6.11.09

Sonrisa


Como aquella sensación real, demasiado real, y hasta trágica de no poder abrir los ojos. Duele abrirlos. No para ver la realidad, a trazos cruel, a trazos amable, a trazos desgarradoramente vital. El cansancio, disfrazado de sueño, en una relación muy recíproca, te invita a seguir estirado en la cama, haciendo caso omiso de la alarma del móvil que apuras cada vez que suena. Un poquito más, ahora va un poco más, solo cinco minutos, va diez minutos y me levanto seguro...

Las semanas están danzando cuán huracanes a finales de agosto en el Caribe. Las ves pasar pero de forma agresiva, consciente que se han desvanecido una vez llega el domingo. O el lunes. ¿Ya estamos en la semana 6? ¿Pero la 6 o la 5? Siempre piensas que queda mucho pero al final inevitablemente todo llega. Mejor que no te agarre indefenso y desprevenido.

Mientras, con el frío (¡menudo frío por cierto...!) sacudiendo enérgico en las tardes de entreno y las mañanas de universidad, reclamando la atención hacia un fenómeno metereológico pero más social que otra cosa: se hace de noche antes. Le prestamos más atención al prematuro oscurecer que al renacido amanecer no sé si dando muestras de pesimismo o de tormento social más que de esperanza y renovación.

En el aula agradeces tener profesores cualificados y que realmente sirven para la docencia superior. Más allá de que me guste menos o más la asignatura de turno (no soy sospechoso de amar la Econometría), el profesor de Econometría II es un fenómeno estocástico y disperso en una muestra de profesores que suelen ser más bien mediocres y distribuidos de forma certera para aburrir a más de uno. Pero estas semanas la historia suena distinta. Luego otra cosa serán mis resultados... Con ello confirmo poco a poco la teoría de que un gran profesor puede hacerte interesante una materia ajena a tus gustos y tu idiosincracia individual y humana, tu esencia (y viceversa).

Los párpados no engañan y transmiten las notas de fiesta de los pasados días, intensas, hedonistas, repletas de magia, armonía. Musicalidad sorprendente, no planeada. Alguna sonrisa boba al terminar y más de un pensamiento vacío que se evapora a medida que el día siguiente (lo que la gente conoce por resaca, que no siempre es tal) avanza. El corazón brincando, nervioso ante lo que para ti representaba un acontecimiento digno de una obra de arte. No puede ser. ¡Qué he hecho, qué mal he quedado seguro! Tus labios de este a oeste no son una casualidad sino una consecuencia emocional y afectiva, hasta una pura reacción química producto de la atracción física o global... porque con poco parece que te conformas. Y es que prefieres soñar, imaginar, crear, escribir.

Y las anginas parece que quieren vencer al mejor de los remedios (zumo de naranja con un limón, ambos naturales y exprimidos) mientras tu sonrisa es consciente de que has encontrado tiempo para volver al rincón a fantasear. Mañana, como mínimo, no hay que madrugar y eso invita más si cabe, a soñar.

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