Ayer, mientras estaba a ras de césped en el Camp Nou tuve aquella peculiar y única sensación en la que el tiempo se detiene durante varios segundos y se eriza el vello corporal. No terminaba de creer que estaba allí realmente. A escasos metros de la línea de cal, con el 2 de Alves tan cerca. Me sentí un privilegiado. Era para mí como un sueño hecho realidad. Si me llegan a decir dos, tres años atrás que me vería en una así, hubiera sonreído con incredulidad por no decir que habría exclamado alguna cosa en plan: "¡Ni de coña!" Era por cuestiones de trabajo, una acción que ni siquiera forma parte de mi día a día. Un extra en toda regla. Venía el viernes de haber estado haciendo lo mismo en Palma de Mallorca y el domingo anterior en Zaragoza. ¿Era real?
Desde bien chico soñé con ser futbolista y como culé te imaginas algún día jugando sobre ese bello e impecable tapiz que dibuja una alfombra como no hay otra para tocar el balón por el suelo. A falta de poder vivir de ello, cuando creces y sigues conservando o incluso aumentando tu fiebre de fútbol teñida de blaugrana pues deseas poder ver en las mejores condiciones posibles y desde los mejores sitios un partido de tu equipo. Ayer fue uno de esos días. No tenía la perspectiva ideal porque se necesita algo más de altura para poder ver algo mejor todo lo que sucede pero fue lo más parecido a estar ahí con los jugadores. Con una vista muy similar a la de los técnicos.
Fue en esos momentos en los que sentí que el tiempo se había detenido que me di cuenta que estaba viviendo algo que nunca hubiera pensado que llegaría a suceder. Algo que, personalmente, valoro mucho. Soy consciente que puede que nunca vaya a repetirse algo parecido y que hoy estoy en Imagina-Mediapro, pero mañana... Quién sabe. 24 años, todo un sendero por delante y en un mundo de tanta incertidumbre, lo que hoy se presenta como seguro y fiable, al siguiente amanecer puede dejar de serlo. Por ello, pase lo que pase, quiero intentar aprovechar todo lo que se presente y estoy convencido de que cualquier sacrificio merecerá la pena.
Apenas a 2 meses para el cuarto de siglo, me di cuenta que algún sueño de infancia se había hecho realidad. Que otros tantos seguirían en el horizonte y que quizás, sin ser consciente de ello, acabarían llegando.
Todo fluye sin parar. El azar sigue barajando las cartas mientras recorremos unos caminos que se terminan cruzando. Y nunca sabes realmente cómo empieza ni qué sucederá pero sí estás seguro de que algo ha ocurrido. Alguna cosa distinta a lo habitual y lo normal ha empezado a moverse, cuanto menos, en tu interior.
La vida es así. Cuando menos te lo esperas, te sorprende.

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