30.12.08

Legado humano


"Para ahuyentar la soledad, para espantar la decepción, porque estas ansias de vivir no caben en una canción, porque no importa el porvenir creímos en el rock and roll. Por eso estamos aquí, equivocados o no" (Amaral - Kamikaze)

Nunca es tarde si la dicha es buena. Dicen. Pero a veces es mejor dejar pasar el tiempo y las cosas. La vida es así y no cabe reconstruir el pasado. Mirar adelante es la única forma de avanzar, de progresar. Y tenemos un preciado presente que hay que vivir. Disfrutar. Pese a que la vida está llena de momentos tristes y desangelados.

Es una impresión seguramente influida por la emotividad y el peso de la vida, pero lo cierto es que las Navidades son una época en que el cielo decide llevarse a su jardín a muchos de nosotros. Recientemente ha habido dos fallecimientos, uno que concierne más a mi santa madre y otro más cercano para todos, no de la familia pero sí del día a día. Unos días en los que se encuentra la Paz para descansar eternamente junto a los seres que uno quiere, así en el cielo como en la Tierra. En las Navidades del 2000, mi abuelo paterno estaba ingresado y gravemente enfermo. Nos abandonó en lo terrenal a finales de enero del año que iba a entrar. Su hermano falleció cristianamente un 23 de diciembre de 2003. La estampa que conmemoraba su persona y bondad la solía llevar conmigo en la cartera hasta no hace mucho. Ahora la porto en el recuerdo y la conservo guardada. Fue el primer funeral al que fui. Tanto él como mi abuelo eran personas llenas de bondad y generosidad que hicieron todo en vida por los suyos, por su familia.

Despedir el año con notas acerca de la muerte no es algo triste. La muerte es lo único que dignifica a todos los hombres y mujeres ya que los hace igual de vulnerables. Además personas como ellas que nos dejaron en estas fechas son un ejemplo de que vidas así se recordarán para siempre puesto que dejaron tras de sí un legado de buena fe y grandes voluntades. Lucharon en vida por lo que creyeron y vivieron tantos años como quiso su corazón. Entonces llegó el día en que se reencontraron con antiguos compañeros y compañeras de sendero, al tiempo que nos seguían observando a los que aún estamos entre los vivos, haciendo todo lo posible para que seamos felices y sigamos avanzando por los caminos sin recorrer angostos trechos. Ante la pérdida de un ser querido es difícil estar preparado. Suele acogerte por sobresalto sino se trata de una larga enfermedad. Y aún así, nunca uno está preparado ni listo para saber que el resto de sus días no gozará de la presencia física de esa persona. Aunque nos deje en lo terrenal, seguirá luciendo e iluminando nuestros pasos allí donde vayamos. Y superar la pérdida de un ser querido es un obstáculo más, una prueba, un auténtico desafío que sugiere la vida, cuya esencia es la dualidad entre el sufrimiento y la alegría.

También cuesta estar preparado para morir. Cuando ella quiera vendrá a por nosotros. Sino es el momento lucharemos cuanto haga falta para agarrarnos a la vida. Pero si es lo mejor para nosotros y los que nos acompañan, nos apartaremos de lo físico. La eternidad y el recuerdo imborrable e inmemorial aguardan al otro lado de las montañas. Tras cascadas imponentes y brutales desfiladeros se alza una escalera divina hacia lo celestial. No se trepa ni se sube con esfuerzo físico; se trata de una barrera que solo el alma y el corazón pueden recorrer y traspasar.

Agoniza el año y no me puedo olvidar de toda la gente que nos ha dejado. No importa que no sean familiares ni conocidos y aunque estas palabras en su honor signifiquen poco, son un símbolo de la gloria y dignidad que merece todo ser humano, más si cabe cuando la muerte llama a la puerta. Por todos aquellos que nos han dejado este último año y son un ejemplo para seguir mirando adelante con ganas por vivir y disfrutar.

Como prueba de ausencia de egoísmo y como signo de generosidad aquellos que nos dejan ceden su espacio para que nosotros podamos seguir alimentándonos de vida. La mortalidad del físico se suple con la eternidad del alma y el corazón. El amor y la paz que impregna nuestros seres queridos al fallecer son el mejor legado que deberíamos irradiar por los cuatro vientos.

Paz y Amor.

Feliz y Próspero Año 2009.

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