
En el deporte profesional y de alta competición, como por ejemplo el fútbol, el éxito se suele medir por los resultados. En su extensión y aplicación, por los títulos. Por su parte, los objetivos y metas que se persiguen en el fútbol base, el de formación, son muy diferentes. Lo que prima por encima de cualquier resultado es disfrutar. Disfrutar aprendiendo a fallar y corregir; disfrutar aprendiendo a acertar. Pero incluso más allá de formar deportivamente a un niño o niña lo principal es ofrecer una base educativa y humana con la que poder ser el día de mañana una buena persona antes que un buen futbolista.
El destino ofrece a veces oportunidades únicas, de ésas que nunca olvidarás y en las que uno mismo puede llegar a disfrutar tanto como los críos que entrena. El sábado pasado y a falta de dos jornadas para terminar la liga, el equipo al que entrenamos consiguió matemáticamente ganar el campeonato. Y hablo en plural porque este éxito sin precedente igual en el colegio es fruto del trabajo y la labor de los dos entrenadores (Carlos y un servidor), los tres ayudantes-entrenadores (David, Oscar y Joan Marc), del delegado (Juan Pedro) y por supuesto del coordinador Joaquín y el jefe de extraescolares Gago.
En la vida la toma de ciertas decisiones condiciona los resultados obtenidos, las experiencias vividas. En mi último año de juvenil en el Bosco el mismo coordinador me ofreció la posibilidad de entrenar al que era entonces benjamín de primer año. Renuncié ya que con mi primer año de universidad y aún siendo jugador quería tantear el terreno y tenía miedo de no poder con las tres cosas a la vez. Un año después Joaquín a través de Èric (amigo y compañero en todos los sentidos), me dijo que fuera una tarde de otoño al Bosco si podía para hablar con él. Me ofreció entrenar junto a Èric, que ya estaba en ello desde el inicio, al benjamín de primer año. Acepté. Tras toda la temporada anterior este año de nuevo volví con los mismos benjamines. Esta vez en lugar de Èric, hacíamos el trabajo con Carlos y los susodichos ayudantes que también poseen el título de entrenador de futbol base. Nunca puedes llegar a saber que hubiera pasado si hubiera tomado otra decisión la primera vez que Joaquín me ofreció entrenar. Pero está claro que no me arrepiento y que me siento muy afortunado dado el punto del que partimos todos, desde los críos a nosotros mismos, y donde nos encontramos ahora.
Es bonito y placentero crecer al mismo tiempo que ellos crecen. Aprender al mismo tiempo que ellos aprenden. Disfrutar al mismo tiempo que ellos disfrutan. No quiero pensar en lo que vendrá aún. Me gusta esa sensación de que en la vida renuncias a algunas cosas para obtener tantas otras, cuya gratificación pese a parecer difícil de digerir en un horizonte temporal breve, reportará utilidad pasados los años. Porque pasado el tiempo seguirá cumpliéndose la azarosa ley de los caprichos y lo estocástico y seguiré pensando que fui un afortunado en todo esto que me ha tocado vivir.
Y la temporada aún no ha terminado. Tenemos todos el sueño de pelear si es posible por la Copa de Barcelona con los mejores colegios inscritos en Consell Escolar. La liga que han ganado los críos es la de la Federació Catalana de Futbol; Grupo 1 de Benjamines de Segunda División.
Personalmente y tras mi realmente triste retirada de los terrenos de juego, lo logrado hasta ahora este año me ha servido como redención. El fútbol y yo hemos vuelto a hacer las paces en cierta forma. Y eso es algo que me llena de orgullo.
