No cesa la lluvia bien entrada la noche. Lluvia, de goles, que esperaban muchos aficionados culés antes del gran clásico contra el Real Madrid, sobreinfluenciados por los medios de comunicación y su capacidad para generar estados de ánimos sobre la gente. Son los primeros - y últimos- que crean y destruyen este tipo de ambientes, sensaciones, estados de ilusión, ánimo... Pero el fútbol supera a todo. Afortunadamente es mayor su poder que la lógica; de caso contrario la planitud y expectativas serían demasiado presentes y no habría lugar para el juego, para el azar. El fútbol es grande, muy grande.
Ya esta mañana había tenido mi particular dosis de tensión, nervios y ansiedad. Al final los críos han sacado adelante un partido por 3 a 2 y siguen líderes con 30 puntos sobre otros tantos disputados. Como entrenador, ¿quién no firmaría acabar ya...? Pero la liga es muy, muy larga...
Entonces llega el clásico y patente desde el primer segundo la excitación de que es un partido diferente, especial. Cuesta quizás hasta definir lo que uno siente.
El Real Madrid ha sacado la casta y el orgullo histórico, la raza blanca, y ha realizado su partido, el que quería Juande Ramos, su nuevo técnico. Muy bien plantados en el campo, sólidos defensivamente y buscando cazar alguna a la contra. Y han tenido dos ocasiones bien claras para meter gol; Valdés ha estado providencial en ambas. El equipo de la capital ha dejado una muy buena sensación y sabía desde un inicio a qué había venido al Camp Nou, a diferencia de partidos atrás. Eran constantes las jugadas de ataque barcelonistas en las que todos los jugadores del Madrid se encontraban detrás del balón. Tácticamente Juande ha planteado un sistema defensivo, pero muy serio. Quizás es la vez que he visto más defensivo al Madrid en un clásico, pero el estilo y las razones son justificables. No hay nada que reprochar al esfuerzo y ganas de los blancos. Todo lo contrario. Lo peor ha sido la manera grotesca de intentar frenar a Messi, y que lo hayan logrado: a base de faltas continuas y juego excesivamente duro. Juande había trabajado muy bien el partido, y ejemplo de ello son las numerosas ocasiones en las que dejaban a Puyol o Touré recorrer largas distancias con el balón conducido. La gran virtud del Barça es la fluidez en la circulación de pelota, pero tapando a los creadores, y en esencia a Xavi, el juego se atropella y entra en ciclos depresivos.
Nervios, más tensión.
Pero el Barça de esta temporada es un equipo ambicioso y con hambre. Prueba de ello es que a pesar del esfuerzo físico y el derroche defensivo madridista, en todo momento ha querido tener la iniciativa de llevarse el partido. Ha buscado en gol con más insistencia y con mayor o menor fortuna. En cierta forma el Barcelona ha actuado de equipo grande, de líder que es en la clasificación, mientras que el Madrid ha adquirido más el rol de equipo inferior, sin que se mal interpeten estas palabras. A Messi después del conjunto de faltas desmesuradas lo han sacado del partido. Xavi, que hoy estaba seguramente más espeso de lo habitual, no ha dirigido el timón con tanta soltura y elegancia. No ha podido y eso es mérito del rival, y en particular de la labor oscura de Guti y Gago. También, pese a que Ramos y Drenthe habían sido situados en la banda izquierda para tapar a Messi y Alves, una fuente de peligro habitual en los partidos de los azulgrana, el Barça inclinaba siempre el juego más hacia ese lado. Al inicio con más fortuna y mejor destino que a medida que iba evolucionando el encuentro. Gudjohnsen ha estado flojo, pero era ya de inicio el que más podía cantar del once inicial; un hombre joven como Busquets, más lúcido de ideas y rapidez a la hora de ejecutar, le ha otorgado cierta frescura al medio campo y algo de desahogo a Xavi. Incluso ha provocado el penalty. Una pena máxima que Eto'o ha errado.
