
El cansancio pesa como una losa sobre mi alma. Han sido dos noches bastante especiales, arrancado todo a partir del golazo milagroso de Iniesta. Prometo escribir pase lo que pase en la final de Copa y Champions y en el desenlace de la Liga sobre el Barça de Guardiola. Lo prometo. Es evidente que estos días estan siendo magníficos para nosotros los barcelonistas pero en realidad no hemos ganado ningún título y me impactó mucho ciertamente el ambiente, fervor y ganas de celebrar que vi en Canaletes este mismo miércoles tras la locura ocurrida en Londres. Merece la pena y es comprensible porque estamos necesitados no solo de triunfos azulgranas sino de cualquier tipo de alegría que llevarnos a la boca. Por no recordar la gesta del 2 a 6 en la casa del eterno rival. Se oyen aplausos aún por todo el mundo. A mi se me sigue poniéndo la piel de gallina con esos goles y sobretodo con el de Don Andrés amenizado con las distintas retransmisiones del partido en cuestión y el golazo en concreto. He llorado de emoción...
Prometí no volver a enamorarme pero lo hice de nuevo. Particularmente de algunas canciones que están conquistando mi corazón a pasos agigantados. The Fear de Lily Allen es un escándalo sublime que me permite sentirme minúsculo a cada sílaba, a cada compás. Un par de canciones de la curiosa Lady Gaga son un impulso a saltar (Just Dance) y a cantar (Poker Face). Y como siempre lo mejor está por venir, me aventuro a decir. He sabido que el 18 del presente mes ya se podrá escuchar el nuevo tema de Linkin Park, New Divide. Será una de las canciones de la BSO de la nueva película de Transformers, en cuya primera entrega el primer single de Minutes to Midnight -What I've Done- fue el escogido para acompañar los créditos.
Hacía su tiempo que no escribía un viernes por la noche. Antes solía ser tradición si mal no recuerdo. Antes me refiero a hace bastante, muchos meses.
La vida es caprichosa; la vida es así. Soy un cobarde incapaz de afrontar la realidad. Pero esa realidad a veces es algo cruel, y ahí la terrible causa. Nada de valentía aflora por mis venas cuando de mi corazón se trata. El pensar sobrepasa y gana por goleada al actuar. Sé que no es el momento de sincerarse y tampoco lo será de aquí a unas semanas. No lo será nunca. Es duro aceptar que algo es inevitable y a la vez doloroso. Sin embargo también sé que ahora es el momento definitivo. Ahora o nunca. Prometo que no quiero volver a caer en un laberinto sin salida, atrapado como tantas otras veces me he sentido. Una simple mirada, sonrisa o unas amables palabras eran suficientes para volver a caer en la tentación; para volver a intentar besar el cielo con los labios; para regar las malvas del jardín de los encantos eternos. Es increíble el poder de la vida en todo esto y que en realidad aquello que llaman amor se puede explicar a partir de la ciencia, de puras reacciones químicas. Dicen que el amor es ciego y debe ser verdad. Cuando estuve enamorado realmente estaba ciego. Pero más allá de formar parte de la esencia trágico-festiva de la vida, uno no debe lamentar ni dejar abiertas las heridas del pasado. Todo se cura con el tiempo.
Un ser humano. La libido por las nubes en las noches de fiesta en función del entorno y las circunstancias. Sé que es el momento. Ahora o nunca. Creo que lo voy consiguiendo aunque quizás como tantas otras veces volveré a caer sumiso de un presumible encanto del que quiero renunciar completamente. Poco a poco. Lo voy logrando. Se puede. Simplemente intento tratar de decir adiós con las manos en alto y el corazón en un puño. Se me encoge el alma sabiendo que todo podría ser diferente y cambiar en un abrir y cerrar de ojos pero prefiero no pensar. Todo es irracional y mis promesas quizás vuelvan a ser consumidas por los escorpiones del desierto de las soledades y decepciones. No lo serán. Ahora o nunca. Se puede.
Claro que no es difícil contemplar todas las flores del jardín y algunas son especialmente bellas. Alguna de ellas será la razón de ser del mañana, la alegría al despertar y la mirada en mi mirada.
Tienes miedo a veces y estás cabreado cuando duermes poco después de una noche de fiesta. No te disgusta ser algo borde pero no tanto. Te miras en el espejo y descubres que tienes unas hojeras que afean. Las palabras siguen sirviéndote para animar e incentivar el esfuerzo. Nunca rendirse fue algo bonito. Confianza, fe, esperanza y creencia en la victoria. Hoy les he dicho a mis jugadores que sobretodo creyeran en la victoria hasta el último segundo de partido. Que se dejaran todo en el campo, sin miedo a errar, que tarde o temprano llegaría el acierto, que no había que tener miedo. Confianza en la victoria. Creer es algo maravilloso. Al final han ganado 4-5 con un gol en el último suspiro. Se han marcado unos tres goles de bella factura, por cierto.
Mañana más. Habrá mujeres a las que amar y pintar con bellas y admirables palabras. Sus atributos y artes no me dejarán indiferente. Habrá más páginas que colorear en la vida y mezclaré todas las tonalidades, para días grises y nublados y días soleados y claros. Habrá más canciones que tararear y no solo en la ducha; auténticos himnos te despertarán por la mañana y te alegrarán toda tu existencia. Himnos como el de nuestro equipo, un orgullo. Habrá tantos días como espinas me clavé intentando seducirla para estar con ella. Ella es un recuerdo y una realidad. Un pasado cercano nada fugaz que nunca enterraré pero que prometo quiero apartar para siempre desde hace semanas. Lo conseguiré. Lo conseguiremos.
El triplete suena más a utopía que estas pequeñas grandes batallas que se conjuran en mi alma y corazón. Lo mejor es el recuerdo de la noche más cercana. Cuando recaes en chicas que antes nunca te habían llamado la atención. Y lo crean o no todo partió con una persona elevada a la categoría de divinidad tras los sucesos de los últimos días: Andrés Iniesta. Y es que el 8 une y mucho. Pero eso ya sería otro cuento para otro día...
Siempre. Lo prometo. Se puede. Se podrá.
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