7.10.13

Smartphone way of life



Cuentan que los niños ya no nacen con un pan bajo el brazo sino con un iPad. Vas a ver a los neófitos al hospital y te los encuentras ejercitando los dedos con suma agilidad e intuición. Nacen, literalmente, sabiendo. De hecho, uno va con toda la ilusión del mundo y emoción a verlos por primera vez, cogerlos entre tus brazos pero, no tienes opción alguna. El iPad y la tablet de turno ya forman parte de su cuerpo. Y no hay manera de desengancharlos. Lo dominan con más facilidad que sus progenitores. Que no haya dudas de ello. De hecho, se comenta que en las salas de maternidad organizan campeonatos para saber qué niños y niñas son los más avispados con este tipo de aparatos que marcan tendencia superada la primera década del siglo XXI. Eligen aplicaciones (apps para los modernos y amantes del lenguaje anglosajón -queda más cool, no lo vamos a negar-), en las que competir en pruebas de lógica, matemáticas... Esta especie de JJ.OO. para los más pequeños está siendo objeto de debate y discusión en las principales Facultades del planeta. Se rumorea, por cierto, que Mediapro va a hacerse con los derechos para las próximas ediciones.

Sin embargo, valga la anterior hipérbole para comprobar el contraste entre lo rápido que aprenden los críos y lo que les cuesta a los más mayores. Porque contra más tardas en entrar en la dinámica de lo táctil, más te cuesta. Aunque como todo en la vida, es cuestión de práctica. Y si no que le pregunten a mi madre, todavía en edad de iniciación con su smartphone. Tiene a un hijo que podría ser un profesor más atento y aplicado. Todo hay que decirlo. Aunque por ejemplo con el WhatsApp, poco a poco, le va pillando el truco. Aún tiene algo de miedo a dejarse llevar pero todo llegará. Quién sabe si acabará con perfil en Facebook y Twitter. "Mi madre me sigue en twitter". Tweet de @mamachopi: "@chopi_8 ya está la cena, Jordi!" 

En cualquier caso, ahora que mi madre va experimentando el placer de tener a su alcance en un pequeño aparato miles de posibilidades, entiende que mi ya envejecido SII forme parte de mi vida. Realmente tengo móvil-dependencia. Es duro asumirlo pero es así. A veces pienso que me gustaría probar varios días sin móvil. A ver qué pasaría. Si mi vida podría seguir igual sin consultar ni archivar los mails (soy un poco maniático del orden y odio tener llena la bandeja de entrada; siempre vacía y todo clasificado por etiquetas). Si respiraría de la misma forma si estuviera varias jornadas sin 'twittear'. Sin poner un 'like' en Instagram o una publicación con su hashtag adecuado o, en su defecto, molón. Sin entrar a cotillear en Facebook. ¡Sin 'whatsappear'! Es tremendo pero... Inevitablemente y sin darme cuenta, consultar un montón de cosas en el móvil  se ha convertido en el pan de cada día. Por no hablar de esas apps que ahora son un must -soy víctima del sistema, lo siento-, ya que puedes consultar los resultados de cualquier liga y deporte del mundo. Increíble. Yo soy el típico freak que mientras ve un partido entra a ojear cómo van los otros. Que cuando se levanta por las mañanas va a consultar si han ganado los Raiders, Athletics o Lakers. Soy consciente que, seguramente, hago en ocasiones un uso excesivo de ello. Que soy uno de aquellos ciudadanos a los que les vendría bien que facilitasen un carril para usuarios de smartphone. ¿Os imagináis? Además del carril-bici, el 'carril-smartphone'.

Mi vida se ha adaptado a estos teléfonos inteligentes y viceversa. No concebiría ahora mismo dejar de hacer un montón de cosas que ahora forman parte de una especie de rutina, no monótona sino atractiva y diferente. Pero, ¿son necesarias todas las cosas que hago con el SII? La respuesta es obvia. Hay algo de banal en todo ello pero los tiempos cambian, creamos nuevas necesidades, dependencias y nos adaptamos al contexto. Somos camaleónicos por naturaleza. Al fin y al cabo, si vemos todo esto como una oportunidad de estar conectados y como una forma de comunicación rápida y efectiva al tiempo que una herramienta de información inmediata, no es malo per se. Todo lo contrario. La clave es encontrar el equilibrio entre lo realmente necesario y lo trivial. Lo que puede esperar.

Porque gracias a este mundo de las redes sociales al que he accedido con un móvil como mi viejo querido SII he podido conocer a gente fantástica y que merece la pena así como participar e involucrarme en proyectos interesantes como Rondo Blaugrana. Sin ir más lejos, una mañana, tras haber salido de picos pardos, decidí coger el móvil y 'twittear'. El día anterior había ganado el Bayern la Supercopa de Europa. Pep. Desde entonces, algo ha cambiado. Hay nuevos ingredientes e ilusiones a mi alrededor. Porque, al fin y al cabo, no hemos de olvidar que todo en la vida fluye. Nada permanece. Así en la tecnología como entre las personas.

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