5.6.11

Despedida


La melena dorada, en libertad y armonía con la brisa mediterránea, se iba alejando. Cada vez más y más diminuta. Hasta que se perdió entre el horizonte. Intentó mantener todo el rato la vista clavada en ella. Su perfecta espalda. La misma que contorsionaba en las mágicas clases de danza y ballet. Aún recordaba sin ningún margen de error aquella noche en el festival de danza clásica donde se había literalmente quedado prendado de la joven bailarina. Desde entonces intentó seguirla, casi obsesionado, hasta poder conocerla.

Al principio ella le tomó por un obseso alocado y sociópata en cierta manera. Pero le soprendió y agradó por otro lado su descaro y originalidad en las formas. Pocos se atreverían a imitarlo. Con el tiempo, las visitas que primero aparecían como esporádicas y carentes de vitalidad entre ambos, evolucionaron hasta un sinfín de encuentros. Él lograba sacarla de sus casillas y quedada tras quedada, se acabaría enamorando de él. El primer beso fue al atardecer de un sábado. No era un parque cualquiera. Nada en aquél momento parecía fruto del azar. El destino quería hablar por sí solo cuando los labios de ambos se unieron formando una silueta única. Aquella estampa era tan bella que debería haber durado toda la eternidad.

Como la primera vez que se acostaron juntos. Dos días después de los primeros besos y arrumacos. Aprovecharon como nunca la oportunidad de tener casa libre. Todo a su alrededor parecía arder en unas llamas que hubiera sido imposible extinguir. Entonces él le dijo que la quería. Con locura. Pero ella no fue capaz de decir nada más para acompañarle. Y todo se enfrío de repente. Nada volvió a ser igual a partir de ese momento aunque ambos rehusaban hablar de ello. Como si aceptasen inevitablemente su sino y que lo suyo era puramente pasajero y temporal.

Esa sensación y ese recuerdo del primer 'te quiero' le invadieron cuando la melena dorada desaparecía más allá del horizonte. Junto a aquellas inolvidables frases de alguna de sus conversaciones:

- No puedo vivir sin ti.

- Sí que puedes.

- Sí...Pero no quiero.

La echaría mucho de menos pero ya no podía volver atrás. La vida era así.

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