Nervios. Más tensión. Ai, ai, ai... Tenemos que ganar.
Casillas es espectacular. Después de algunas críticas, afortunadamente -y hablo como aficionado al fútbol- ha vuelto a hacer una gran actuación. El muro del Madrid, del que se debe destacar que ha defendido como nunca, tanto en lo colectivo como uno por uno, ha sido derribado por el engranaje azulgrana tras un córner. Ya pasaba el minuto 80. Eto'o se ha recuperado del penalty y ha estado en el lugar idóneo para tocarla con lo que sea y meter gol. Destacar la valentía y garra de Puyol, que ha dado un salto increíble para rematar con la cabeza dirección a la zona de peligro, donde ha aparecido el camerunés. El Madrid se ha lanzado a la desesperada en un intento de salvar un punto. Un empate que inicialmente era el resultado más buscado por ellos, que saltaron al campo con la idea de no perder. Ese era el objetivo; y si caía el gol en alguna jugada rápida de contragolpe pues excelente. Ya con el Madrid volcado, el Barça ha podido disfrutar de su única contra en todo el encuentro y Henry con una asistencia a Messi ha dejado que este se reivindicara con una delicada definición que Cannavaro ha estado a punto de evitar. Una bravura la del italiano que se golpea el poste en su intento desesperado de salvar el gol, que bien define al equipo capitalino de hoy.
El Barça crecerá más con este partido. Está aprendiendo a vivir y lidiar con todo tipo de reses y situaciones. Inter o Chelsea, equipos de corte similar a lo que ha desprendido hoy el Real Madrid, intentarán golpear al Barça de esta forma. Seguramente tenía que ganar hoy el Barça porque así lo quería la historia. Porque quizás este es el año de los culés, y vuelven afortunadamente para todos los que somos de su parroquia, los títulos. Pero las formas cuentan y mucho. Es una buena noticia para el fútbol que el otro gran equipo haya dado una gran imagen y solidez. Claro está que si hubiera ganado el Barça de goleada mejor para todos nosotros. Doce puntos es una distancia considerable pero queda mucha Liga por delante.
Soy culé y me voy satisfecho a dormir; pero sobretodo contento porque la grandeza del fútbol es tan intangible y enorme a la vez... Mérito el de Guardiola por implantar el espíritu de equipo, hambre y ganas por ganar e ilusionar. Que no es poco. Sobretodo el hambre es importante, no solo en el fútbol sino en la vida. Tener ganas por mejorar y progresar es fundamental. El Madrid ha hecho un lavado de cara hoy que seguramente no será circunstancial. Un nuevo rumbo les augura pero difícilmente este año podrán llevarse muchas alegrías. La historia, y el deporte no es una excepción como tampoco lo es la economía, es cíclica. Unos años ganan unos, y otros años, otros. Pero solo puede ganar un equipo. Esa es la gracia de la cuestión.
Los dos equipos más poderosos de España y un clásico eterno. Un fuego cruzado que va más allá de la realidad, supera al mito y genera un simbolismo transfutbolístico brutal. Soy un culé en mi Barcelona natal, con mi padre segoviano pero culé y mi madre cordobesa también culé. Sé que las alegrías en Can Barça no duran toda la vida así que hay que disfrutar del momento y de las temporadas en que se consiguen títulos. Se está en el buen camino y mínimo, como premio a la regularidad y al esfuerzo constante, la Liga debe ser una gran recompensa. Queda mucho, pero igual que les he dicho a los críos que si hoy ganaban tenían 30 escalones (30 puntos) de los 90 escalones que hay que subir para llegar a la meta (30 partidos en total por 3 puntos = 90 puntos), lo cierto es que queda mucho por recorrer para el Barça. Ojalá aguante la dinámica del grupo y la ilusión.
Visca el Barça y viva el fútbol.
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