Hay distancias que no dependen de límites geográficos, políticos ni administrativos. La distancia la marcan y condicionan las personas. Pudiendo llegar a sentir muy cerca aquello que está lejos y al revés. Sintiendo tremendamente alejado de ti aquello que tienes al lado.
Si dos personas quieren pueden acortar cualquier frontera y barrera. Haciendo que puedan florecer momentos únicos y especiales. Diferentes. Momentos compartidos en una distancia que claro que nos desagrada y no satisface. Es apática. Pero que se presenta como un reto y oportunidad para armarse de paciencia y desear que ya llegue ese día. Siempre puedes pensar que queda menos para volver a ver a esa persona que está lejos y echas de menos. Un amigo, tu pareja, un familiar muy cercano... Ese día en que podrás sentir y tocar bien de cerca aquello que deseas, sueñas y anhelas. Lo que te hace sonreír y sentir distinto con una simple mueca, palabra o mirada.
Si dos personas quieren no hay fronteras que valgan. Pero ahí reside el poder de la voluntad. Querer es poder. Por eso, aún en la distancia, aprovecha y saborea al máximo esos momentos que te hacen sentir especial levantándote una sonrisa. Porque ya no queda tanto para que puedas mostrarle esa sonrisa en persona. Para que puedas vivir y disfrutar esos momentos cara a cara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario