
La Historia se escribe así. Sólo el Celtic de Glasgow, Ajax de Amsterdam, PSV Eindhoven, Manchester United, y desde hace 5 días el FC Barcelona, han logrado el tan conocido como casi imposible éxito del Triplete: Copa, Liga y Champions. Esto permite afirmar que el 2009 es de por sí solo a nivel futbolístico un año legendario. Una temporada que pasará a los anales de la Historia para siempre. Y para nosotros los culés, los que amamos a este club, a este Barça, en los buenos y malos momentos, es un motivo de orgullo, satisfacción y alegría. Porque nunca unas lágrimas fueron de tanta felicidad; nunca la piel de gallina se erizó de tal forma que cortaba el aire a su paso; nunca costará tanto asimilar que somos partícipes de algo tan mágico pero real al mismo tiempo. Quizás el mejor Barça de la Historia, algo que el tiempo solo dirá...
Un vicio habitual a la hora de etiquetar a grandes equipos es el de buscar motes o sobrenombres. Es demasiado pronto para establecer comparaciones y para ni tan siquiera equiparar al actual Barça con los grandes equipos que han marcado una época en las décadas anteriores, como Brasil del Mundial de 1970, Ajax de Cruyff, Milan de Sacchi o el propio Barça del "Dream Team". De todas formas existen razones y motivos de peso para poder pensar que el Barça de Pep Guardiola puede marcar una época, un ciclo de unos 5 años, si es que ya no lo ha empezado a marcar. Como anécdota, los tres entrenadores que han ganado la Champions con el Barça fueron protagonistas de alguno de esos equipos de leyenda: Cruyff en el Ajax, Rijkaard en el Milan de Sacchi y Guardiola en el "Dream Team". La Historia se escribe así. Es el destino.
Porque el gran factor diferencial ha llegado precisamente de Pep Guardiola, un hombre formado en la cantera, un hombre de la casa que siempre ha mamado barcelonismo, y que allí dónde ha estado e ido, ha proclamado con orgullo su amor y sentimientos por algo más que un club, por unos valores, una institución, un patrimonio histórico como el culé. Un entrenador que después de subir al Barça B a Segunda División B en su primera campaña aceptó el reto de entrenar al primer equipo después de un final de ciclo con Rijkaard bastante caótico, de ciertos despropósitos y con un Laporta sumido en la soledad de su junta presidencial. El Presidente fue valiente y le ha salido bien la jugada a juzgar por los hechos y resultados, si bien como mandatario deja bastante que desear en muchas parcelas, a mi juicio.
Pep tomó los mandos; un equipo casi idéntico al que en las dos últimas temporadas había rozado el ridículo y sobretodo la desidia, la falta de hambre por ganar. Y creo sinceramente que ha sido en el apartado psicológico donde Guardiola ha encontrado la clave del éxito azulgrana porque como bien se dice el fútbol es un estado de ánimo, y como en todo deporte, la psicología es un eje fundamental que condiciona los resultados obtenidos a medio y largo plazo. Sin una mentalidad ganadora, agresiva, sin sed ni hambre por títulos, por ganar, sin desear ni pelear por la victoria, no se consigue nada.
Las bajas de los mediáticos Ronaldinho y Deco, junto a los Thuram y Zambrotta, dieron paso a incorporaciones que salvo en el caso de Dani Alves y Piqué, han dejado bastante que desear, como Hleb o Cáceres. Keita ha cumplido mucho en su rol analizando con amplia perspectiva su temporada y la del equipo. Con ello quiero decir que el grueso de la plantilla era prácticamente el mismo que había desanimado a miles y miles de culés. Fueron muchos aquellos partidos las últimas dos temporadas en las que algunos jugadores parecían más bien vagabundos o asalariados descontentos que no estaban por la labor de producir nada. Más que descontentos, muertos de éxito, de su propia figura y ego.
Pero Pep ha sabido en todo momento que tenía a los mejores jugadores para desarrollar el juego que el quería, ese juego que es marca de la casa, que ni él inventó pero que practicó como excelente futbolista, una leyenda aquí y allí, un estilo inconfundible que se asocia con el Barça y que precisamente es lo que hace que seamos más que un club y que poseamos un sello inequiparable con el de otros tantos clubs. Se suele comentar que el Barça para ganar necesita jugar bien, mientras que otros equipos no necesitan cumplir tal premisa. Lo cierto es que a la efectividad en los resultados del Barça se ha sumado una estética a ojos de muchos elevada al nivel de arte, una belleza plástica y dinámica que no se puede calificar sino de obra divina, ceslestial o de arte, valga la redundancia. El arte unido al hambre y la sed, ejemplificado esto último por la presión incansable desde los puntas, crea una conjunción única de estilo y belleza.
