Soñar despierto. Que siempre amaneciese a tu lado. Con los tímidos primeros rayos de sol penetrando por la rendija del ventanal trasero. La habitación era un palacio para los dos. Nuestro reino vasto en sentimientos, humilde en posesiones materiales. Me mirabas y me enriquecía por dentro, como solo tú sabías hacerlo. Derretido y consumido, no ansiaba sino unirme a ti formando un solo ser día tras día. Noche tras noche. Que no pasara el tiempo. Que nada avanzara. Que aquello durase para toda la vida.
Porque eso era para mí la felicidad.
Vivir un sueño hecho realidad. Lo que había imaginado tiempo atrás con tanta esperanza, alegría e ilusión. Que no cesara el canto del ruiseñor en primavera. Ni la sonata del grillo estival. Que no cayeran todas las hojas en otoño. Ni que hiciera demasiado frío en invierno. Aunque tendríamos la manta y el sofá como aliados. Y una buena película que hubiera elegido el destino. Quién si no.
En un rinconcito muy especial siempre estarás. Unos capítulos llenos de aventuras y cargados de todo tipo de emociones. Porque si la vida fuera una novela, todo esto sería una de las partes más bellas de la misma. Y los bonitos recuerdos no existen sino para permanecer toda la eternidad en la memoria. Allí donde uno ha soñado despierto.
La podréis ver cada mañana si os fijáis bien en el cielo, cuando el Sol quiera hacer acto de presencia de forma magistral. Pero sobre todo impera preciosa en la noche junto a las atrevidas estrellas. Única, dichosa, espectacular. Estará siempre ahí, velando por todos. Como cuidó de mí. Sé que su luz y su esplendor me guiarán por el camino siempre que aparezcan las dudas y la incertidumbre. Que me iluminará un destino feliz.
No dudéis. Si algún día os encontráis con ella, aunque sea por casualidad, ofrecedle vuestro corazón y mejores ideas ya que sabrá sacar el mejor jugo de vosotros. Porque cuando miréis arriba, siempre tendréis en quien confiar.

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