
Si existe algo acerca de lo que se ha escrito a lo largo de todos los tiempos es el amor. Amor. Amar. Uno de los infinitivos más bellos de nuestra literatura. Indirectamente yo mismo he llenado de estos conceptos las entradas del blog tras algo más de dos años. Es un principio inevitable e inalterable inherente a la Naturaleza humana y física. Puede llegar a ser tremendamente bonito y al mismo tiempo hacerte sufrir. Quien bien te quiere te hará llorar... Todo el mundo recuerda y podrá recordar su primer gran amor, aquél que llega de joven, ingenuamente y de forma algo inocente. Si de verdad te marca es porque además ha sido correspondido y de él han brotado raíces de un frondoso bosque de verdor, frutos maduros y bellas flores. Pero no necesariamente tiene que ser para siempre.
Con vistas al pasado, ciertamente este espacio había sido en otro tiempo la excusa para mostrar aquello que sentía respecto a alguien en especial. Son capítulos que vas consumiendo en tu vida, que no por ser definitivos, no quiere decir que no valga la pena recordar. Están ahí y forman parte de tu vida; no es agradable arrepentirse de las cosas que uno hace a lo largo de su vida y que no han terminado o no han ido evolucionando, transcurriendo, como uno pensaba, quería o hubiera deseado. Es parte de nuestra historia y de nuestro amalgama de experiencias, recuerdos y vivencias.
El amor en su faceta de relación con el sexo opuesto genera un interés sublime y digno de atención. Al fin y al cabo de su relación, su producto, genera más vida que cualquier otro acto en el mundo. Y placer. Además, el morbo y la complejidad de los seres humanos se elevan exponencialmente, conjugando caprichos, engaños, infidelidades, discusiones, desorden emocional en todo este juego de las relaciones entre chico y chica, hombre y mujer. También es interesante la apreciación del tópico, más o menos versionado así: No hay amor sin sexo, pero sí sexo sin amor. Dualidad humana, racional y animal. Instintos, necesidades.
Casi todos habrán experimentado cierto enamoramiento, más o menos intenso, y lo que ello comporta. Uno deja de ser uno mismo para buscar su autorealización con la persona por la que siente una atracción brutal, a todos los niveles. Si esa atracción se reduce a lo físico, no podríamos hablar de amor sino de sexo, y eso es también muy saludable.
Sin embargo, existen amores mucho más fáciles de entender y observar que el de las relaciones chico-chica. Es el caso del amor o estima entre amigos y amigas, muy sincero y que es muy bonito. El hecho de estar ahí cuando alguien lo necesita para ser escuchado y comprendido, la necesidad de compartir, hablar, reír, llorar... Cierto es que en una confusión de sentimientos se puede llegar a perder la magia de la amistad y una de las partes entonces llegar a sentir algo más por la otra persona. Somos complejos por antonomasia; la vida es compleja a veces. Mas no por ello menos bella. Amor presente también entre padres (padre y madre) con sus hijos e hijas. Es uno de los instintos más primitivos y presente en todas las especies del reino animal. No somos una excepción aunque desgraciadamente en ocasiones asistimos atónitos a historias lamentables en las que se abandona a los hijos, se les maltrata, etc. Muy triste y condenable con todas las de la ley.
Amistad y familia suelen ser pilares fundamentales para con uno mismo. Algunos apuntarían que pese a que no hay obvia receta para la felicidad, el hecho de encontrar a una chica (me pongo en mi caso) con la que escribir las más bellas páginas jamás habidas, sería un ingrediente esencial. Pero cada uno encuentra el sentido de su existencia en lo que quiera, y somos tantos y tan distintos, que da para mucho juego. Hay de todo en la viña del señor.
En otra vida conocí a alguien que dedicó casi toda su vida a amar en silencio a la chica de sus sueños. Su amor platónico. Nunca estuvieron juntos pero él la amó por encima de todas las cosas y era lo que daba sentido a su vida. Aquella razón por la que sonreía en los momentos felices, por la que lloraba en momentos tristes, el motivo por el que amanecía cada día y por el que continuaría escribiendo en busca de uno de sus sueños: ser escritor. Un día lo logró. Y en el fondo de su alma sabía que todo lo que generaba su pluma se debía a lo que ella desprendía en él; ese embrujo que solo se entiende cuando uno se encuentra en un estado ideal y generoso. Cuando la vida de uno se explica por la vida de otra persona. Por la vida de ella.
Y amó en silencio para toda la eternidad rogando que no le sucediera lo mismo que a él a otras personas, para que pudieran compartir con su gran amor todo aquello que habían siempre soñado. Entonces él, instantes antes de morir esbozó una sonrisa dibujando otra vida en el firmamento, donde se encontraría con su amor de toda la vida para siempre.
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