Pero si existe algo que me llena de orgullo es ver como todos los niños disfrutan jugando y como sonríen conscientes de que han logrado algo increíble, de que son campeones. De que a falta de dos jornadas han ganado 27 de los 28 partidos disputados en la liga. De que son el equipo con mejor diferencia de goles. De que han ganado todos los partidos en casa. De que están disfrutando con el momento. Como les dije antes del último partido: "Disfrutad de este momento y esta oportunidad que todos juntos tenemos porque os prometo que nadie, absolutamente nadie, os la quitará ni robará. Esta ilusión puede ser un sueño hecho realidad y algo que recordaréis para siempre. Yo aún sigo recordando con alegría y felicidad las ligas que pude ganar cuando era más pequeño y jugaba aquí en el Bosco. Y os prometo que nadie me ha quitado ni me quitará nunca los buenos recuerdos. Así que salid al campo y disfrutad porque merece la pena. Os lo merecéis".
Tenemos la suerte de contar con una veintena de benjamines por lo que cada semana no llevamos los mismos jugadores a la liga y los hemos ido repartiendo entre tal liga federada y consell escolar de benjamín y pre-benjamín. Esto ha comportado no siempre aspectos positivos. Como en la vida misma, nunca llueve a gusto de todos. Y a pesar de que parezca lo contrario, uno se va dando cuenta de que al final uno tiene motivos para estar satisfecho consigo mismo y congratularse por el trabajo hecho, pero que no debe esperar nada a cambio, ni siquiera felicitaciones, de algunas personas. La vida es así y un compañero me lo explicó de forma similar a las palabras que he empleado.
Sí que es cierto que a inicios de temporada los objetivos nunca fueron ganar el campeonato y que pensábamos ir día a día hasta ver el tope que podía alcanzar el equipo en su conjunto dada la restricción de ir alternándolos entre las tres competiciones. Cierto es que algunos han jugado más partidos en alguna liga que otra y que no hemos sido del todo justos en algunas situaciones. No me disculpo porque creo que lo hemos hecho lo mejor posible y que a veces no es fácil. Carlos y yo nos hemos roto los cascos semana a semana configurando tres equipos para el fin de semana. Muchas son las veces que en la universidad me han visto pensando en ejercicios para los entrenos, apuntar en borrador los equipos que pensaba que podíamos llevar para los partidos, etc. Cierto es que nos tomamos esto lo más serio y de forma responsable que podemos y que estamos dispuestos a renunciar a mucho en ocasiones, por no decir siempre, para tratar de que los chavales por encima de todo DISFRUTEN.
A los críos nos debemos y nos deberemos siempre todos aquellos que nos dedicamos a esto. Lo hacemos porque nos gusta y nos encanta tratar de enseñar aquello mismo que a nosotros nos mostraron cuando éramos pequeños. Mantengo el anonimato por ahora de estos auténticos héroes de la escuela y del fútbol, los principales protagonistas de una historia que aún no ha terminado y que han inscrito ya con mayúsculas palabras en los rincones más sagrados del colegio. Porque su historia, en forma de leyenda y realidad, con un toque de épica y de forma mágica me encargaré de difundirla hasta que el corazón me diga basta. Pero aún cuando eso suceda, la eternidad estará ahí para siempre como testigo y narradora de la historia de los increíbles benjamines de 1999.
Porque si algo es verdad en un mundo donde no siempre se pueden vivir y compartir alegrías, es que guardaré para siempre en un rincón especial a toda la plantilla que me ha dado la oportunidad de disfrutar (y sufrir) con ellos. Porque su historia y éxito es más que una razón noble para escribir todo esto que merecen y para concluir con sinceridad que tienen un hueco en la eternidad, no solo de las personas que estamos con ellos en su entorno, sino sobretodo del colegio, donde los valores y las ganas de educar están por encima de todo. Donde la educación y las ganas por disfrutar aprendiendo son lo principal. Así que si además se tiene la suerte de ganar, mejor que mejor.
Yo ya tengo el hueco guardado desde hace tiempo para ellos. Espero que todos vosotros tengáis un espacio para compartir esta alegría.
Gracias a Carlos, David, Oscar, Joan Marc, Juan Pedro, Joaquín, Alfons y Gago por todo esto. A los padres también por la parte principal que les toca. Y sobretodo gracias a los niños, a los críos por hacernos partícipes de toda esta historia donde ellos son los protagonistas y se merecen por encima de todo DISFRUTARLO.
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