos que pasamos allí, justo delante de la playa de Malgrat de Mar. Antes de que mis padres decidieran dar un paso más y se enamoraran de un camping en plena Costa Brava. Entre Santa Cristina d'Aro y Castell d'Aro. Decisión que con el paso de los años y en perspectiva, comparto y agradezco. No hay amor más duradero que con la Costa Brava y l'Empordà. Allí vendrían los mejores veranos de mi infancia, cuando me convertía en un auténtico conguito de mofletes graciosos y silueta regordeta. Cuando aún soñaba con ser futbolista o ciclista, emocionado en mi mountain bike e idolatrando al teutón Jan Ullrich. Y cuando alemanas, belgas y holandesas formaban parte del paisaje. Con las hormonas poco a poco llamando a la puerta.

Quería decir en realidad que el miércoles volví con mis padres al camping de Malgrat de Mar. Y sí, es cierto. Todo ha fluido y muy poco ha permanecido pero unas horas fueron suficiente para volver a recordar todo aquello. 

Los paseos en la bicicleta sin marchas de punta a punta del camping. En su momento me parecía equivalente a la distancia de una maratón. El otro día, caminando, me reí mucho al rememorarlo. Cuando acompañaba a mi padre, también en bicicleta, a comprar tomates y fruta a un agricultor de ahí al lado que dios sabe si sigue viviendo. Los primeros piques y enfrentamientos competitivos con mis primos Isaac y David, casi como dos hermanos para mí durante gran parte de la infancia. Los primeros pelotazos y afán por ser futbolista, incluidos partidillos con los mayores en los alrededores del camping y en la misma playa. Como nunca he sabido perder y menos cuando era chiquito, un amigo de mi padre me bautizó como "Hristo" o "Stoichkov", en honor al que era mi ídolo del Barça. Tanto si perdíamos como si no me pasaban la pelota, me sentía vacío y frustrado y me enfadaba con el mundo. Esas rabietas equivalentes a las del jugador búlgaro en el campo duraron bastante. Se han prolongado mucho en el tiempo. Todavía sigo transformándome cuando juego a fútbol o practico algún deporte. Soy muy competitivo cuando de hacer deporte se trata y siempre quiero ganar. 

En el camping de Malgrat recuerdo que también vinieron algunas semanas mi tía Antonia, que me había cuidado de pequeñito mientras mis padres trabajaban, y el tío Fermín. Muchas mañanas el tito se levantaba antes del amanecer en busca de moluscos. Cogía la bici y se perdía hasta bien entrada la mañana. Luego regresaba feliz y dicharachero enseñando lo que había conseguido. En Blanes, si no me equivoco, vivía su madrineta. De ahí que toda esa zona para él tuviera un gran valor personal. La especialidad de mi tío Fermín siempre ha sido la paella, y el camping no representó una excusa para no hacerlas. Todo lo contrario. Además de las primeras barbacoas, acontecimientos por los que sí siento gran devoción. Las primeras sandías, melones... Mis padres me invitaban a probar y comer de todo pero yo era algo caprichoso, sobre todo al principio, y me negaba a comer según qué si no me entraba por la vista. 

Hicimos algunos amigos allí. Una de las mayores atracciones entonces era ir a coger sapos y renacuajos. Mis primos al margen, el resto de amigos no eran especialmente futboleros, cosa que yo no entendía. Pero me adapté. Había tiempo para buscar animalitos, bañarse en la cutre piscina de la entrada y para jugar a las primeras videoconsolas. Con Iván, un chico mayor que tenía algún tipo de discapacidad cognitiva -no muy elevada- hicimos muy buenas migas. Era un viciado de los videojuegos y nos enseñaba sus recursos. Reconozco que mis primos eran más avispados con este tipo de entretenimiento y sumaban más paciencia y dotes que yo, mucho más limitado y restringido a los juegos de deporte (fútbol). Con Iván jugábamos a la Mega Drive. Lo recuerdo como alguien bastante friki en cuanto a aficiones y gustos pero un chico muy majo, todo corazón. Era algo infantiloide por su discapacidad. Nosotros le picábamos mucho cuando empezábamos a cantarle "Iván, Iván, Iván de la Peña... que nunca se peina. Iván, Iván, Iván de la Peña..." Lo cierto es que al tiempo que canto esto mismo en mi cabeza suelto un par de carcajadas limpias. Más que a los amigos no futboleros que intentaban levantar un zoo dentro del camping, al que eché más de menos cuando nos  fuimos fue a Iván. Eran amigos de verano, de pocas pero intensas semanas. Sales pronto con la bici después de desayunar y no vuelves a tu parcela hasta la hora de comer. El camping era sinónimo de diversión y libertad. 

Casi 20 años después. Eran las 5 y media de la tarde. Convencí a mis padres para un "selfie". Al ver la foto me pregunté que por qué diablos ya no estaba tan moreno como de pequeño. Y contemplé la infinitud y eternidad del mar por unos minutos. Recordé parte de lo que aquella playa y entorno habían significado durante dos veranos hace tantos años. Y vi a mis padres felices. Habíamos cambiado físicamente pero en esencia seguíamos siendo iguales, discutiendo por las mismas cosas que hace dos décadas. Dónde aparcar, dónde comer, dónde sentarse -ojo a las corrientes de aire-, dónde poner la toallas... Me sentí de repente muy feliz y agradecido por el clima que habían creado a mi alrededor y todo lo que me habían ofrecido durante todo este tiempo. 

Siempre que miro al mar pienso. Pienso mucho. Me quedo en silencio y reflexiono. Aquel azul de Malgrat me llevó a parte de mi infancia, al puerto de Blanes con aquellos pez espada que me encantaba ver y fotografiar, al día en que tras una fuerte lluvia y sin sol me bañé en calzoncillos con mi tío Juan y a mi padre casi le da algo. Ese día el agua estaba más calmado y transparente que nunca. Seguía mirando al mar. Años atrás hubiera sido imposible imaginar muchas de las cosas que habían pasado. De hecho yo creo que mi única preocupación entonces era ser futbolista.

Casi 20 años después. Todo había fluido y poco había permanecido. Pero ahí estábamos.

16.11.13

Tres minutos

¿Qué harías si te quedaran solo tres minutos para hacer algo? Lo que quisieras. ¿Crees que 3' dan para mucho? Yo pensaba hasta ayer que no era demasiado tiempo. ¿Necesitas pensarlo mucho antes de tomar una decisión? No pienses, actúa. Sí, Barney Stinson dixit. Si lo piensas demasiado ya habrán pasado los minutos. Déjate llevar. Que suena demasiado bien. Y espera lo inesperado. ¿Por qué no? El azar como ingrediente esencial en nuestras vidas. 

Porque a veces tres minutos significan algo más que 180 segundos. Son el reflejo de una ilusión que ha ido cultivándose durante todos los días de la semana. Las ganas por querer ver y hacer. A veces tres minutos son todo lo que necesitas para darte cuenta que hay cosas que te hacen sonreír y sentir de manera especial. Unos minutos como no ha habido otros en toda la semana. 

Ojalá poder congelar el tiempo en esos momentos.  

4.11.13

3 libros

3 libros. Podrían ser más. O menos. Pero son los últimos que he leído. Another way of winning, de Guillem Balagué sobre la figura de Pep; El sueño de mi desvelo de Antoni Daimiel; El Cisne Negro de Taleb. 

14.10.13

Decisiones

Nocilla. Nutella. Barça. Madrid. Lakers. Celtics. Cola-Cao. Nesquik. Coca-Cola. Pepsi. McDonald's. Burger King. Ron. Ginebra. En la vida estamos constantemente tomando decisiones. Y no solo en términos de lo que consumimos. Cualquier elección tiene asociada un coste de oportunidad. Aquello que dejamos de hacer o ganar (utilitariamente hablando) por haber tomado cierta decisión. Es la segunda mejor alternativa que teníamos a nuestro alcance. En mi caso, el coste de oportunidad de estar escribiendo todo esto ahora mismo sería continuar durmiendo en la cama. 

7.10.13

Smartphone way of life



Cuentan que los niños ya no nacen con un pan bajo el brazo sino con un iPad. Vas a ver a los neófitos al hospital y te los encuentras ejercitando los dedos con suma agilidad e intuición. Nacen, literalmente, sabiendo. De hecho, uno va con toda la ilusión del mundo y emoción a verlos por primera vez, cogerlos entre tus brazos pero, no tienes opción alguna. El iPad y la tablet de turno ya forman parte de su cuerpo. Y no hay manera de desengancharlos. Lo dominan con más facilidad que sus progenitores. Que no haya dudas de ello. De hecho, se comenta que en las salas de maternidad organizan campeonatos para saber qué niños y niñas son los más avispados con este tipo de aparatos que marcan tendencia superada la primera década del siglo XXI. Eligen aplicaciones (apps para los modernos y amantes del lenguaje anglosajón -queda más cool, no lo vamos a negar-), en las que competir en pruebas de lógica, matemáticas... Esta especie de JJ.OO. para los más pequeños está siendo objeto de debate y discusión en las principales Facultades del planeta. Se rumorea, por cierto, que Mediapro va a hacerse con los derechos para las próximas ediciones.

Sin embargo, valga la anterior hipérbole para comprobar el contraste entre lo rápido que aprenden los críos y lo que les cuesta a los más mayores. Porque contra más tardas en entrar en la dinámica de lo táctil, más te cuesta. Aunque como todo en la vida, es cuestión de práctica. Y si no que le pregunten a mi madre, todavía en edad de iniciación con su smartphone. Tiene a un hijo que podría ser un profesor más atento y aplicado. Todo hay que decirlo. Aunque por ejemplo con el WhatsApp, poco a poco, le va pillando el truco. Aún tiene algo de miedo a dejarse llevar pero todo llegará. Quién sabe si acabará con perfil en Facebook y Twitter. "Mi madre me sigue en twitter". Tweet de @mamachopi: "@chopi_8 ya está la cena, Jordi!" 

En cualquier caso, ahora que mi madre va experimentando el placer de tener a su alcance en un pequeño aparato miles de posibilidades, entiende que mi ya envejecido SII forme parte de mi vida. Realmente tengo móvil-dependencia. Es duro asumirlo pero es así. A veces pienso que me gustaría probar varios días sin móvil. A ver qué pasaría. Si mi vida podría seguir igual sin consultar ni archivar los mails (soy un poco maniático del orden y odio tener llena la bandeja de entrada; siempre vacía y todo clasificado por etiquetas). Si respiraría de la misma forma si estuviera varias jornadas sin 'twittear'. Sin poner un 'like' en Instagram o una publicación con su hashtag adecuado o, en su defecto, molón. Sin entrar a cotillear en Facebook. ¡Sin 'whatsappear'! Es tremendo pero... Inevitablemente y sin darme cuenta, consultar un montón de cosas en el móvil  se ha convertido en el pan de cada día. Por no hablar de esas apps que ahora son un must -soy víctima del sistema, lo siento-, ya que puedes consultar los resultados de cualquier liga y deporte del mundo. Increíble. Yo soy el típico freak que mientras ve un partido entra a ojear cómo van los otros. Que cuando se levanta por las mañanas va a consultar si han ganado los Raiders, Athletics o Lakers. Soy consciente que, seguramente, hago en ocasiones un uso excesivo de ello. Que soy uno de aquellos ciudadanos a los que les vendría bien que facilitasen un carril para usuarios de smartphone. ¿Os imagináis? Además del carril-bici, el 'carril-smartphone'.

Mi vida se ha adaptado a estos teléfonos inteligentes y viceversa. No concebiría ahora mismo dejar de hacer un montón de cosas que ahora forman parte de una especie de rutina, no monótona sino atractiva y diferente. Pero, ¿son necesarias todas las cosas que hago con el SII? La respuesta es obvia. Hay algo de banal en todo ello pero los tiempos cambian, creamos nuevas necesidades, dependencias y nos adaptamos al contexto. Somos camaleónicos por naturaleza. Al fin y al cabo, si vemos todo esto como una oportunidad de estar conectados y como una forma de comunicación rápida y efectiva al tiempo que una herramienta de información inmediata, no es malo per se. Todo lo contrario. La clave es encontrar el equilibrio entre lo realmente necesario y lo trivial. Lo que puede esperar.

Porque gracias a este mundo de las redes sociales al que he accedido con un móvil como mi viejo querido SII he podido conocer a gente fantástica y que merece la pena así como participar e involucrarme en proyectos interesantes como Rondo Blaugrana. Sin ir más lejos, una mañana, tras haber salido de picos pardos, decidí coger el móvil y 'twittear'. El día anterior había ganado el Bayern la Supercopa de Europa. Pep. Desde entonces, algo ha cambiado. Hay nuevos ingredientes e ilusiones a mi alrededor. Porque, al fin y al cabo, no hemos de olvidar que todo en la vida fluye. Nada permanece. Así en la tecnología como entre las personas.

29.9.13

Sobre HIMYM



Aviso para navegantes: El siguiente texto incluye algunos spoilers (intrascendentes) sobre How I Met Your Mother. Si no llevas la serie al día o muy avanzada, es recomendable abstenerse de leerlo.

El pasado lunes se estrenó en EEUU la novena y última temporada de How I Met Your Mother (HIMYM para los fieles de la serie y amantes de las siglas). Y no dudé, aprovechando que al día siguiente era fiesta en Barcelona, en ver el estreno que incluía doble ración. Seguir esta serie ha sido una constante desde que mi amigo Will nos la recomendara a varios de nosotros hace ya bastantes veranos. De hecho, Will nos ha recomendado muchas series a lo largo de estos años si bien yo confieso que al final he acabado siguiendo menos de las que me sugiere. La excusa o el motivo más o menos razonable: falta de tiempo. Esto es, un eufemismo para no decir que inviertes el tiempo en otros menesteres. Pero HIMYM siempre ha estado ahí. En una vida llena de etapas, cambios de ciclos, nuevos desafíos y retos, repleta de inquietudes y sueños, la ilusión por llegar a conocer a la madre de los hijos de Ted estaba ahí. Temporada tras temporada. Hasta que la conoces al final de la octava temporada. Y te quedas algo frío. Quizás no es lo que esperabas. 

¿Soy de verdad tan superficial? ¿O es que las expectativas que apuntaba la serie iban en una dirección que parece no seguir ahora? Sea como fuere, me consta que no soy el único que se quedó algo contrariado al conocer a la madre. Pero -yo el primero- voy a darle una oportunidad más que merecida. 

Es cierto que la serie entra en su recta final y que quizás se ha rizado el rizo más de lo deseado para algunos, aprovechando ciertos gags para rellenar capítulos y que se ha alargado algo más de la cuenta. Pero soy consciente que llegado el final me dará pena y con el paso del tiempo sentiré hasta nostalgia. Al fin y al cabo, HIMYM me ha acompañado en algunos de los años más decisivos y bonitos de mi vida. Entre capítulo y capítulo no solo Ted se acercaba a conocer a su chica definitiva sino que yo trataba de ir haciendo camino al andar. De ir cumpliendo sueños de infancia y juventud. Cómo no tener un cariño especial a esos fragmentos de 20' que tanto me he encargado de recomendar a mi entorno (no hablo del mismo tipo de entorno que el del Barça). Cómo no mirar con ojos distintos a un show que has compartido con alguna persona en particular que te dibujaba una sonrisa diferente y despertaba el fuego más intenso en tus ojos. Cómo olvidar algunos episodios que relacionas con alguno de los capítulos de tu propia vida. 

Te acuerdas de aquél en el que Ted y Marshall creen haber pasado una de las mejores noches de su vida y luego resulta que era todo lo contrario... 

O de cómo conoce Ted a Victoria, mi favorita desde un inicio de la serie. Como en la realidad, tengo un ojo clínico para las chicas...

Y de cómo Barney se va enamorando de Robin... Una de las parejas que mejor encajan en la ficción.

De comprobar que un amor post-adolescente y precoz como el de Marshall y Lily se convierte en paradigma de una relación estable y feliz aunque llena de momentos difíciles. De cómo llegan a ser padres de Marvin.

O de los sentimientos de Ted hacia Robin... Algo que aún dará que hablar esta última temporada. Ojo al arquitecto Mosby.

Lo poco creíble que resultaba aquello de Stella y lo inesperado que fue que le dejara en el altar. 

Y es tras este recuerdo que me detengo. Porque sirve como ejemplo de algunas de las cargas que arrastramos con nosotros y que tarde o temprano, debemos dejar atrás para seguir adelante. Cualquier experiencia negativa nos condiciona y modela. Alguien me dijo últimamente que cuántas más experiencias negativas has tenido, más rápido maduras. Haber sufrido, por los motivos que sea, no es sinónimo de tener que arrastrar esa carga hasta el fin de los tiempos. No olvidar no es malo. Sería peor no aprender de los errores o de las duras experiencias que te marcan. En una vida que fluye sin intención de permanencia no podemos quedarnos parados. Es siempre alentador intentar llegar a la orilla, cueste lo que cueste nadar hasta alcanzarla. Valdrá la pena seguir escribiendo hasta llegar a completar las páginas más bellas de tu novela.

Como de alguna manera le está ocurriendo a Ted. Que ya sabemos quién será la persona con la que va a ser muy feliz. Aunque él aún lo desconoce. Y es que... ¿Cuántas cosas no sabemos en estos momentos que nos levantarán muchas veces el ánimo y centenar de sonrisas? Lo inesperado cambia nuestras vidas. Hay pequeños detalles que al unirse unos con otros, van ilustrando aquello que llamamos felicidad. En un puzzle tan singular como la vida cuyas piezas a veces parecen difíciles de encajar.

HIMYM, como todo en la vida, terminará. Por eso vamos a intentar disfrutarla. Y, mientras, seguir haciendo camino al andar. 

22.9.13

(No tan) microrrelato de final de verano

Dicen que hoy termina el verano. Y siempre que esto sucede, hay algo de psicológico en ello. Que va más allá del hecho de que entremos en una nueva estación como el otoño. Igualmente bonita y con sus encantos. Pero distinta. ¿Qué sería de la vida si todo resultara ser un guión plano, monótono y previsible? Nada interesante. El azar condiciona nuestras vidas. Y cualquier día, un detalle puede cambiar nuestras vidas para siempre. 

Seguramente no sea el único que ha vivido una especie de segunda adolescencia este verano que justo empezaba cuando llegaba a la simbólica cifra del cuarto de siglo. Que dicho así parecen más que 25. Todo empezó en el Palau o incluso antes, no se puede saber con exactitud. Noches improvisadas que terminan siendo especiales. Por diferentes y divertidas pero sobre todo por inesperadas. Es así. Lo inesperado cambia nuestras vidas. 

El verano ha corrido a la misma velocidad que Usain Bolt. Y eso es buena señal. Vivir con intensidad e intentar aprovechar cada día no es algo tan sencillo como podría parecer. Pero la actitud es lo primero y la mente muy poderosa. No importa que haya tenido 'solo' 9 días de vacaciones. Siento que he vivido mucho y en buena compañía. 

En julio pude disfrutar de una experiencia laboral maravillosa al estar conviviendo 9 días con el Athletic en el stage de Austria-Alemania. Si hace 3, 4 años o más me dicen que algún día podría vivir algo similar desde luego que no me lo hubiera creído. Al fin y al cabo, cuando estaba terminando ADE decidí que quería acceder a 2º ciclo de Periodismo. También en la Pompeu. Pero me quedé a 8 notas de entrar, penalizándome sobremanera la parte de la redacción. En aquel examen me dieron el número 14. 14 es la planta del Edificio Imagina-Mediapro en el que trabajo actualmente. El mismo edificio desde el que se ve el Campus del Poblenou que hubiera sido mi hogar 2 años si me hubiera llegado la nota. Puertas que se cierran. Otras que se abren en diferentes direcciones. Curiosidades de la vida. Aunque entonces poco podía imaginar que mis pasos me acabarían llevando cada mañana justo al lado de donde pretendía seguir estudiando.

Por otro lado, estrictamente en términos de ocio, Berlín nos abrazó con mucho cariño a mediados de agosto. Atenta. Aunque no quiero ni imaginar el frío que hace en invierno... Me pareció una ciudad tremendamente vital y joven. Desprende un aire moderno y heterogéneo desde el punto de vista social que la hace muy especial. Diferente. No creo que sea estéticamente una ciudad bonita. Al fin y al cabo, el peso y magnitud de la reconstrucción y unificación están presentes en muchos de sus edificios y partes. Pero sí tiene ese gran valor intangible y más allá de lo simbólico de haber sido eje fundamental de la historia contemporánea. Es la capital europea que más tarde superó la mayoría de edad así que Berlín es sinónimo de mucho futuro. El crecimiento le espera.

Me quedan bastantes días de vacaciones pero aún no tengo planes definidos. Cada trabajo tiene sus pros y cons. El mío es algo peculiar. De hecho me suele costar a veces responder a la pregunta de qué trabajo y qué hago. No estamos en el mejor momento en cuanto al proyecto y las perspectivas a corto y medio plazo no parecen muy alentadoras pero hay que seguir sumando sin descartar ninguna opción. Al fin y al cabo no creo que este vaya a ser mi último trabajo ni mucho menos. He conocido compañeros fantásticos, estoy bastante a gusto y he tenido la suerte de participar en experiencias que ya forman parte de mi CV particular de recuerdos inolvidables. Hay que estar preparado para cualquier cambio y aunque al principio siempre cueste gestionarlo, saber que lo que hoy es un valor seguro, mañana puede dejar de serlo. Lidiar con la incertidumbre no es sencillo pero ella reina tranquilamente a lo largo y ancho del planeta. Sé que el futuro no me va a llegar solo y que soy yo quien tiene que seguir escribiendo los capítulos de mi novela. Haciendo que todo suceda.

Y puede que ahora venga el otoño, las hojas caídas, que anochezca antes, que haga más frío, que haya que coger la chaqueta fina, guardar los pantalones cortos... Pero hay que seguir viviendo. Como si fuera el verano. Si nosotros queremos, hay detalles que pueden durar para siempre. Cuestión de mentalidad y actitud.

En una vida en la que cualquier elección es una renuncia a otras cosas y en la que reina la incertidumbre, tener algunas cosas claras siempre ayuda. Empecemos por tener ganas de vivir y sentir. Como si todo el año fuera verano. Empecemos con una sonrisa cada mañana y un guiño de ojo pícaro. Empecemos cada día como si fuera el último pero más bonito de nuestras vidas.

La vida puede ser maravillosa. Persigue tus sueños.

9.5.13

Sentir es vivir


Sin saber bien por qué, terminé en una frase de Julio Cortázar en su ilustre Rayuela: "Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos". 

Y decidí ponerme a escribir. Ahora. 

Nunca sabes en qué día, momento ni estación, tu vida va a sorprenderte. Ni siquiera puedes anticipar nada de lo que va a ocurrirte. Simplemente algo sucede a tu alrededor y, de repente, empieza a fluir, aún siendo inconsciente de ello. Día a día. Puedes incluso saber el cuándo pero no el cómo. Hay preguntas cuya única respuesta es vivirlo. Vivirlo y sentirlo. 

Y puede que no sea más que un puente a cruzar. Una transición. Una escala a medio camino entre dos puertos. O quizás  sea un destino al que bautizaríamos como definitivo. El tiempo tendrá la templanza y sabiduría, algo que solo se asimila con la experiencia, para dar fe de ello. 

Pero ya nadie te podrá quitar esos momentos de ilusión, esperanza. Esas ganas de que llegue un nuevo y soleado amanecer; atardeceres floridos; noches estrelladas de luna llena. Nadie te podrá quitar ya lo que sientes. Lo que has sentido. Porque sentir es vivir. Vivir es sentir.  

Puede que la primavera no dure para siempre. Que el néctar no estará eternamente tan bien acompañado. Puede hasta que las ilusiones se acaben desvaneciendo con el paso de los días. Pero siempre quedará el camino recorrido. Con sus piedras y muros. Sus cuestas y bajadas. La esencia está en atreverse a recorrerlo. Nunca sabes que habrá más allá de la niebla, de la incertidumbre, pero sin caminar, el deseo y anhelo no es suficiente. 

Sin sentir lo que haces y aquello en lo que crees, no hay nada. Sin pasión por aquello que deseas, no hay nada. Sin sentir, sin pasión, no hay vida. 

En una vida que fluye sin intención de permanencia, sin saber cómo, ocurre algo. Y, de repente, tu vida cambia de perspectiva. 

21.4.13

De un sueño de infancia


Ayer, mientras estaba a ras de césped en el Camp Nou tuve aquella peculiar y única sensación en la que el tiempo se detiene durante varios segundos y se eriza el vello corporal. No terminaba de creer que estaba allí realmente. A escasos metros de la línea de cal, con el 2 de Alves tan cerca. Me sentí un privilegiado. Era para mí como un sueño hecho realidad. Si me llegan a decir dos, tres años atrás que me vería en una así, hubiera sonreído con incredulidad por no decir que habría exclamado alguna cosa en plan: "¡Ni de coña!" Era por cuestiones de trabajo, una acción que ni siquiera forma parte de mi día a día. Un extra en toda regla. Venía el viernes de haber estado haciendo lo mismo en Palma de Mallorca y el domingo anterior en Zaragoza. ¿Era real?

Desde bien chico soñé con ser futbolista y como culé te imaginas algún día jugando sobre ese bello e impecable tapiz que dibuja una alfombra como no hay otra para tocar el balón por el suelo. A falta de poder vivir de ello, cuando creces y sigues conservando o incluso aumentando tu fiebre de fútbol teñida de blaugrana pues deseas poder ver en las mejores condiciones posibles y desde los mejores sitios un partido de tu equipo. Ayer fue uno de esos días. No tenía la perspectiva ideal porque se necesita algo más de altura para poder ver algo mejor todo lo que sucede pero fue lo más parecido a estar ahí con los jugadores. Con una vista muy similar a la de los técnicos. 

Fue en esos momentos en los que sentí que el tiempo se había detenido que me di cuenta que estaba viviendo algo que nunca hubiera pensado que llegaría a suceder. Algo que, personalmente, valoro mucho. Soy consciente que puede que nunca vaya a repetirse algo parecido y que hoy estoy en Imagina-Mediapro, pero mañana... Quién sabe. 24 años, todo un sendero por delante y en un mundo de tanta incertidumbre, lo que hoy se presenta como seguro y fiable, al siguiente amanecer puede dejar de serlo. Por ello, pase lo que pase, quiero intentar aprovechar todo lo que se presente y estoy convencido de que cualquier sacrificio merecerá la pena. 

Apenas a 2 meses para el cuarto de siglo, me di cuenta que algún sueño de infancia se había hecho realidad. Que otros tantos seguirían en el horizonte y que quizás, sin ser consciente de ello, acabarían llegando. 

Todo fluye sin parar. El azar sigue barajando las cartas mientras recorremos unos caminos que se terminan cruzando. Y nunca sabes realmente cómo empieza ni qué sucederá pero sí estás seguro de que algo ha ocurrido. Alguna cosa distinta a lo habitual y lo normal ha empezado a moverse, cuanto menos, en tu interior. 