Sería injusto nombrar a unos pocos porque todos los jugadores han contribuido al éxito sin precedentes en el fútbol español, pero si ha habido algunos nombres que han brillado con luz propia y que son los auténticos generadores del fútbol más que vistoso y brillante de los azulgranas, esos son Xavi e Iniesta. Ambos de la cantera. Son la continuación, la sombra alargada de Guardiola en el campo, tal y como él y Laudrup lo eran de Cruyff en el comentado "Dream Team". Xavi e Iniesta tienen un valor impagable, un lujo, una creatividad, son la creación de la obra de arte. Pero sin una figura también de la cantera, capaz de desestabilizar a todo un Imperio, sin Messi, el crack llamado a marcar una época y heredar la exquisitez y brillantez del 10 de Maradona, nada sería posible. Mientras que Xavi e Iniesta nutren y crean más que finalizan, Messi es capaz de ambas cosas, ya que no suele ser muy egoísta. Xavi e Iniesta son solidarios por naturaleza y generosos, siempre capaces de dar el gol regalado a los delanteros. En el Barça se sabe que un buen pase es medio gol. Y no es casualidad que haya comentado de puntillas ya lo de la cantera. Porque es en La Masia donde el embrión del actual Barça nació, siendo muchos los canteranos que han sido protagonistas activos de esta temporada de ensueño. En la Final de la Champions de Roma, fueron alineados hasta siete jugadores procedentes de la cantera: Valdés, Piqué, Puyol, Busquets, Xavi, Iniesta, Messi. Esto define muchísimo más que cualquier otro aspecto a un club y a su entrenador. Es una filosofía digna de aplaudir, digna de orgullo y reconocimiento.
Si Xavi, Iniesta y Messi son los creadores y ejecutores del fútbol creativo, el alma y la esencia, la pasión, el dejarse en la piel en el campo es cosa de gladiadores como el capitán eterno Puyol. Ha encontrado en Piqué a un socio que siente los colores de forma increíble, y que además de su sangre presenta una calidad superior con el balón en los pies. Costará encontrar una alma como la de Puyol, pero ya ahí jóvenes promesas como Muniesa...
No querría desmerecer a ningún jugador porque repito que todos han sido partícipes de estos logros. Eto'o, con un pie y medio fuera en verano, ha sido el máximo goleador en liga del equipo y ha respondido en Roma como se espera de un jugador que nunca se asusta en los momentos más decisivos y complicados, un delantero que vive por y para el gol, pero que no suele poner su nombre delante del escudo, ya que para él lo primero es el equipo. Henry ha resucitado, ha encontrado una segunda juventud gracias a Guardiola y ha sido determinante en muchos partidos importantes que han marcado la inercia en favor de los culés (octavos en Lyon y Bernabéu). Dani Alves ha sido un pulmón incansable que ha rendido por encima del 100% en cada partido, superando el nivel exhibido en el Sevilla, aportando asistencias sobretodo, goles, ritmo, ganas, pasión...es otro jugador impagable, y que me encanta, no lo niego. Jugadores como Touré, Busquets o Keita son imprescindibles en el juego y estilo del Barça; no serán los que más vendan, de los que se hable más pero su labor oscura, en la intendencia, la recuperación, es la base para que los artistas y arquitectos del conjunto azulgrana destilen la brillantez y exquisitez de su fútbol. Reconocimiento añadido a Busquets tras debutar en el Barça procdente de la Tercera División, y al señor Touré por su sacrificio en medio y en el central, donde se le ha requerido al final de temporada debido a las bajas, y donde ha cumplido con creces. Otro jugador importante ha sido Márquez, con quien la afición se ha reconciliado y reencontrado. Con Piqué han dado fluidez a la salida del balón y ha nutrido de buenos pases largos a los extremos. Pero si de alguien no se puede uno olvidar nunca es del portero, por mucho que sea siempre discutido, y es que no es nada fácil ser portero en el Barça. Nunca lo ha sido. Pero Valdés no ha ganado de nuevo el Zamora por casualidad y no es casualidad tampoco que haya sido uno de los héroes de la Champions con sus acciones de mérito inconcebible en Londres y Roma. Es un tipo que siempre ha cumplido en los momentos más decisivos como en la final de París hace tres años. Un portero que cuando lo hace bien no se suele resaltar pero que a la mínima se espera que falle para tirarse a su cuello. Es un riesgo unido a la profesión y a defender la portería culé, pero siendo justos Valdés es un excelente portero y que está marcando una época aquí. Luego destacar la labor de trabajo, a veces irregular de Abidal, pero que aporta lo suyo, y el final de Sylvinho, un profesional como la copa de un pino que siempre que ha jugado lo ha hecho perfectamente. Uno de los héroes de Roma que pone broche a una carrera sana y envidiable, llena de éxitos y sobretodo de personalidad. Un jugador de los que crea piña, equipo, necesario en todos los clubs. Y Bojan, aunque no ha tenido el papel de la pasada temporada, ha crecido como jugador y madurado como persona y el año que viene dará un paso más en su prometedora carrera como futbolista.
