
Casi 21 días han pasado del nuevo año hasta que me aventuro a escribir. Lo cierto es que existen gran cantidad de frentes abiertos y de sucesos que han mediatizado la atención y a las masas estas últimas semanas.
Por un lado, ayer Barack Hussein Obama se convirtió solemnemente en el 44º Presidente en la historia de los Estados Unidos. Su discurso inaugural, menos retórico que los de campaña, estuvo cargado de sobriedad y confianza, tanto en el cambio necesario de imagen y contenido en Washington, como confianza en la esperanza por encima del miedo que es capaz de generar el terror y el terrorismo. Imagino que mucha de la progresía, mucho pseudo-progre y gran parte de los que se consideran de izquierdas estén algo decepcionados por algunas cosas. Y lo que les quedará por ver. Obama ha organizado un gobierno para recuperar al país de la grave crisis económica, su principal prioridad, para paralelamente en el escenario internacional tender la mano a todas las naciones y pueblos de la tierra, y volver así al ansiado multilateralismo.
Para desgracia de muchos, Estados Unidos seguirá siendo la primera potencia mundial bajo el nuevo presidente, y tanto él como la nación actuarán de acuerdo a tan alta responsabilidad. Obama no es un Mesías pero es un personaje político necesario en la Historia de la Humanidad. La Historia, no solo de Estados Unidos, sino Universal, requería de un Obama. Y Obama necesita a la historia y los valores sobre los que se fundó su nación para liderar el rumbo con firmeza y seguridad, responsabilidad.
Reseñable la gran cantidad de público que acudió a la toma presidencial, superando todo lo anterior, y personalmente me satisface la solemnidad con la que se llevó a cabo el acto y también envidio ese sentimiento unitario y ese sueño colectivo común que comparten los estadounidenses, con independencia de su raza y partido político. Puede ser que en ocasiones abusen de patriotismo, pero en mi opinión su fe y amor por la patria es digno de admirar y me gustaría que algún día se respirara ese ambiente por España.
Otro asunto que ha iniciado todos los noticiarios las pasadas semanas hasta casi ayer y hoy, ha sido el nuevo episodio de enfrentamientos entre palestinos e israelíes. La paz es un horizonte que a día de hoy parece difícil de lograr, así que no sería extraño que a la última de las treguas apuntada tras los ataques en Gaza (Operación Plomo Fundido), se fueran sucediendo nuevos ataques, que a su vez llevarán a una nueva tregua. El objetivo deseado por toda persona sensata y demócrata sería la paz entre ambos pueblos, el palestino e israelí.
Ambos pueblos tienen el derecho a tener una nación y un estado y convivir democráticamente. Tienen el derecho a no ser pisoteados, ni el pueblo palestino por el abrumador ejército israelí ni Israel por los terroristas de Hamás. No se debe olvidar el carácter terrorista, integrista y radical del grupo islámico Hamás, el cual mantiene unas acciones continuas de sometimiento y adoctrinamiento sobre un pueblo palestino que, ignorante en su mayoría además de pobre y maltratado, se aferra a cualquier clavo ardiente. Peligroso, demasiado, es que Hamás pueda ir alentando el odio hacia Israel y los judíos. Por otro lado me parece lamentable cualquier comparación entre los ataques de Israel a Gaza y el holocausto. Lamentable y vergonzoso; como la actitud del Conseller d'Interior, Joan Saura, uno de los ejes del Govern d'Entesa que ajeno a su cargo y responsabilidad acudió a una manifestación donde en lugar de apoyar al pueblo palestino y sobretodo apozar a la paz y las libertades, se oyeron poco más que gritos y descalificaciones anti-Israel y antisemitas. No se trata de ser imparcial o alinearse con unos u otros. El conflicto entre Israel y Palestina no consiste en una tarea tan maniquea.
Por último debo decir que condeno los ataques del ejército israelí y la muerte de tantos civiles, ese pueblo inocente que siempre sufre los quehaceres de las altas esferas y de la guerra. Pero también condeno las acciones y la actitud provocativa de Hamás. Con las cosas así parece complicada la solución y la viabilidad hacia dos estados distintos, uno palestino y otro israelí, que convivan bajo la tutela de la democracia y las libertades en Tierra Santa. Por eso la paz debe ser el horizonte. La tierra origen de todas las religiones monoteístas debería ser un escenario idílico y no de terror, violencia y miedo.
Dejando de lado la internacionalidad de dos eventos que han marcado la pauta en los últimos tiempos debo retomar algo que en su día anuncié. He aprobado las cuatro asignaturas que hice en el primer trimestre. Notas mediocres con esfuerzo, todo sea dicho. Econometría I:5,0; Contabilidad Financiera I:6,0; Economía Europea:7,5; Economía Financiera I:5,2. Objetivo cumplido aunque cualquiera podría desear que fueran mejores. De todas formas para banalizarme en lo numérico y llenarme algo de satisfacción ante tal perfil de estudiante universitario mediocre, he sabido hace poco que la nota de mi expediente por el momento es de 7,11. Sería una buena meta el hecho de no bajar del notable al final de mi carrera académica en la Pompeu. Veremos.
La excusa que justificaría mi ausencia en el nuevo año por este magnífico rincón de sueños e ilusiones, realidad, sería que el famoso catarro de estas épocas me ha lastrado poco más de dos semanas, o casi tres. Alguna que otra noche en vela por la maldita tos me ha hecho presentar un aspecto desangelado y poco poético algunos días.
El domingo será el primer día del resto de mi vida. Trascendental. Tardaré menos en volver.
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