La vida es así. Cuando menos te lo esperas, te sorprende.

1.2.13

Volver


No sé por qué muchas noches acabo en la misma meta. Cómo puede ser que el sendero acabe llevándome a los mismos rincones. A aquellos lugares que ya no volverán. A aquellos olores que nunca el olfato volverá a emular. A aquellos sabores que el paladar jamás volverá a degustar. A aquellas manos de porcelana y ese suave tacto de jazmín que hacía bello cualquier detalle, por ínfimo que fuera. A aquellas noches de sueños hechos realidad. A aquella Luna y aquellas estrellas. Cuando era primavera en otoño. 

No tengo respuestas para algunas preguntas. Quizás sea yo la respuesta a todo y solo haya un interrogante. Soy yo el que debe seguir caminando. Que la vida no se paró hace dos años.

Vivo en un mundo al que siento que no pertenezco. Mi corazón hace tiempo que dejó de latir con esa intensidad que desprendía magia en el día a día. 

Y es que hay recuerdos que... Pero no, no volverán nunca. 

En unas horas sale el sol y con él nuevas esperanzas, sueños e ilusiones.  

27.1.13

Enamorarse


Creía conocer todas las respuestas hasta que la conocí: ella me cambió todas las preguntas. Me desnudó el alma entre mares de esperanza y vistió de sueños un corazón que anhelaba el jovial pálpito de la primavera. Aquello era estar enamorado: ella era mi respuesta. Mi vida.

30.12.12

A la Luna llena


Quiero terminar el año como me gustaría empezar el siguiente: contemplando la Luna llena.

Su brillante sonrisa que ilumina todo el firmamento de estrellas, ángeles, cometas, planetas y galaxias. Su pícara mirada que guiña el ojo a los aventurados que salen a desafiar la oscuridad de la noche. Con sus dulces palabras dibujadas por unos finos labios de porcelana te atrae para darte cobijo entre las sombras y escucharte en el silencio. 

Mirar a la Luna para estar solos ella y yo. Sin más compañía que su luz y caricias. Sin más ruido que su tierna respiración y unos rítmicos y poderosos latidos que anuncian un corazón vital y cariñoso. 

Tan arriba, tan cerca. Capaz de estar en todos lados y llegar a cualquier rincón. Sin ti la noche sería como un  mar sin agua. Como una rosa sin espinas. 

Quiero terminar el año como me gustaría empezar el que viene: contemplando la Luna llena porque de bonita que es, me recuerda a ti.    

25.12.12

Como un niño en Navidad


Solía ir a la cama muy pronto en la vigilia de Navidades o Reyes. Aunque no tuviera sueño. La gracia era, misión (im)posible incluida, tratar de estar aún despierto para cuando mis padres decidieran bajar los regalos al sofá. Entonces ya sabía que los Reyes Magos, en efecto, eran los padres. Y Papa Noel. Y el caga-tió. Tampoco nos olvidemos del atemporal ratoncito Peréz, uno de los más simpáticos personajes de nuestro imaginario colectivo. 

Todos tenemos una historia de cómo conocimos la verdadera historia, pero no nos hubiera importado a aquellos que lo descubrimos demasiado pronto, haberlo alargado un poco más. Mucha de aquella magia, ingenuidad e inocencia, se pierde de forma tan severa e irremediablemente con los años que nos pasaremos no pocos días anhelando ser aquél niño que esperaba ansioso el día en que poder abrir aquellos paquetes envueltos de aroma navideño. No recuerdo exactamente el día pero sí el cómo. Era Navidad y como no había colegio tenía tiempo más que de sobras para investigar por toda la casa. Hasta que al abrir unos armarios...encontré unos regalos envueltos. Ese día cambió mi infancia, claro. Pero me lo callé bastante tiempo y seguí haciendo durante algún año más como si nada. Pero mis padres siempre intuyeron que yo ya lo sabía...

Pasados los años, me he descubierto a mí mismo ocupando ese rol de mis padres. Soy claramente el último en irme a dormir cada día. Laborable o no. Y me encanta antes del 25 o el 6 dejar los regalos sobre el sofá como ellos hacían cuando yo era pequeño. Es una de esas bonitas tradiciones que endulzan los hogares y los tiñen de esa alegría y tierna inocencia de la que hablábamos cuando éramos niños. Aunque esta noche dudo entre esperarme a Reyes o que se encuentren con ello mañana mismo. Porque, igual que mi madre, no suelo tener paciencia ni para estrenar cosas ni para abrir o dar regalos. Inmediatez. Quizás opte por una división material y matemática: 50% Navidades, 50% Reyes. Dejando el más 'gordo' para más tarde... O no. Ya veré.

No he pedido nada este año. Tampoco el anterior. No recuerdo la última vez que escribí la carta a los Magos de Oriente. Ahora mismo con oro, incienso y mirra no iría mal. Especialmente con lo primero, y más en la coyuntura económica actual. Sarcasmo al margen, recurrir al tópico de pedir salud, trabajo, dinero y amor es eso, poco original y nada anecdótico. Pero nada más lejos de cualquier plausible y digno deseo. 

Porque, ¿qué me gustaría realmente? 

Mi respuesta se aproximaría a viajar. Me encantaría ir a Estados Unidos. Y ver en directo un partido de la NBA. Ya fuera en el Madison o en el Staples. Visitar además de NY o LA, Las Vegas. Seguramente no soy muy creativo en mi sueños pero desde bien pequeñito han estado ahí. Hasta recuerdo que en no pocas redacciones de las clases de inglés me inventaba un futuro en el que vivía en sitios como Miami o cualquier rincón de la costa de California. Luego también me encantaría poder ir a Brasil a disfrutar del Mundial en 2014. Veo más probable a día de hoy lo primero que lo segundo aunque ambas son a largo plazo. Intento ahorrar lo máximo ahora que puedo con vistas a viajes de este tipo. Viajes que no sé cuándo podré hacer. Y sé que precisamente si algo le ha faltado a mi vida ha sido siempre ese punto de locura y hacer algo simplemente por placer y porque me apetece de verdad. Sin embargo, la incertidumbre que planea sobre el ambiente en términos laborales y la certeza de saber que en mi actual trabajo no me podría permitir muchos días seguidos de vacaciones pues realmente hace flaquear esos dos sueños. Quizás sea mejor vivir soñando y previsualizar que todo eso ocurrirá más pronto que tarde. Pero que sucederá. Que llegará un día en que me vea disfrutando como un chiquillo viendo un partido de la NBA en la otra punta del mundo y celebrando goles en portugués con una multitud enloquecida a mi alrededor. 

Me imagino en ambas situaciones y vuelvo a ser como aquél niño que en vísperas de Navidades o Reyes imaginaba el regalo de su vida. Los nuevos Gi-Joe, algunos playmobil...cualquier excusa para en esos días y los venideros compartir tardes eternas con mi primo Isaac. Nos encantaba montar torneos de fútbol con los distintos muñecos aprovechando las canicas como pelotas y las cajas de zapatos como porterías. Los playmobil eran los mejores, unos auténticos jugones con una técnica exquisita ya que podían chutar de cuchara y eso les hacía imparables. 

Sé que cuesta volver a ser pequeño. Aunque yo no tenga la tremenda ilusión que antaño por estas fechas, me estimula y me anima ver esos rostros de ilusión entre los más críos. Creer en la magia no debería entender de edades ni generaciones. Yo mismo soy como un niño cuando disfruto con aquello que me gusta. Fui un niño cuando me enamoré de alguien como nunca lo había hecho. Y, precisamente, hoy hacía dos años que empezó a cambiar todo. Que ya nada volvería a ser igual. Uno se pregunta cómo es posible que alguien que ha sido muy importante para ti, pasados los meses, los años...ya no lo sea. Que ya no forme parte de tu vida. Solo del recuerdo. De esas páginas del pasado que en ocasiones cuesta dejar atrás para poder seguir escribiendo el resto de la novela de tu vida. Son personas que estuvieron ahí de forma intensa, que eran piezas clave en tu puzzle vital, pero que ya no lo son. Esas experiencias te modulan y esculpen como persona, aunque quizás acabes emulando comportamientos y repitiendo situaciones. Algunos dirán que errores, pero siempre merece la pena arriesgar y dejarse llevar. Y más cuando quieres a alguien tanto que no concibes tu vida sin ella. Quién sabe. La vida es un giro constante que no tiene miedo alguno a evocar el eterno retorno

Dicen que todo en la vida sucede por alguna razón. Que cuando conoces a alguien, tienes una misión con esa persona. Y que ella la tiene contigo. Lo único que en la mayoría de ocasiones, por unas circunstancias u otras, no terminamos de saberlo nunca y, por tanto, no podemos llevar a cabo esas misiones. Pero si la descubres a tiempo, no lo dudes. Llévala a cabo. Sé feliz.

No sé si será la casualidad o el destino, pero siempre habrá accidentes afortunados esperando. Todo llega. Y cuando menos te lo esperes, acaba sucediendo. Entonces es algo imparable. Inevitable. 

Volver a ser aquél niño es posible. El que se emocionaba e impacientaba la noche antes de abrir los regalos de Navidad igual que minutos antes de encontrarse con aquella chica por la que sus latidos cobraban todo el sentido del mundo. Ser un niño es al fin y al cabo, ser feliz sin responsabilidades. Éstas, llegan con la edad, no hay más remedio, pero la otra parte de la ecuación sigue estando ahí. 

La felicidad es un largo camino y aunque haya personas que ya no sigan en él, las que han sido muy importantes en el pasado, han ayudado también a construirlo y darle forma. Y, por encima de todo, se trata de un camino más bonito de recorrer junto a aquellos que, pase lo que pase, siguen estando ahí. Año tras año. Tempestad tras tempestad. Sin importar fronteras ni barrera alguna.

Feliz Navidad a todos y próspero Año Nuevo 2013.

2.12.12

Una parada en el camino


No he venido al mundo para dormir demasiadas horas. Más bien para soñar despierto, mientras intento vivir y caminar. Aunque a veces no resulta sencillo. Hay días que caen cuán losa pesada sobre el alma. De aquellos que uno piensa: "Hubiera sido mejor quedarse en la cama y no levantarse para nada". Pero al fin y al cabo todo suma. Incluso las experiencias negativas. Todo te aporta y te enseña. Somos lo que somos a partir de nuestros errores y aciertos. Y el futuro está aún por escribir. No estoy seguro de que este 2012 fuera el que imaginé en mi cabeza cuando pensaba que iba a ser un gran año. Pero valoro bastante lo vivido y alcanzado si bien últimamente mi mayor meta es el día a día mientras sueño despierto a ráfagas y por momentos. 

Porque uno puede valorar lo que tiene (si quiere). Tengo trabajo. Sí. Y esto puede hacer sentirte afortunado dada la coyuntura económica y que en España hay nada más y nada menos que 6 millones de parados. Dato tremendamente escalofriante y triste. Concibo, sin embargo, el actual empleo como algo que no es indefinido, y no solo por las características del contrato. Eso es al fin y al cabo lo de menos ya que pueden prescindir de alguno de nosotros en cualquier momento. No dejamos de ser, en esencia, un frío número. Y hay que cuadrar costes. Para competir, claro... Estoy relativamente satisfecho con mis responsabilidades, que no con el sueldo. Pero en plena curva de aprendizaje ahora no debería ser eso un factor diferencial o decisivo...a corto plazo, claro está. Como he dicho antes, todo en la vida suma. Y creo que todo irá bien a pesar de que hay jornadas que uno llega a casa con ganas de dejar todo y buscar los sueños al otro lado del Atlántico o en las antípodas. Puede que en ocasiones esos horarios tan largos pasen factura en lo psicológico. La mente pide un descanso, una fuga espacio-temporal para desconectar. Algo que suelo lograr desde el viernes por la tarde al domingo. Entre semana reconozco que me cuesta más.

Cualquier día un detalle puede cambiar tu vida para siempre, así que lo que hoy puede parecer como una verdad definitiva en tu vida puede dejar de serlo a partir de algo que desemboque en nuevos cambios. Detalles. Porque esto no cesa nunca de girar.

Incluso pensé en cerrar este blog para siempre. Un fiel amigo que me ha acompañado desde antes de la facultad. Escribo menos y no he terminado de encontrar alicientes desde el punto de vista personal para encontrar en este tiempo libre que no abunda, los minutos para reencontrarme con la pluma. Además, las prioridades en este sentido se han matizado. Una de mis pasiones como el fútbol, visto meramente ahora como aficionado, me ocupa no pocas horas cuando estoy libre. Redes sociales, especialmente twitter, donde he encontrado a través del microblogging una vía de compartir, interactuar y expresar tanto mi opinión como gustos. Además de ser a mi juicio una herramienta muy útil para informarse al instante. Puro siglo XXI que vive en la era de la información. Precisamente a través de la red del pajarito me dieron este verano la oportunidad de colaborar y participar en un proyecto ilusionante y ambicioso entorno al Barça. El resultado es Rondo Blaugrana, donde consumo parte de mi tiempo siempre que puedo, desde comentar a escribir artículos puntuales a sobre todo, gestionar su cuenta de twitter. Hay un gran equipo detrás y estamos en contacto a diario gracias al correo o WhatsApp. Nos lo pasamos muy bien y la intención es ir poco a poco creciendo. 

Sí echo de menos algunas cosas. En especial todo lo que significaba entrenar. La mente, más que el cuerpo me pedían dejarlo tras 4 años de muchos sacrificios y alegrías. Me entristeció mucho saber que los chicos que otrora entrené ya no jugaban juntos. Que había desaparecido el equipo y que el Bosco estaba (está) pasando una delicada situación. Esos críos, ya no tan críos, fueron parte de mi vida y lo serán para siempre puesto que con ellos viví  algunos de los mejores momentos de mis 24 años. Ojalá les vaya bien en lo académico y personal. Y que algún día al reencontrarme con todos ellos sigan acordándose de aquello que llegamos a vivir y soñar despiertos. Es más sencillo recordar y engrandecer las memorias cuando en ellas los éxitos brillaron. Fueron muchas las victorias y muchos los goles que celebramos juntos. Pero aunque el color del triunfo no hubiera sido la tónica en mi experiencia al frente de un equipo de fútbol formativo, nada cambiaría. Porque si lo echo de menos de esta manera es porque me daban vida. Me aportaban y dibujaban parte del camino de la felicidad. Aún hoy, a pesar de que los meses han pasado desde que les dirigí por última vez, sigo emocionándome cada vez que pienso en ellos y me vienen imágenes de algunos de sus partidos. Como el de aquél último partido de liga ante el Turó de la Peira donde no pude contener la lágrimas. Aprendí mucho con ellos y de ellos. Y llegue a donde llegue en este mundo, sé que en parte importante será gracias a aquellos pequeños diablillos y críos que como yo de pequeño, jugaron a ser futbolistas y soñaron con serlo algún día.

También echo de menos el amor recíproco. Despertar al lado de la persona a la que quieres. Una persona con la que sobran las palabras y se puede decir todo con una simple mirada. Cuando conocí el amor, pensé que podría durar para siempre. Alguna vez volverá a ser así, no lo dudo. Pero hace tiempo que no vuelvo a sentir algo mágico, distinto. 

Como decía antes, pensaba que este 2012 iba a ser un gran año. Y si en parte estoy convencido de que lo está siendo es porque el caprichoso destino hizo de las suyas. Haciendo y deshaciendo. A veces es increíble la de cosas que tienen que suceder para que dos personas se acaben encontrando. Conocerse ya es otra cosa, cuestión de meses, tiempo...y en este caso, también paciencia. No importa que no haga ni un año. Los hechos valen más que los días transcurridos. Me alegro de que haya sido así y que ahora ocupes un lugar especial entre mis pensamientos, preocupaciones e ilusiones. 

Pero si algo me ha mermando por dentro estos meses, especialmente tras el verano, ha sido ver a mi abuela con un tremendo bajón de salud. Hoy, después de unos 5 meses con nosotros, mis padres la han llevado a casa de una de mis tías. Necesita más cuidados que antes en todos los sentidos. Y mucha, mucha atención. Lo más duro quizás, al margen de los problemas asociados al físico y salud fruto de la edad (93 años), sea haberla vista como iba perdiendo la memoria paulatinamente. Mi abuela siempre era una persona con una memoria prodigiosa, increíble. Se sabía los cumpleaños de toda su familia. Hace unas dos semanas no recordaba el nombre de algunas nietas... Haberla visto casi toda mi vida como una persona enérgica, llena de vida y siempre comunicadora...choca con lo de estos meses. Como si se estuviera apagando poco a poco. Apenas salía ya a pasear si no era acompañada. Apenas cosía ni veía la TV como antaño. Se pasaba los días dormitando o directamente durmiendo en el sofá. Ahora que se ha ido, su ausencia pesa. Pero creo que lo más razonable es que en su actual estado, esté con una de mis tías. Aquí en casa trabajamos mis padres y yo, con jornadas largas. Demasiadas horas para que una persona tan mayor y así esté sola. Necesita cariño, cuidados especiales... Y esto último, nunca le ha faltado en casa. Nunca. Tanto su hijo (mi padre) como su nuera (mi madre) han estado detrás dando lo mejor de sí mismos. Son un gran ejemplo para mí pero dudo que nunca pueda estar a su altura humana. Los respeto y admiro profundamente en este sentido. 

Después de todo he vuelto a escribir por aquí. Prometo que no será la última vez.

Ya saben, a pesar de los pesares, que la vida puede ser maravillosa. 

9.9.12

Tiramisú


Hace 6 años, por estas mismas fechas, pisé tierra extranjera por primera vez. Roma, la ciudad eterna. Amor a primera vista, pasión desenfrenada. Volví a Barcelona con la esperanza de regresar algún día quizás en inmejorable compañía.

El romance fue inevitable. Todo comenzó con un postre en una trattoria no lejos del hotel donde me alojaba. Se llamaba tiramisú. El más delicioso, exquisito y jugoso que jamás he probado. Tardé bastante tiempo en atreverme a comer semejante dulce. Era tan intenso el recuerdo que el paso de los años no impedía que aquél tiramisú siguiera en mi corazón y pensamientos. 

Nada ha sido igual desde aquél día en que compartimos sensaciones únicas y mágicas. Ninguno se ha acercado por mucho que lo hayan intentado. Más que decepción, recorre en mi ser algo de resignación. Son cosas que suceden una vez en la vida y no hay vuelta atrás. Hasta que algo nuevo y distinto te haga arder por dentro, estimulando ese cosquilleo tan especial y peculiar. El que sentimos cuando algo nos conmueve por dentro y no queremos sino expresarlo al exterior. Una pícara sonrisa, una débil mirada de corderito degollado, un balbuceo tímido en tus palabras... 

Todo acaba... Para volver a empezar. Aquél tiramisú terminó. Ocurrió sí, pero sé que no volverá. Es irrepetible. Nunca sentiría lo mismo que aquél soleado mediodía en que mi alma latía cercano a Termini aunque fuera al mismo lugar y la misma hora que hace 6 años. No podremos bañarnos dos veces en el mismo río. Definitivamente no.

Diferente no querrá decir peor o mejor. No podemos comparar porque cada tiramisú, cada persona es un universo en sí mismo. Distintos. Ahí reside parte de la esencia de nuestras vidas. 

No sé a qué sabrá el siguiente tiramisú pero me encantaría probarlo. El aroma que desprende me seduce y me invita a querer disfrutar de él deseando que nunca se acabe. Soñando que algún día todo volverá a empezar.

8.7.12

Compromisos y sueños


Cuando desempolvo la colección de trofeos de mi época en el Bosco -actividad que suelo hacer cada dos semanas-, una sensación de fragilidad hacia lo material recorre mis pensamientos. Esas copas están ahí día tras día en un rincón especial de la habitación. Pero apenas les presto atención. Son como piezas de un museo sin apenas visitantes. Sin embargo, lo que respira alrededor de esas insignias y reconocimientos viaja siempre conmigo. Son los múltiples recuerdos y vivencias, los sinsabores de la decepción y la dulzura del éxito. La experiencia al fin y al cabo de dos de las mejores etapas de mi vida: la primera como intento de futbolista que aspiraba a dedicarse plenamente a ello y la segunda como proyecto de entrenador de fútbol base. Las circunstancias y el destino hicieron posible que tanto en una como en otra fuera muy feliz. Porque más allá de las victorias que tuve la suerte de celebrar desde ambas perspectivas, me sentía auto-realizado. Satisfecho y orgulloso de mi trabajo.

Y detrás de todo ello imagino que yacía desde que era pequeño un compromiso. Una pasión visible para todos aquellos que me conocían, empezando por mis padres. No puedo negar que me encanta el fútbol. Que parece que con el paso de los años lo amo más si cabe. Y junto a aquél compromiso nacía un sueño. Ya no puedo jugar a ser futbolista ni tampoco aspiro a entrenador profesional. Pero por qué no vivir de lo que más me gusta y me llena, aunque sea por otras vías o medios. Este amor es algo in crescendo.

Puede que haya tomado decisiones personales y profesionales equivocadas a lo largo de mis 24 años -seguro-, pero en una vida cuyos giros en ocasiones son puros cisnes negros, debemos intentar ser dueños de nuestros destinos. 

No será sencillo...mas algún día los sueños se harán realidad.

24.6.12

Llegará


Algunos días. Ocurre al amanecer. Pilas recargadas. Energía rebosando los límites más insospechados. Simplemente no sabes por qué. Sonríes. Y saltas de alegría. Literalmente. Hasta puedes enunciar una rotunda expresión mezcla de ánimos y alegría. Ese archiconocido deportivamente '¡Vamos!' Que puede variar en su entonación dependiendo de lo que uno alargue la primera de sus vocales. 

Dicen que es felicidad. ¿Pero no era a caso más bien un camino que cierto estado de ánimo? Quizás ni siquiera existe. Es solo una forma de hablar. No lo sé. Pero ocurre algunos días. Otros son más bien cuesta abajo. Una especie de montaña rusa emocional. No es sencillo encontrar la estabilidad. ¿Pero saben qué? La vida es así.

Todo ha cambiado tanto en un año que no me atrevo a predecir nada de lo que estará ocurriendo de aquí a otros 12 meses. Intentaré como mucho previsualizar aquellos deseos y sueños que me encantaría que se hicieran realidad. Es gratuito y por qué no, a veces de ilusiones también se vive. Aunque solo sea tras algunos de esos amaneceres especiales llenos de alegría. Que ojalá no terminaran nunca. 

24 de junio. 24 años. Uno se acerca al cuarto de siglo en medio de no poca incertidumbre e inseguridad. Sin embargo, me gustaría que los mayas no tuvieran razón. Siento que está tan cerca que no tardará en llegar. O lo encontraré antes. A veces aquello que uno tiene tan cerca es incapaz de verlo. Es ley de vida y sus caprichos. El azar. O será el destino. No importa. Casi todo lo que nos rodea son señales que a veces dibujan líneas de esperanza; otras tantas de resignación. Pero todo seguirá girando. 

En ocasiones pienso que todo sucede por alguna razón. Y aunque en alguna de esas veces nunca lleguemos a saber realmente el porqué, habrá merecido la pena recorrer el sendero de los misterios. Ya saben, haciendo camino al andar.

Todo llega. Llegará. 



24.5.12

Un recuerdo


Un día. Siempre comienza un día. No sabes cómo. Pero te levantas. Asumes tus rutinas con indiferencia. Piloto automático. Cierras con llave. Todas las cerraduras. Compruebas táctilmente que llevas encima tu vida. Esto es: smartphone y cartera. Ahí reside tu identidad.

Tus pasos son firmes, seguros. Pero al mismo tiempo no sientes el pavimento que pisas. Ni la brisa que procede alegremente de unos cuantos barrios más al sur. Ni hueles el aroma de las flores que justo atraviesas antes de dirigirte al metro. Apenas te fijas en los detalles que te rodean. Eres tú y tu esfera. Solos. Nada más.

Hasta que algo te sacude por dentro. Será su mirada aterciopelada... La sonrisa que dibujan esos finos labios. O la camisa de cuello cerrado. Sus pequeños pasos mientras baila pausadamente hacia su destino. Bello, seguramente. Como ella misma. 

De pronto... Se gira. Y enrojeces sin tiempo alguno para sonreír como en las películas para aparentar normalidad donde solo brillaba la imaginación. Sigue su curso cuando tú ya llevas un buen rato parado. Sin reaccionar. Se aleja. El horizonte. Ya le has perdido de vista. Aunque sus huellas aparecen imborrables en tu memoria. No sabes ni quién es ni a dónde va. Pero sí que te gustaría volver a verla de nuevo.

Así, al día siguiente, sientes cada paso en las calles como si fuera lo último que te regalase la vida. La brisa marina es tu respiración y las flores son tu mirada que busca el sentido en cada segundo. Como si fuera entonces posible tocar la armonía de la Naturaleza con los dedos. 

Y puede que no vuelva a ocurrir. Que nunca más la encuentres. Pero tendrás un recuerdo sobre el que seguir viviendo. Y escribir. Una imagen sobre la que algún día convertir un sueño en realidad.

¿Por qué no?

20.5.12


¿Crees en el destino?

No lo sé. Puede que sí. Según el día. La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte, que diría aquél. Creo en la fuerza de la atracción. En pre-visualizar futuros acontecimientos en tu vida para que lleguen a suceder algún día. ¿Y si acaba ocurriendo? Me imagino allí. Contigo. Explicándote alguna historia como una excusa para sacar a pasear y relucir tu bella sonrisa. Para que tu mirada y la mía coincidan en una única dirección. Sin horizontes. Ni barreras de por medio. Solos tú y yo bajo la lluvia. Aunque apenas te conozco. ¿O sí? Qué más da. Es lo que realmente deseo.

No sé si es el destino o el azar. Si los caminos que son aparentemente tan distintos se cruzan por capricho y casualidad o si alguna fuerza invisible los conduce a encontrarse. En cualquier caso mi corazón suena distinto cuando te ve. Como si empezara a tocar una melodía más alegre y, por qué no confesar, llena de ilusión. Primaveral. 

¿Te gustaría...? ¿Te apetecería...? Aunque no me atrevo del todo. Pero debería. Solo quien arriesga gana aunque exista el no como peor enemigo en esos casos. ¿Será timidez? A lo mejor inconscientemente uno se protege detrás de un caparazón relleno de inseguridad y desconfianza por algunas experiencias pasadas. Y eso te hace esperar alguna señal que puede que no acabe nunca por llegar porque la tienes que activar tú mismo. Make it happen. Just do it.

Puede que falte valentía. O que sencillamente sea una bendita locura. Algo pasajero. Pero sé que me encantaría. Y, tarde o temprano, acabará ocurriendo. Mientras, el destino o el azar, como quiera él disfrazarse, seguirán haciendo de las suyas. Hasta que un día soleado, teniendo el mar de fondo cuán eterna estampa, te cuente que un día escribí todo esto soñando estar contigo.