Espero que no me haya dejado a nadie que quería destacar. Pero el viaje no termina aquí. Un gran equipo, una leyenda, no se edifica sin los pequeños detalles, sin ese ingrediente necesario que muchas veces se obvia y que es el aliado perfecto del destino y del azar: la suerte, la fortuna. Y es que si repasamos cómo se ha llegado hasta el eterno triplete existen razones para creer como ya había pensado en cierta ocasión que el destino estaba con el Barça. En Liga es donde menos influye lo estocástico y la divina fortuna, es un premio a la constancia y la regularidad, y salvo en alguna ocasión el Barça ha ganado sus partidos de cabo a rabo y sin discusión. El partido en el que ganó el título fue en el Bernabéu, con ese histórico 2 a 6 y una exhibición sin réplica que tardaremos mucho tiempo, sino nunca, en olvidar. Uno de los partidos a recordar de esta temporada sin duda entre muchos. Muchos. Y esa victoria no solo significó la rúbrica del campeonato casero sino que inyectó en el alma de los jugadores la fuerza y vitaminas para afrontar los otros dos títulos.
En cambio en la Copa del Rey, en Mallorca, Pinto detuvo un penalty a Martí que hubiera podido cambiar el signo de la eliminatoria en favor de los baleares. No hablo de suerte inmerecida ni fortuna en sentido peyorativo sino todo lo contrario. El destino quería e hizo posible que todo esto fuera posible y para ello Pinto detuvo la pena máxima. Son detalles que marcan el futuro. La Final de Valencia luego fue una nueva exhibición, brutal.
La Champions se ganó, aunque parezca atrevido y ventajista decirlo, con el golazo de Iniesta en el descuento. Valdés salvó al Barça de una derrota casi segura y en el primer lanzamiento azulgrana a puerta en el minuto 93 se hizo el milagro. Uno de los partidos con mayúsculas de la temporada y uno de esos goles que jamás se olvidarán. El destino estaba con el Barça. Ese gol, ese pase a Roma no hubiera llegado sin la previa goleada en el Bernabéu. Y sin estos dos hechos, el Barça no hubiera afrontado con optimismo y confianza la final de la Copa. Tras el primer título en Valencia, se rubricó la firma de la Liga sin bajarse del autobús. Ya con los deberes hechos, Pep se preparó a conciencia y pese a las bajas, para Roma. Yo pensaba y así lo había manifestado que íbamos a ganar, que existía algo que me lo confesaba en el oído. Era fe, conocimiento, el destino. Algo indescriptible. Valdés fue el protagonista en los primeros compases. Luego Xavi e Iniesta cogieron el balón, el cielo se abría, se hacía la luz, salía el Sol; llegó el gol de Eto'o. Algo de tranquilidad. En la segunda parte Messi puso su magistral cabezazo en la red e inscribió con letras de oro al Barça en la posteridad. La Champions vendría a la Ciudad Condal. La tercera orejuda y precisamente el título número tres de Pep y su equipo en la temporada.
Pero más allá del éxito, de la figura de Pep, y los jugadores, ya que si los jugadores no son buenos no hay nada que hacer, si hay algo a mejorar en el Barça es la defensa a balón parado y la profundidad de plantilla. Han llegado algo justos a final de temporada, algunas bajas por lesión, tocados, otros por sanción, y en algunos momentos se ha visto que no había recambios de garantía. Por tanto se debería incrementar la calidad en el fondo de armario de los azulgranas.
Con todo, voy a terminar como merece la ocasión. Este Barça de Pep es el Barça del histórico triplete, el Barça que nos hizo soñar a todos, que nos hizo llorar de alegría, que nos hará recordar para siempre a sus jugadores y a su entrenador, que nos hace llevar con orgullo su camiseta, que nos permite presumir de equipo y de juego, que nos permite amar unos sentimientos, pertenecer a una identidad colectiva, una ilusión. Una felicidad.
Es el Barça que nos hizo tocar el cielo a todos los culés y saborear la gloria para toda la eternidad.
Gracias Pep, gracias jugadores y por encima de todo, gracias Barça.
La Santísima Trinidad del Barça: Pep, Triplete y Eternidad
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