13.6.11

Todos los caminos llevan al Bosco (2ª parte)

Estaba muy confiado. Convencido de que entraría en Periodismo. Por eso quizás no me planteé alternativas. Era la única carta que había dejado sobre la mesa. Descubierta y conocida por casi todos. Suspiraba impaciente por el día en que publicaran las notas online. Las sensaciones habían sido buenas. Cuando vi mi nota por primera vez ya empecé a dudar. Un 5,15 ni era muy alto ni era algo que me esperaba. Me había penalizado mucho la parte de la redacción cuando era sin duda lo que menos me preocupaba. Al fin y al cabo, quizás no escribía demasiado bien...

Retrocediendo unos días a esa primera desilusión que acabaría por confirmarse ya entrado el verano, nos encontramos en nuestro torneo. El 12 de junio. Un día antes había iniciado en Sudáfrica lo que a la postre sería el primer Mundial de fútbol en la historia de España. Nacho me paró un momento para hablar conmigo. Me dijo que confiaba en mí para que el año que viene llevara a un alevín competitivo. Que era el adecuado y que quería que liderara un grupo con aspiraciones de ganar además de formativas. El reto era precioso y ambicioso. Me daba la oportunidad y libertad de escoger a un grupo reducido de chavales, los que yo quisiera, con los que trabajar con el objetivo de competir a tope desde el primer día. Fue una inyección de moral tremenda y en cierta manera inesperada. Sin embargo, no me hacía muchas ilusiones por entonces ya que mi cabeza estaba pensando en la nota de Periodismo. Me había imaginado a mí mismo acudiendo a la Facultad de Poblenou con esos horarios intensivos que imposibilitarían las funciones de entrenador de fútbol base. Aquella facultad que cuando inicié la solicitud pensaba que sería el lugar de asistencia los dos próximos años jornada tras jornada. Pero la vida da muchas vueltas...

Avanzó el mes de julio y se confirmó lo augurado un mes antes. Era el octavo en la reserva para acceder a los estudios de segundo ciclo. Entraban las 43 primeras notas. Y no había dado la talla. Fue una decepción, sinceramente. Como escribí en la primera parte, siempre he odiado perder. Eso era una derrota significativa para mí. Algo frustrado, puse los empeños restantes en intentar aprobar Econometría II, la única asignatura que me quedaba para completar la licenciatura en ADE una vez solucionado el conflicto con DEPE II. Apoyos no me faltaron nunca. Todo lo contrario. Y alguien me dijo que cuando una puerta se cerraba, se abría otra en una nueva dirección. Prácticamente desde la segunda mitad del 2010 tuve a una persona que ha sido muy especial e importante para mí, a mi lado. Siempre muy cerca aunque físicamente no tanto como me hubiera gustado. Si había motivos para seguir mirando hacia adelante y planeando sobre la marcha, los encontraba ahí. Me sentía único y dichoso.

A los pocos días de empezar lo que era mi cuarta temporada como entrenador y la primera auténticamente en solitario, realicé uno de los exámenes más importantes de mi vida. Ese 9 de septiembre terminé ADE. La alegría que sentí al día siguiente justo al ver la nota, ese aprobado que sabía a matrícula, condensaba en forma de metáfora todas las desilusiones anteriores y marcaba el inicio de un nuevo rumbo. Debía emprender un camino distinto y que no había ideado en mis planes meses atrás. Buscar trabajo. Así que paralelamente al inicio de liga, un 10 de octubre en el campo del Europa (el de Vallcarca), arrancaron algunos procesos de selección. Toda una nueva aventura personal. Era muy inexperto en la materia. A medida que íbamos ganando, jornada tras jornada y mejorando el nivel, iba pasando fases en Deloitte y Ernst & Young. Me convencí prácticamente de que entraría en Deloitte. 

Un día antes de empezar perdiendo por vez primera en toda la temporada (un partido que acabarían ganando los críos 19-1), realicé dos entrevistas con apenas 2,30h de diferencia. Primero con un manager de Deloitte, luego con uno de Ernst. De la primera salí con sensaciones muy buenas. Todo optimismo. De la segunda, tras hora y media ciertamente incómoda, más que desconcertado y desangelado. A la semana siguiente me confirmaron desde Ernst lo que me esperaba. Era como quedarse a las puertas de la final de un torneo. Aún quedaba otra bala y el resto de inversiones de la cartera de empleo que trataba de hacer más amplia. Para diversificar el riesgo. Eso nos explicaban en finanzas...

Las Navidades se acercaban y seguíamos imbatidos. El fin de semana del Acto Oficial de Graduación 2010 jugábamos en un campo complicado de un rival directo como el Alzamora. Costó pero los no tan niños vencieron 1-8. Fue un golpe de autoridad sobre la mesa. A la semana siguiente, antes del parón de vacaciones, seguirían con la racha (10-1 sobre el Badalona Sud). Estaban que se salían. Pero quedaba mucha tela por cortar aún. Cuando le explicaba cómo había ido el partido a quien siempre me preguntaba y le decía que no había sido tan sencillo cómo parecía indicar el marcador, no me creía. Nunca me creía porque alegaba que siempre le contaba lo mismo y no colaba después de ganar por tantos goles. Me metía en la piel de entrenador, sin dejarme llevar por la aparente evidencia de superioridad de mis jugadores, supongo.

