10.7.11

Una peculiar familia


No importa el tiempo que pase entre nosotros. Que la frecuencia con la que ves a algunas personas haya bajado drásticamente en los últimos 5, 6 años. Que la vida nos vaya colocando poco a poco y con más o menos fortuna en distintos caminos. Forjándonos nuestro destino día a día. Con tesón, esperanza y orgullosos de nosotros. Porque tras haber compartido tiempo atrás muchos momentos, tantas y tantas horas en los mismos lugares, se crean vínculos suficientemente fuertes, casi indestructibles, que ni el tiempo ni la distancia pueden apenas combatir. Porque sí, al fin y al cabo, somos como una gran familia.

Hubiéramos quedado a las 4 de la tarde en Virrey. Un sábado. Qué otro día si no. Un ejército de jóvenes con ganas de pasarlo bien, de ganar la partida a la edad y al desenfreno hormonal. Para intentar vivir en una tarde lo equivalente a uno o varios años. Dejarse llevar... Siempre suena demasiado bien. La tarde deja su sitio a la Luna y las estrellas. No tienes los 18 aún y es hora de volver a casa algo más contento que cuando saliste. Por el camino comentas la jugada si ha habido suerte y te has líado con alguien, o en caso contrario, los piques entre tribus urbanas que han acudido al mismo recinto. Cuestión de dominar, siempre.

Pasan algunos años. No son las 4 de la tarde. Ya ha entrado de sobras la noche y la madrugada busca imperar con elegancia. Has perdido el contacto de antaño con muchos. Pero no importa. Allí donde hubieron cenizas, siempre puede renacer el fuego de una sólida amistad. Como si todo el tiempo transcurrido entre esta y la última vez que nos vimos sencillamente no hubiera existido. Podemos cambiar físicamente, de peinado, dejarnos barba, cambiar nuestros códigos de vestimenta e incluso nuestros atavíos, pero seguimos siendo los mismos que quedábamos a las 4 de la tarde los sábados para disfrutar de los placeres de la vida. Siempre en grata compañía.

Cada uno va moldeando su destino de la mejor manera que puede. Hallando la felicidad en su propia búsqueda. Gestionando las emociones dadas nuestras distintas experiencias y tratando de crecer a medida que nuestros pasos nos llevan a un lugar u otro. Pero para nosotros el tiempo o la distancia no son lo primordial ni la diferencia. Es solo una excusa porque somos descuidados y vagos a la hora de vernos más a menudo y compartir la alegría en momentos que por sí solos ya serán inolvidables. Como hace apenas dos días o si retrocediéramos casi 8 años en nuestros senderos.
 
Somos todos los que estábamos pero no estábamos todos los que somos. Estoy seguro que sí habrá una próxima vez y que incluso podrá acudir más gente.

Porque aunque algo peculiar, somos como una gran familia.

No hay comentarios: