
Hay mañanas que ya te levantas con la extraña y ambigua sensación tras la oreja de que algo no va a ir como esperabas. Llámalo sexto sentido o corazonada, como quieras. El lunes fue un día ciertamente de estos que intento describir, en los que mezclas sabores y sinsabores, jornadas de transición en las que te apetece ir a caminar solo por el paseo marítimo para enfilarte Ramblas arriba en dirección a Urquinaona. Entonces serían nueve paradas de metro y no doce hasta llegar a tu casa en el periférico barrio. Pesaba un aroma sobre el ambiente que me tenía contrariado, algo más intuitivo que real por entonces. Fue un día que intenté lo más tarde posible llegar a casa. No es habitual que regrese en un día sin entreno ni fiesta o celebración alguna a las ocho de la tarde de la universidad. Llámalo aversión a la biblioteca o gusto por trabajar en tu habitación de siempre.
La noche anterior, la del domingo pues, volví de madrugada a casa y ya había notado al otro lado del móvil en un par de conversaciones que tuvimos que mi padre no parecía el de siempre. Más distorsión en su voz y nerviosismo de lo habitual (por tanto seguramente tensión más elevada literalmente, uno de sus principales problemas de salud). Mi madre me había comentado los últimos días tras regresar de los Países Bajos que padre andaba algo raro. Rostro más preocupado, más sensible de lo normal.
Con todo ayer madre me explicó antes de irme a ver la final de Copa con mis amigos que mi padre estaba muy preocupado por la situación laboral, de nuevo. Nunca lo ha dejado de estar ni él ni todos nosotros, y menos con la actual coyuntura económica. Pero tras lo del año pasado (http://repchopista.blogspot.com/2008/01/sin-sentido.html), resulta que estaban reunidos en Alemania para tratar sobre la presunta no rentabilidad de la empresa de Zona Franca. Si así fuera (mañana el Comité de Empresa está previsto que emita algún comunicado), el cierre de la planta podría ser algo más que un temor. Sería una realidad. Es el motivo por el cual padre, como todo ser humano que en su misma o similar situación se encontrase, está más preocupado, susceptible y nervioso de lo que lleva siendo costumbre toda la vida.
La noche anterior, la del domingo pues, volví de madrugada a casa y ya había notado al otro lado del móvil en un par de conversaciones que tuvimos que mi padre no parecía el de siempre. Más distorsión en su voz y nerviosismo de lo habitual (por tanto seguramente tensión más elevada literalmente, uno de sus principales problemas de salud). Mi madre me había comentado los últimos días tras regresar de los Países Bajos que padre andaba algo raro. Rostro más preocupado, más sensible de lo normal.
Con todo ayer madre me explicó antes de irme a ver la final de Copa con mis amigos que mi padre estaba muy preocupado por la situación laboral, de nuevo. Nunca lo ha dejado de estar ni él ni todos nosotros, y menos con la actual coyuntura económica. Pero tras lo del año pasado (http://repchopista.blogspot.com/2008/01/sin-sentido.html), resulta que estaban reunidos en Alemania para tratar sobre la presunta no rentabilidad de la empresa de Zona Franca. Si así fuera (mañana el Comité de Empresa está previsto que emita algún comunicado), el cierre de la planta podría ser algo más que un temor. Sería una realidad. Es el motivo por el cual padre, como todo ser humano que en su misma o similar situación se encontrase, está más preocupado, susceptible y nervioso de lo que lleva siendo costumbre toda la vida.
Pese a todo, él no me ha dicho aún nada porque no quiere que me preocupe. Estoy viviendo particularmente días de bastante trabajo en la universidad y por otro lado estoy más que ilusionado con la posibilidad de que este sábado los críos ganen matemáticamente la liga. Además, yo como él, él como yo, estamos disfrutando de los triunfos y alegrías azulgranas como cualquier culé esta temporada. Entre tal ambiente deportivo de festividad y cierta felicidad la vida no da tregua en alguna de sus facetas más determinantes como la laboral. El destino puede que se guarde caprichosas cartas en su manga, o puede que al final la historia no vaya a más. Lo que preside en este ambiente económico para miles de trabajadores, no solo mi padre, es la incerteza y la inseguridad de conservar sus actuales puestos de trabajo.
Durante los últimos meses de 2007 fue cuando la situación de la empresa estaba más cruda. Finales de ese año e inicios del 2008. Tras enterarme de todo y vivir esos momentos nada agradables que describí en el artículo enlazado anteriormente, acabé con más de una y de dos borracheras y perdiendo el norte en más de alguna noche de fiesta, completamente desfasado y evadido. No era consecuencia directa de lo vivido en el hogar pero todo influía. Por eso mi padre tampoco prefiere decirme nada sino hay nada claro ni decidido aún. De todo se aprende...
El 20 de mayo cumple mi madre años y al día siguiente mi padre. 52 primaveras ambos. 28 casados. Ya son años, los de casados digo...
Veremos qué sucede con el paso de los días y sobretodo, del tiempo, pero no hay nada mejor que pensar y seguir convencido de que pase lo que pase, habrá lugar y tierra para la esperanza y el optimismo. Hasta que un conflicto así no llama a tu puerta muchas veces vives ajeno a ello. Sea como fuere, estoy seguro que mis padres tendrán lo que se merecen, y esto será lo mejor. Tarde o temprano las buenas personas recibirán una recompensa por su buena labor en esta vida. Y si en medio de tanta celebración individual y colectiva la amargura en forma de decepción entra por las ventanas y puertas no habrá sino más motivos para pensar que merece la pena luchar y creer que algún día habrá justicia. Aquí en la tierra como en el cielo...
Pese a que una noche como la de hoy la lluvia ha venido a hacernos compañía, no será sino el preludio de un bello amanecer que seguirá al de otros muchos donde el arte y la felicidad serán los ingredientes esenciales de ese manjar llamado Paraíso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario