9.6.11

Todos los caminos llevan al Bosco (1ª parte)


Lo inesperado cambia nuestras vidas. Caprichos del destino que conspiran entre sí para crear magia en algunas partes de tu camino. Nunca hubiera imaginado en la primera mitad de 2007 la aventura que empezaría a vivir meses después.

Era el primer año de universidad. Todo nuevo. Seguía jugando a fútbol, mi último año si no cambiaba de aires y me buscaba la vida en algún otro equipo. Pero me lesioné. Nunca había sufrido un percance físico en casi 12 años compitiendo sin parar. La tendinitis es algo muy delicado. Aún ahora cuando juego, noto molestias. Fui a rehabilitación varias semanas. Con lo que estuve sin jugar unos tres meses largos. Fue horrible. Además, los resultados del equipo eran pésimos. Fue una temporada cuya historia no hubiera diseñado nunca en mi cabeza. En el último partido de liga me cambiaron antes del final para homenajearme. Mis compañeros y los padres aplaudieron con sinceridad y cierta efusividad. Era el campo del Júpiter. Pero en ese momento, igual que tiempo después, sentía que el fútbol me debía una. Que mi cuento de hadas con el deporte que más amaba no podía terminar de esa forma algo cruel. Co un mal sabor de boca. Estaba acostumbrado a competir y ganar. Y desde bien pequeño había odiado perder a cualquier cosa. Ya el primer año que jugué a fútbol me cabreaba si no ganábamos y tiraba el brazalete de capitán al suelo.

Así, sin advertirlo, en otoño de 2007 recibí una llamada. Era Joaquín, quién fuera entrenador mío en la temporada 1999-2000 y con el que logramos el ascenso además del honor de disputar la Donosti Cup, un torneo internacional. Era el coordinador del Bosco desde mi último año de futbolista. Y me propuso entrenar junto a Èric a un grupo de benjamines muy numeroso. Fui a verlo para que me explicara la situación y me enseñara el colectivo. A partir de ese momento, todo cambió. No en cuestión de días ni semanas. Si no de meses. Años. Comencé un camino que ni en mis mejores sueños hubiera imaginado que terminara como ha terminado. Aunque aún falta el torneo que organizamos como locales el 18J...

Èric, que llevaba desde el principio con los chavales (un mes aproximadamente) llevaba la voz cantante ciertamente. Y en ocasiones me sentía como un segundo cuando en realidad compartíamos cargo y jerarquía. No en vano ganábamos lo mismo. El primer año empalmaba mucho antes de los partidos y aunque el compromiso estaba por descontado, no dejaba de verlo como un mero hobby remunerado que me podía compatibilizar con los estudios. No sentía tener el liderazgo que luego llegué a asumir. Al inicio entrenaba con nosotros Vega, con quién coincidí en mi último año de juvenil. Pero si no me falla la memoria estuvo unas semanas tan solo.

A la temporada siguiente, Èric no podía seguir entrenando por los horarios universitarios así que compartí responsabilidades con Carlos. Además teníamos tres ayudantes (Joan Marc, Oscar y David). Ya estábamos todos titulados desde el verano. Llegamos a manejar un grupo de 20-23 benjamines semana a semana. Eso significaba planificar cada viernes tres convocatorias distintas ya que competíamos en Liga federada y en Consell Escolar (por partida doble). Con Carlos, pese a la dificultad de trabajar en horizontal nos entendimos muy bien y el proceso instructivo y formativo fue desde luego bastante democrático. Tomábamos las decisiones conjuntamente y no teníamos ningún problema para ceder a las opiniones o recomendaciones del otro. Nos dividíamos en dos grupos cada entrenamiento la mayor parte del tiempo y trabajábamos los mismos conceptos atendiendo luego lo máximo posible a las necesidades de cada grupo e individuo. Algo que no es sencillo pero al contar con tres ayudantes podía ser algo más factible. Pero, repito...¡un grupo de 20-23 niños! 

Dicha temporada fue tremenda. Inolvidable. Logramos ganar la Liga federada con solo una derrota en el campo de la Trajana. El resto, victorias. En Consell, con el Benjamín de segundo año llegamos a semifinales de la Copa Barcelona. Todo un logro también.

Y llegamos a la siguiente campaña. Yo empezaba cuarto de carrera. Anhelaba licenciarme virtualmente en junio de 2010. Empezaba a plantearme mi futuro: buscar trabajo, seguir estudiando o ambas cosas. Tenía la sensación de que sería mi último año como entrenador de fútbol base. Tuve la suerte de seguir con el mismo grupo aunque pasaran a Alevines y junto a Carlos de nuevo. Antes de comenzar Nacho había reemplazado a Joaquín como coordinador. Algo que particularmente me soprendió ya que son esas cosas que no ves venir. Con Nacho había jugado en mi segundo año de Juvenil y en otras fases a lo largo de nuestra carrera así que nos conocíamos de sobras. Desde un inicio y en todo momento me dió una confianza brutal. No me he podido quejar nunca. Nos dejó a a Carlos y a mí mucha libertad con el Alevín de primer año a la hora de configurar los equipos semana a semana tanto de F-11 como F-7. Porque nuevamente, al tener un grupo cuantioso, competíamos en dos ligas.

Deportivamente la temporada fue de menos a más. Se logró terminar entre los siete primeros en un grupo complicado y notable  fue el broche final, venciendo 6-2 a los segundos, el Sant Ignasi. Ese domingo 30 de mayo estaba previsto que representara mi último partido con los críos si todo hubiera salido como había maquinado en mi interior. Así que los niños que marcaron goles me los fueron dedicando. Pitó el árbitro y sentado en el banquillo lloré. Pensaba que era el final. Entonces entre Carlos, Èric y su padre Alfons, una de las personas más honradas y maravillosas que jamás he conocido, me dijeron que aún quedaba el torneo. Que no me despidiera aún. Con Carlos la relación se había enfríado en nuestra segunda temporada trabajando juntos. Fue un proceso lógico ya que los dos pensábamos que merecíamos más autonomía e independencia para trabajar y evidentemente teníamos nuestras diferencias. En todos los sentidos. No es fácil adecuar la jerarquía horizontal con tu ego y los intereses particulares. Todos reclamamos nuestro espacio de liderazgo y autoridad. Tuvimos a un gran ayudante, Fran, que se entendió muy bien con el grupo desde un principio. Y como los dos años anteriores, a un gran delegado en la figura de JuanPe.

Digo que ese día estaba previsto que fuera el último partido ya que justo 24h antes había realizado una prueba de acceso a Periodismo en la UPF. Había sido el camino que había escogido y fue la única carta con la que me jugué mi futuro más 'cortoplacista'.

To be continued... 

1 comentario:

Samuel Expósito dijo...

La verdad es que se te dan muy bien los artículos conmovedores... ^^