Esta tarde, al pasar por el aeropuerto me ha venido a la cabeza aquella idea de que cualquier día cogería una bola del mundo y la haría girar sobre su eje. Entonces sin mirar, apuntaría con el dedo índice al azar sobre cualquier parte del planeta. Donde quisiera el destino. Allí iría. Sin proyectos. Sin planes. Solo a vivir. Como empezar de cero. Forjarse un nuevo sino. Buscando la divina fortuna.
Puede ser una idea bohemia e incluso por qué no, alocada. Sin fundamentos. Pero sería todo un reto personal. En los últimos meses he ido sintiendo esa necesidad de querer irme de aquí. Buscando algo distinto. Casi siempre he tenido algún tipo de vínculo que me ataba en exceso a mi alrededor. Estaba muy comprometido con todo lo que hacía y nunca me picaba en exceso la curiosidad de marcharme .
En estos momentos estoy muy contento y agradecido con la hasta ahora breve experiencia en PepsiCo. Ojalá uno pudiera hacer carrera allí pero la coyuntura ahora mismo no es la más deseable para todos. Si no cambia la realidad económica y del sector de forma considerable en el medio plazo es casi imposible que se incorporen nuevos trabajadores tras el paso como trainees. Quiero aprovechar al máximo la oportunidad y luego ya se verá. Uno solo puedo controlar lo que está a su alcance y tratar de hacer las cosas lo mejor posible.
Todo da muchas vueltas y no sé dónde estaré de aquí a un año, es un decir, ni en qué estará ocupada mi cabeza. Pero estoy convencido de que algunas decisiones que se toman sin pensar demasiado, de forma intuitiva y sin saber bien por qué, te acaban cambiando la vida para siempre. Puede que no lo sepas al día siguiente y que no te des cuenta hasta pasado el tiempo. Mas no mires demasiado atrás y encara las cosas como van viniendo. No es fácil olvidar -a veces simplemente no se puede- pero sí es necesario afrontar lo que uno tiene y el porvenir con la mayor de las ilusiones y repleto de esperanza.
Porque sí, la vida puede ser maravillosa. Pase lo que pase.

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