El inicio de año fue duro. Por varios motivos. Esperaba noticias de Deloitte. Me ponía en contacto vía mail y vía teléfono. Pero hasta abril no recibí la confirmación que con el tiempo ya se hacía más que evidente. La información que me facilitaron justo antes de Navidades se contradecía con lo ocurrido después, o mejor dicho, con lo que nunca llegó a ocurrir. Así que de nuevo, a las puertas de una final. Después de hacer tres fases de un proceso que sabes de sobras que no es sencillo superar te sientes algo molido por dentro. Siempre me quedaba el consuelo de no haberme eliminado a las primeras de cambio. Sea como fuere, el frío enero nos acompañó a los no tan críos y a mí por los campos de Barcelona. Duro fue un domingo gélido de esos de madrugón intenso en el Clot de la Mel. No lo hemos pasado tan mal en toda la temporada. Llegamos al último cuarto empatados y al final ganamos 2-4 a la Vila Olímpica. Como revancha dulce cuando nos visitaron en la vuelta les clavamos 11-2 los alevines con un gran nivel de juego. Quizás animados y picados porque fueron el único equipo que no les hizo el pasillo ya siendo campeones.

Mis jugadores nunca me fallaron. Nunca me han fallado este año. Anecdótico fue el primer partido tras el parón navideño. Les expliqué un poco de mi vida privada para canalizar su motivación y parece que a juzgar por el resultado y el juego de aquél día, funcionó. No lo estaba pasando demasiado bien en aquella época y ellos, pese a su edad, supieron sentir empatía y jugar con más orgullo si cabe. 0-14 en un campo de tierra (el único del grupo) como es el del Turó de la Peira. Hicieron el mejor encuentro fuera de casa sin duda. Tocando el balón desde atrás en todo momento, con continuo dinamismo  y mucha profundidad. Jornadas después vendría el duelo decisivo -pese a que quedaba mucha liga aún- a finales de febrero. El Sant Ignasi no había perdido ningún partido como local. Ante partidos así, en algo que ya había empezado a hacer la temporada anterior, les preparaba por escrito una serie de anotaciones que incluía tanto una arenga colectiva con detalles individuales como el análisis del rival. Siempre que podía intentaba ir a ver a los próximos rivales para observar y conocer sus puntos fuertes y débiles. Dónde pode sacar ventajas y cómo poder explotar mejor nuestras virtudes ante el contrario. Todo esto depende del nivel de compromiso y ganas que tenga uno de trabajar y hacer las cosas. Para mí entrenar no era ir a pasar el rato.

Antes del Sant Ignasi, en los vestuarios, les recordé lo que les había anotado por escrito. La idea de que estábamos en marcha en uno de aquellos trenes que pasan seguramente una vez en la vida. Y que no debíamos bajar aún. Que había que hacer todo lo posible para aguantar subidos el máximo de tiempo posible hasta llegar a nuestro destino. Un destino que se anunciaría con la palabra: VICTORIA. Pero que quedaba mucho camino por recorrer, y aunque ese día no era el final, suponía dar un pasito más en nuestra lucha. 2-7. Nuevo golpe de autoridad sobre la mesa. A partir de ahí empecé a ver como una posibilidad real tratar de buscar el récord absoluto. Todo victorias en una temporada. Aún quedaban tres meses de competición pero días a priori duros, no tantos.

No obstante, como el fútbol es grande porque a veces lo inesperado juega sus bazas, en una tarde entre semana, la Manigua nos complicó mucho la vida bajo la lluvia. Era un partido aplazado y terminamos 7-4, el resultado más justo en casa. No tuvimos nuestro día. Estaban clasificados en la zona baja y no entraba en los planes sufrir tanto. Con pruebas como esas superadas, caminábamos con paso firme hacia el título. Y ya a finales de marzo empezaba sin querer a hacer cuentas en mi cabeza. Por pedir, mejor quedar campeón en casa. Incluso había una opción matemática de serlo antes de Semana Santa, pero hubiera sido ya increíble. A medida que el liderato se afianzaba con rotundidad y merecimiento, se abrían nuevos horizontes laborales. KPMG llegó como agua de mayo, con mucha frescura, y realicé dos fases en muy breve espacio de tiempo. Ahora, teóricamente aún sigo esperando si paso a la última fase.

Superada la Semana Santa, sin procesiones, nos presentábamos en el siempre complicado campo del Badalona Sud. Allí como jugador guardaba recuerdos algo desagradables, nada bonitos. Contra el Artiguense nos hacían prácticamente de todo extra-futbolísticamente hablando. Y a mí, como era lateral, me tocaba cada vez que recorría la banda -que sinceramente, no eran pocas las veces- recibir salivazos desde la grada. Vamos, que me escupían porque sí. Volviendo al presente más reciente, si ganábamos ese partido, seríamos campeones si las mates no se equivocaban. Que no lo harían...  

Dos días antes había recibido una llamada de PepsiCo. Para el martes tenía un proceso de selección. Parecía mentira que me llamaran de alguna empresa que no fuera ni para auditoría o contabilidad.

To be continued... 

1 comentario:

Anónimo dijo...

no se de que hablas de cuando jugabas contra el artiguense recibias salivazos desde la grada. Yo he jugado hay 6 años y nunca hemos tenido ningun problema y nunca hemos intentado hacer nada extradeportivo para ganar un partido, eramos un grupo de amigos que lo unico que nos hacia feliz y con lo que disfrutabamos era jugando al futbol... me meti en el google para ver si veia algo relacionado a mi ex-equipo y veo esto. Ni puta idea macho. Ala deu