A veces no hace falta recurrir a grandes historias o intentos de vastas descripciones para tratar de mostrar cómo se siente uno.
Imagino que es algo a lo que llaman felicidad. Un día genial, completo y entretenido tras apenas tres horas en la cama peleando con las no-sabánas, pero sobretodo con el exceso calor nocturno y la humedad barcelonesa.
He empezado de forma sostenida una nueva serie, una de las sensaciones de los últimos tiempos como es Lost.
Lo dicho.
A veces con una cierta brevedad sintetizamos la esencia de la vida a través de una nueva experiencia, una jornada más, un día nuevo y eterno en el que el astro rey nos ha acompañado de forma temible y terrible:
la esencia de lo que fuimos, hemos sido, somos y seremos para siempre.
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