Difícilmente se pueden olvidar ciertas cosas. Aquella lasaña de carne de Roma del 2006 es un claro ejemplo. Muchos meses más tarde, al terminar segundo de carrera y para celebrar mi cumpleaños junto al de una amiga quedamos para cenar. Me pedí una lasaña después de algunas recomendaciones. Era la primera que comía tras la de la capital transalpina. Con el recuerdo romano siempre en mente a menudo solía recordar a mi madre, una excelente cocinera que nos tiene mal acostumbrados en casa a comer muy bien, que preparara tal manjar algún día. Al comenzar la universidad este trimestre la cocinó. El resultado fue extraordinario. Y ahora que el martes que viene comienzan exámenes, que el trimestre ha terminado, ha vuelto a brindarnos con una lasaña, más exquisita aún que la primera vez. Debilidad por el gusto. Sencillez.La verdad es que voy a afrontar cuatro exámenes, a cuál más diverso. Para casi todos los gustos y motivaciones. En algo endémico en mi persona, Econometría I será la que me vaya peor seguramente; herencia de Probabilidad, Estadística e incluso Matemáticas III, en las cuales si mal no recuerdo no he pasado del 5,2. La mayoría de boletos para volver a septiembre se concentran en tal asignatura. Luego en Economía Europea confío mucho más. No solo porque me gusta el contenido y temas de ella sino porque confío en mi capacidad para redactar de forma sintética lo que me piden, algo esencial en exámenes de historia económica similares. Además de Econometría I, Economía Financiera I puede ser también muy complicado aunque la mayoría de ejercicios siguen una rutina. Mala fortuna con el profesor pero es aprobable sino se exceden en la dificultad. Para terminar, Contabilidad Financiera I, en la que será demasiado difícil sacar buena nota así que el objetivo es aprobar, y según el profesor, eso será posible. Veremos sí.
Para rematar estos apuntes sobre los exámenes, decir que si hay algún objetivo, es el de aprobar. Atrás, muy atrás quedaron las metas de sacar excelentes y notas excelsas. Ya no soy muy buen estudiante. Incluso he anulado la convocatoria ordinaria y la extraordinaria (septiembre) de Historia Moderna A, una de libre elección en la que me matriculé pero que fue completamente un error. Sé que si le pusiera a algunas cosas de la universidad el mismo entusiasmo que a la hora de preparar un entreno o un partido, o la dedicación y ganas por escribir, los resultados serían mucho mejores. Pero la vida es así. En vez de llevarlo todo o casi todo al día, vas acumulando para el final materia, sobretodo la que menos te gusta y te interesa. Esa es la diferencia entre unos estudiantes y otros, de entre otras muchas cosas.
Siempre nos quedará el increíble sabor de la lasaña. Sobretodo de esta matriarcal lasaña si está hecha con carne picada de la Pili, cuya carne es la mejor de todo el mercado de Montserrat, en el barrio. Esa carne picada obra milagros cuando se combina con la pasta o simplemente en unas hamburguesas. Es impagable el precio de una buena carne picada. Me está entrando hambre de cenar, y como el Barça juega a las diez (son irracionales la mayoría de horarios de la LFP), uno debe cenar pronto. Si uno puede, nunca debería comer viendo fútbol porque no solo se puede cortar la digestión según la evolución del partido en cuestión sino porque se trata de un acto religioso y divino. Nadie se imagina a nadie comiendo un bocadillo mientras está en misa. Me dirán que exagero, pero para nada. El fútbol es otra religión más, con sus banalidades y su trivialidad intrínseca. Y como otras, para mucha gente es un medio de salvación y felicidad. Si el Barça gana títulos, los culés alcanzamos el nirvana.
Ya dejaré claro si los exámenes me han hecho carne picada o no. De momento comer y descansar bien.
Y aquí paz, y después gloria. (versión chopista: Y aquí lasaña y después siesta.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario