
Amanezco casi a la 1 del mediodía; volviendo a las andadas vacacionales; estilo veraniego. Es Sant Esteve y la lluvia parece que lleva arreciando constante toda la mañana. Si no me equivoco es el primer Sant Esteve que comeré solo junto a mis padres. Atrás quedaron aquellas reuniones familiares que solían ser en este día con la familia de mi madre. El 25 con la de mi padre y ayer no fue una excepción. Tenía ganas de volver al rincón y refugiarme en la soledad de los minutos y la compañía de la música. Música la que sonó tras saborear el fin de exámenes de lunes a miércoles en comunión con amigos y amigas de la universidad y gracias sobretodo a la generosidad y bondad de una de ellas. Curiosamente hoy al levantarme y poner un canal musical en la televisión han sonado seguidas dos canciones que me han traído el cercano recuerdo de tales días, los cuales pese a breves han sido geniales. ¡Qué mejor compañía para iniciar las Navidades qué ellos!
Entre cambios de temperatura y humedad, entre unas cosas y otras, me pica mucho la garganta y quizás incubo anginas ya. Por eso, para no acordarme del dolor entretengo al gusto con un caramelo de palo. De lo que si me acuerdo es de este año que nos está a punto de de dejar. Un año que está consumiendo sus últimas fechas a ritmo frenético. Existe algo de magia en toda la convención temporal y estacional puesto que permite que el año acabe en Navidades, un período donde parece que se vive en un estado de tregua que uno sabe que cesará al cambiar de dígito y mes. Para muchas familias será la cuesta de enero. Para la política mundial será el estreno de Obama como Presidente de los Estados Unidos. Llegará pues un año 2009 del que parece que nadie espera nada positivo, sobretodo en el terreno económico. De alguna manera es como si quisiéramos pasar directamente del 2008 (el entrante o aperitivo a nivel económico) al 2010 (año previsto de recuperación). Ya llegarán tanto el 2009 como el 2010, y si aquí estamos para vivirlo también estaremos para explicar historias y narrar cuentos.
Por el momento y como no se trata de agonía alguna, se puede ir recordando lo bello del 2008, que nos va dejando cuán amante extranjera que estudia de Erasmus en la condal y vuelve a su país. Simplificando mucho y por la parte que me toca la verdad que este año ha sido el más glorioso en la historia del deporte español.
El triunfo en la Eurocopa ha sido de lo más grande que he podido vivir -algo equiparable pero no equivalente a los titulos del Barça-. La selección sacudió a todo el viejo continente en una demostración brutal y exquisita de buen fútbol y determinación. Un sueño hecho realidad. Otra selección que nos hizo soñar despiertos fue la del baloncesto con su plata en Beijing ante los NBA. Una plata que nunca más supo ni sabrá tanto a oro en unas Olimpiadas. A nivel individual destacar la excelencia de Rafael Nadal, llegando al número 1 del tenis mundial y ganando Roland Garros, Wimbledon y JJ.OO. en una misma temporada. El rey de la tierra batida que no pudo ser partícipe de la gesta de sus compañeros en Argentina, donde la Armada se trajo la tercera ensaladera a nuestras tierras. Una deportista que también ha marcado el ritmo en este año en su especialidad es Gemma Mengual, la sirena y auténtica reina de los mares de la sincronizada ha hecho historia allí donde ha participado. Y sin duda este también ha sido el año del ciclismo español: Giro y Vuelta (Contador), Tour (Sastre), JJ.OO. (ruta, Samuel Sánchez).
Seguro que se me olvidan cosas que hubiera querido comentar del deporte español, que se mire por donde se mire, este año ha sido increíble. A nivel internacional, destacar los nombres y hazañas de Michael Phelps y Usain Bolt, que han sacudido los cronómetros en sus disciplinas y al mundo entero como auténticos huracanes míticos. El Manchester United ha logrado la triple corona que le debe sitúar como el mejor equipo de fútbol de esta temporada ya casi extinta: Premier, Champions y Mundialito (antigua Intercontinental). También al otro lado del Atlántico se ha recuperado la esencia y el sabor de los 80 a través del duelo en la final de la NBA entre Celtics y Lakers. Incluso un español como Pau Gasol fue protagonista en el bando angelino y no dudo en augurar que tendrá una nueva ocasión de pelear y esta vez, sí, ganar el ansiado anillo. En el mundo del motor dos historias bien distintas: la confirmación de Hamilton como el mejor piloto del año en F1 y la eterna demostración de la leyenda de las motos, Rossi, el mejor piloto de todos los tiempos.
Como español me gustaría volver a vivir momentos similares a todo lo derivado y subyacente en los anteriores apuntes históricos, legendarios triunfos del deporte español que nos sitúan entre los mejores. Volver a disfrutar también como culé es un deseo, ya que si hay algo que se sabe celebrar por encima de otras muchas cosas, esos son los títulos del Barça.
No sé si este será el último post del año. Lo dudo. Así que no comentaré nada de aspectos ajenos al deporte por si acaso. Luego se verá que como soy muy despistado no encontraré tiempo para hablar y contar historias hasta el año que viene. Demasiadas veces ha aparecido el vocablo año en esta entrada: redundancia, tópico y falta de originalidad. Prometo volver un mínimo de un par de veces antes de despedirnos del 2008.
El deporte en Navidades da algo de tregua por lo general, también la política. La economía no descansa. Así que volveré. Mi corazón mucho menos descansa así que con mayores motivos volveré.
He ido escuchando canciones de los pasados días. No hay mejor forma de vivir del recuerdo sin morir en el intento. Se ha consumido el caramelo de palo y la tos me saluda.
No hay menú especial de Sant Esteve como antaño, pero no por ello menos jugoso y rico: verdura, calamares y pollo. En la sencillez radica el gusto.
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