24.7.11

No un Olimpo cualquiera


Janis Joplin. Jimi Hendrix. Jim Morrison. Kurt Cobain. Ahora también Amy Winehouse.

Un mismo destino a la temprana edad de 27 años. Talento musical que abandona lo físico demasiado pronto. Permanecerán sus canciones, su única y auténtica voz. Su música podría haber llegado más lejos de lo que lo hizo porque llevaba la vena artística en cada ápice de su piel.

Solemos idolatrar a los músicos y cantantes hasta extremos importantes. Los convertimos en auténticos dioses porque nos transmiten sensaciones especiales, singulares y extraordinarias. Sonidos que nos llevan a otros planetas. A deambular entre lo desconocido.

Y, desgraciadamente, para acrecentar la leyenda algunos terminan con tal destino fatal como fallecer antes de los 30 años. Cuando -no es un tópico- tenían toda su vida y carrera por delante. Dejando de lado a Amy, mucho más actual y efímera que saltó a la fama mundial con un disco tremendo como el Back to Black, los otros nombres son aún el estandarte de otra época. De un movimiento contracultural entonces que se rebelaba contra los estándares sociales de la época. Vidas llevadas al límite desde muy jóvenes unidas a un talento descomunal. Mitos elevados al Olimpo de la eternidad por su magnitud más allá de lo que podemos palpar con nuestros sentidos.

En ese Olimpo, entre otros, ahora mismo Janis está desgranando su voz en pequeñas dosis con Summertime; Hendrix desafiando las leyes de la guitarra eléctrica con el All Along the Watchtower; Kurt está dejándose literalmente sus cuerdas vocales con Smells like teen spirit; desde ayer, Amy canta negándose a su particular Rehab; por último Jim Morrison entona la mítica letra  de The End:

This is the end
Beautiful friend
This is the end
My only friend, the end

It hurts to set you free
But you'll never follow me
The end of laughter and soft lies
The end of nights we tried to die

This is the end

Terminada la canción aplaude entre la multitud un efusivo John Lennon que alerta al mundo para que se prepare. Para que empecemos a imaginar y soñar en un mundo mejor. Michael Jackson asiente con la cabeza junto a Elvis Presley y Freddie Mercury, que lanza una pregunta al aire:

Who wants to live forever?

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