
La primera vez que oí hablar de algo llamado Super Bowl fue a raíz de un anuncio televisivo en Canal+. Hacía no mucho que disfrutábamos en el hogar del canal de pago y recuerdo perfectamente el anuncio: un joven durmiendo en su cama con el pijama todo puesto, pero con la pelota de fútbol americano de la NFL entre sus manos. Era la final entre Denver Broncos y Atlanta Falcons. De eso este sábado se cumplirán 10 años.
Pasarían dos años hasta que grabé la primera final de la liga de fútbol americano más importante del planeta. Es un recuerdo trágico y a la vez emotivo puesto que la madrugada que se enfrentaron los Baltimore Ravens y los New York Giants, mi abuelo materno falleció. Los Ravens ganaron a base de una defensa épica y bestial y gracias también a la efectividad en los equipos especiales. Una temporada antes Saint Louis Rams había derrotado a Tennessee Titans.
Desde entonces mi afición por la National Football League (NFL) no ha ido sino creciendo. El colofón esperado por todos es la dicha Super Bowl, en que se enfrentan los ganadores de ambas conferencias, la AFC y la NFC (Conferencia Americana y Nacional respectivamente).
Comenzó en 2002 la leyenda de Tom Brady, capitaneando la última de las dinastías, los New England Patriots, desde la posición de quarterback. Ese año vencieron a los Rams de Saint Louis en un partido del que recuerdo perfectamente el field-goal ganador de Adam Vinatieri. Los Rams partían como favoritos claros ante un quarterback inexperto como Brady; además los de Louisiana contaban ya con el cuerpo ofensivo que les había liderado a la victoria en la Super Bowl dos temporadas antes. Ese ataque de los Rams es considerado uno de los mejores de toda la historia, con Kurt Warner de quarterback y receptores como Isaac Bruce o Torry Holt y Proehl (tight-end). Marshall Faulk, el gran Marshall Faulk, era además su principal corredor (running-back). Pero Brady, dirigido desde la banda por el maestro Belichick, giraron el rumbo de la historia.
La Super Bowl del 2003 es mi recuerdo deportivo sobre la NFL más desgraciado ya que los Oakland Raiders llegaron a ella y sucumbieron apalizados ante Tampa Bay Buccanneers. Siempre me he sentido de los Raiders de forma especial, por encima del resto. Grabé la final como siempre y al día siguiente extrañamente amanecí malo, así que mi madre decidió que no fuera al colegio y que guardara reposo. La teoría más aceptada al respecto es que mi cuerpo generó una enfermedad dada la ansiedad personal por ver el partido y por el hecho de poder disfrutar y celebrar una victoria de los Raiders. Pero la paliza fue brutal... Ahora mi equipo navega desde entonces sin haber conseguido una temporada con récord positivo en el balance de victorias-derrotas.
Las dos temporadas siguientes fueron la confirmación de la hegemonía y dinastía que antes he mencionado de los Patriots. Primero ante Carolina Panthers, en la que es una de las finales más emocionantes que he visto estos años, donde los últimos partían de una posición de cenicienta ante los todopoderosos Patriots, y casi al final dieron la sorpresa. Vinatieri de nuevo decidió en los últimos segundos. Al año siguiente los Philadelphia Eagles desafiaron la supremacía de la AFC y New England en la gran final. Podría haber sido la primera vez en la historia en que un quarterback negro, Donovan McNabb de los Eagles, ganaba el campeonato. Pero los Patriots eran mucho Patriots... Era la Super Bowl XXXIX.
Llegamos entonces a un número redondo. Cuatro décadas de grandes partidos y mucha emoción desde que toda la magia que envuelve la finalísima arrancase un 15 de enero de 1967, con un tal Vince Lombardi y la dinastía de los Green Bay Packers como primer gran emblema del fútbol americano. No es casualidad que el trofeo de ganador de la Super Bowl se denomine Vince Lombardi.
Tras New England, la AFC continuó imponiendo su ley los dos años siguientes. Primero los Pittsbutgh Steelers con el carismático Bettis en la posición de running-back y dirigidos por el mítico Bill Cowher en la banda además de un joven quarterback como Ben Roethlisberger y la enésima repetición de la famosa Steel Curtain (debido a la gran defensa), vencieron en un partido no muy brillante ante Seattle Seahawks. Lo peor de todo fue que al llegar al colegio (segundo de Bachillerato cursaba), un compañero me dijo que habían ganado los Acereros. No solo me parecía algo ofensivo oír la traducción literal sino que me aguaba la gracia de ver la final grabada sin saber qué equipo se había llevado el triunfo.
Pero eso mismo ya no se repitió al año siguiente. Primer año de carrera y la locura ya había ganado enteros en mi personalidad. Algunos dirían que es de frikis... Total que me quedé a ver la Super Bowl en directo por primera vez en mi vida. Nunca lo olvidaré. Ganaron los Indianapolis Colts a los Chicago Bears con el gran Peyton Manning de quarterback y de esta forma además Tony Dungy se convirtió en el primer entrenador principal (head coach) negro en ganar la final. Me acompañó esa noche viendo el partido una Coca-Cola además de la pelota de la NFL, réplica oficial de merchandising, que aún conservamos encima del televisor.
La segunda final que vi en directo fue el año pasado. La última Super Bowl hasta el momento. Fue un partido increíble de esos que pasarán a la historia por varios motivos. Los Patriots llegaban nuevamente al partido más importante y más favoritos que nunca. Habían ganado todos los partidos que habían disputado ese año, absolutamente todos. Pero perdieron ante los New York Giants en el decisivo encuentro. Una jugada del hermanísimo de Peyton, Eli Manning, desde la misma posición, encontrando al receptor abierto Tyree, pasará a los anales de la historia. Ese fue el detalle mágico y épico. La realidad más allá de ese broche histórico y fantástico fue que la defensa de los Giants vapuleó al mejor ataque de la liga liderado por Brady y compañía. Fue un gran broche de oro para el defensive end de los de New York, Michael Strahan, que se retiró tras la victoria y que era el auténtico jefe de la defensa, magistralmente dirigida por el coordinador defensivo Spagnuolo. En dos años consecutivos se producía el hecho hasta entonces inusual de que dos hermanos liderasen desde la posición de quarterback a sus equipos a ganar la Super Bowl.
Y este domingo viene una más. Y ya irán XLIII. Para mí sería la tercera que intentaré ver en directo y en global la novena que voy a poder disfrutar. Sino eres aficionado a la NFL y al fútbol americano cuesta entender qué es lo que nos lleva a disfrutar con un deporte tan peculiar. La emoción y la pasión que se erige en un partido donde el peso de la historia separa a vencedores y vencidos es muy elevada. Ganar es sinónimo de eternidad. Levantar el Vince Lombardi no será una acción en vano jamás. Pero más allá de la gran final, los equipos han recorrido un largo camino desde septiembre; yo también he ido siguiendo la liga como he podido con partidos en directo (gracias a Digital+ y su excelente cobertura de la NFL) y mucha nfl.com casi a diario.
El domingo se enfrentarán en Tampa (Florida), los Pittsburgh Steelers representando a la AFC y los Arizona Cardinals por la NFC. Espero tener tiempo para redactar una previa y algunos detalles antes de la Super Bowl.
Y si alguno se anima, ya sabe. Una cita histórica aguarda al otro lado del Atlántico, amenizada además con buena música en el descanso (Springsteen), la censura para evitar sucesos como el pecho de Janet Jackson (ya han censurado un anuncio de comida vegetariana por su contenido presuntamente sexual), y emoción, mucha emoción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario