
Desde ayer, cada 3 de septiembre recordaremos la mayor gesta del baloncesto español en nuestra historia hasta ahora, porque los Golden Boys quieren continuar inscribiendo sus nombres en la cúspide del Olimpo.
La de ayer fue una victoria épica sobre el campeón de Europa, Grecia, uno de esos partidos que se va a glorificar hasta la saciedad pues así lo merece, y es que jamás habíamos experimentado tantas emociones en un deporte colectivo de tal nivel tan competitivo. La mayoría podemos coincidir en que fue un triunfo de leyenda pues nuestro jugador más determinante y All-star Pau Gasol no pudo estar en la cancha por la lesión en semis. Pero él era quien desde el banquillo iluminó al resto de jugadores de la selección hacia el objetivo común, y es que todos ellos eran conscientes que sin Pau no hubieran llegado hasta la lucha por el metal más preciado. Lucharon por él, por ellos, por demostrar que sin su mejor jugador eran capaces de irradiar el tarro de las esencias con el que jugar la final perefecta. Y así fue, realmente.
Se volvió a cumplir el tópico típico (cuanto nos gustan los tópicos) de que los ataques ganan partidos y las defensas campeonatos; España limitó a 47 puntos a los helenos (la segunda anotación más baja del recién finalizado Mundobasket en Japón.) El tanteo (70-47) se me antoja algo bajo sí, pero lo fundamental es la victoria, y esta fue apabullante como se presume. Los griegos defienden muy bien también pero se toparon con una selección que minimizó al máximo las limitaciones técnicas de su rival y en ataque estuvieron guiados por los triples de Garbajosa y Navarro y por el contrataque, marca de la casa. Así rompieron el partido en la primera parte.
Hoy me he levantado en mi barrio y al asomarme por la ventana he observado que todo parecía volver a la monotonía mundanal que supone el fin del verano: mayor volumen de personas bajando para coger el metro, jubilados con bolsas y otros tantos buscando obras, olor a estrés y sabor a la nada. Por eso no estaba seguro de si estaba soñando cuando he abierto los ojos, ya que sin embargo había cosas que no habían cambiado como los ladridos-alaridos del Fox Terrier de enfrente y el reggaeton de los jóvenes de al lado de tan simpático perro. Al fin he despertado de la duda transitoria y he sonreído ante el póster de Gasol: éramos campeones del mundo.
Pau, Rudy, Cabezas, Navarro, Calderón, Felipe Reyes, Carlos Jiménez, Sergio Rodríguez, Berni, Marc Gasol, Mumbrú y Garbajosa son los protagonistas de la gesta más grande que ha conocido el baloncesto español sin olvidarme del magnífico cuerpo técnico, que sin alardeos figurativos ha estado ahí, como en la sombra, siendo el motor que ha impulsado y ha hecho posible llegar a la meta con el oro: ahí han estado el míster 'Pepu' Hernández y sus ayudantes 'Chichi' Creus, Rafael Vecina y Jenaro Díaz, también auténticos personajes en este hito increíble y fantástico. Y es que la selección por encima de todo ha sido un equipo con mayúsculas y todas las de la ley, y no voy a bautizarlos como el auténtico Dream Team como comentaba el fenómeno de las narraciones Andrés Montes, quien ha hecho un trabajo grandioso y espectacular con Itu, Lagarto de la Cruz y el resto del equipo de la Sexta (los que se ven y los que no), sino que un servidor, haciendo honor de su originalidad escasa, a saber, va a bautizar al combinado español glorioso como The Team, ya que en ocasiones lo más simple a primera vista es lo más significativo, y en este caso lo que mejor define a la selección es precisamente que es un EQUIPO (desde el utillero al médico, jugadores...)
Por otra parte he conocido esta mañana la amarga noticia de que el padre de 'Pepu' Hernández falleció antes de la final, y desde aquí me gustaría acompañarle en estos duros momentos, y a su padre, que descanse en PAZ, y que esté donde esté se sienta orgulloso de su hijo, al que le ha sabido transmitir una fuerza vital enorme, ya que el entrenador no quiso comentar nada a los jugadores para no desconcentrarlos del objetivo. Por eso, cuando sonó el himno de los campeones, 'Pepu', con la mano en el corazón compartió con su padre esos momentos, esa victoria iba por él, que en paz descanse.
Los intérpretes de la otra gran fiesta del baloncesto español en Los Ángeles 84 seguirán siendo recordados, pero ahora con los de Japón 2006, en un firmamento en el que victorias como las de ayer ya marcan que uno pase a la eternidad, el estrecho trecho entre humanos deportistas y leyendas deportivas. Gracias por hacernos vibrar, por las emociones, por sentirnos felices y orgullosos del equipo que representa a nuestro país, que desgraciadamente no está habituado demasiado a este tipo de logros. Pero como dicen en la Sexta, todo va a cambiar, y a mejor, claro está.
Solo cabe añadir que en estas dos semanas de campeonato no me he afeitado la barba en honor a Pau Gasol, y superstición o no, ha funcionado, pero ya es tiempo para afeitársela supongo. Lo que nunca abandonaré será el espíritu de la barba, el espíritu de la selección de oro.
2 comentarios:
Muy bien, amigo Jordi, veo que te has lanzado a la arena blógica. Así me gusta. Te enlazaré y te leeré.
Ya he vuelto de mis largas vacaciones.
Un abrazo.
No me parece bien lo de la "moderación de comentarios". Creo que la libertad de expresión es básica en todo esto.
Pero, bueno, tú sabrás. Este mensaje lo puedes borrar.
Un abrazo.
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