Era la noche del 12 de octubre de 1996. En el Multiusos de San Lázaro ante el Compostela. El partido que ofrecían las televisiones autonómicas en España. De repente, el joven delantero brasileño Ronaldo, O fenômeno, se aprovecha de un mal entendido entre dos rivales para hacerse con el balón. El resto de la jugada…es historia:
Ese gol dio la vuelta al mudo y empezó a consagrar uno de los mejores delanteros que jamás ha visto el fútbol en su historia. Un prodigio de la Naturaleza que combinaba como nadie la potencia física con el talento puro, el que llevan en la sangre tantos y tantos brasileños. Uno de los jugadores más importantes de la última década que hoy mismo ha anunciado la retirada a los 34 años. Cuelga las botas dejando tras de sí un legado de jugadas, goles, títulos y éxitos muy destacados tanto a nivel individual como colectivo. Con sus clubs (Cruzeiro, PSV, FC Barcelona, Inter de Milán, Real Madrid, AC Milan y Corinthians). Y con su selección, la canarinha. Más de 400 goles en total a lo largo de su carrera.
Una carrera que podría haber sido aún más dilatada a todos los niveles si no hubiera sido por el infortunio de las lesiones a su llegada a Italia procedente del Barça. Precisamente, en su breve pero fructífera etapa como azulgrana, fuimos testigos posiblemente de la mejor versión de Ronaldo. De la mejor actuación individual vista en mucho tiempo, si no la que más. El pico que llegó a alcanzar el brasileño en aquella magnífica temporada 1996-1997, con el mítico Sir Bobby Robson de técnico y un tal Mourinho de ayudante, fue increíble. Yo tenía apenas 8 años, y ahora, pasados unos 14 años de aquello, puedo asegurar que no he visto jamás nada igual. Era el desequilibrio en esencia, el factor que inclinaba la balanza a favor de su equipo con sus jugadas magistrales y sus goles. Esa potencia que lo hacía imparable en el uno contra uno. Daba igual que le vinieran los defensas uno detrás del otro, con coberturas y en individual. Él siempre se salía con la suya. Al final de esa temporada fueron nada más y nada menos que 47 goles entre Liga, Copa del Rey y Recopa. La Liga se les escapó, pero los otros dos títulos no. También había logrado la Supercopa de España al poco de aterrizar en la Ciudad Condal.
Soy consciente de que mi opinión puede estar condicionada por unos colores y una afición, pero jamás Ronaldo llegó a alcanzar ese nivel en el resto de su carrera. Sin embargo, se fue sobreponiendo a todos los problemas físicos para dejar huella tanto en el Inter como en el Madrid. Si en el Barça ya inició la estela mediática de jugadores brasileños que marcarían una época para el club como Rivaldo y Ronaldinho, en el Madrid se convirtió en uno de los símbolos por excelencia del proyecto multimillonario de los galácticos del entonces y actual presidente del club blanco, Florentino Pérez. No tenía el mismo físico de 5 años antes, pero seguía intacto su olfato de gol. Esto, entre otras cosas, le ha permitido ser pichichi de la Liga con ambos equipos.

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