12.10.13

Grey en el metro

Se subió en la misma parada de siempre a la misma hora de casi siempre. Y apoyó la espalda en una de las barras verticales del vagón. Pero en seguida se dio cuenta de que había algo distinto en el metro esa mañana. A escasos metros enfrente suyo una chica de pose coqueta y mirada traviesa leía un libro con suma atención. Pudo ver las palabras "sombras" y "Grey". La joven, que apenas llevaría una treintena de páginas recorridas, captó su presencia y le devolvió el guiño con sus ojos de avellana. Llevaba unos pantalones ajustados a medio camino entre lo azul, lo verde y lo etéreo. Unos botines que acababan en punta. Y una camiseta rosa chicle escotada que hacía juego con el color de sus labios. Tenía un 'look' de teenager atrevida y desafiante. Que le recordó no sabe por qué a la película de las vírgenes suicidas.

Como tenía solo 3 paradas hasta su destino, no dudó en ir alternando miradas en la chica con cambios de dirección. Como si la cosa no fuera con él. Ella se sentía plenamente observada y cuando no le devolvía el gesto clavaba la vista en las hojas del libro al tiempo que se iba mordiendo paulatinamente los labios. Entonces el chico no aguantó más. De repente estaban ambos en un pasillo de uno de los edificios más altos de la ciudad. En el interminable pasillo de una decimocuarta planta desde la que se veía el mar muy cerca. La cogió de la cintura y la empotró contra la pared mientras la empezaba a besar con deseos de lujuria y sin freno alguno. Hasta que entraron en una habitación que tenía la puerta ligeramente abierta. Ella le confesó, ya estirada en la cama, que era virgen. El joven, que le sacaría unos 10 años, se aturdió un poco al inicio pero decidió rápidamente que debía firmar en un papel que aceptaba perder la virginidad con él y que estrictamente aquello iba a ser solo sexo. Sin sentimientos de por medio. La chica aceptó sin demasiados inconvenientes y al poco ya estaba desnuda. Él solo se había quitado toda la parte de abajo además de la americana, dejándose la camisa y corbata puesta. Le encantaba hacerlo con la corbata puesta. La exploró con suavidad hasta encontrar el punto para aumentar la intensidad y empezaron. Ya fue un no parar en el que ella gemía sin parar, sintiendo mucho dolor, sobre todo al inicio. 

"Próxima estación..." Era ya la hora de bajarse. Nunca antes se le habían pasado tan rápido las tres paradas de turno. Decidió salir sin mirar por última vez a la chica de los labios de chicle que leia 50 Sombras de Grey. Pero una parte de su imaginación seguía en aquel rascacielos desde el que se veía el mar. Ahora le tocaba entrar en la oficina para una nueva jornada de trabajo pero ya no podría olvidar aquella mirada y ese lenguaje gestual que le había excitado tanto. 

No hay comentarios: