
La espontaneidad fluye en un estado febril como el que me encuentro. Ebullicioso y extasiado de ilusión intento seguir el papel de los baloncestistas españoles en Japón;mi apuesta particular es una final entre EEUU y España. Espero y auguro que no hay lugar para una nueva decepción deportiva a nivel colectivo. Hoy, sin embargo, la llamada del deporte no ha sacudido mi puerta ni se ha asomado por la ventana de mi cuarto. En mi rincón hay ciertos símbolos que reclamaban salir a flote, por más que yo pretendía advertirles que la superficie era en muchas ocasiones tierra de hostilidades.
Este año se conmemora el 75º aniversario de la instauración de la II República, el intento político y democrático de modernizar España más progresista y avanzado del primer tercio del siglo XX. Y a la vez, con el llanto de las golondrinas, hace 70 años que empezó la barbarie, una barbarie que duró tres años y que significó el establecimiento de un régimen dictatorial fascista bajo la tutela del Caudillo-Franco, sistema totalitario y autoritario, por otra parte también. Los que apoyaron al general Franco se rebelaron en contra del orden constitucional establecido que configuraba a nuestro país en su forma de República y que era ambiciosa en cuanto a la idea de prosperar en un proyecto plurinacional y justo con la sociedad en su sentido amplio, otorgando lo que las clases populares merecían. Fue, pues, un golpe militar ilegal e ilegítimo. Los secuaces, los verdugos de la tragedia fueron el sector del ejército insurgente, la Iglesia, las clases pudientes de la sociedad (altas, burguesía, terratenientes...), todo un establishment al que añadiríamos la Banca y la Monarquía, esta última totalmente anacrónica. Con ello se conforma el elenco de poderes fácticos que a lo largo de la historia ha monopolizado el país y que explica no solo su gran retraso en el desarrollo social en comparación con los países que en su momento constituyeron la Europa de los 15 sino que explica el porqué de las elevadas cotas de conservadurismo/derechismo existentes en nuestro rico y plural territorio.
Durante el período republicano es cierto que también se cometieron muchos actos injustos e injustificables, pero esto sucede hoy día también en los regímenes democráticos occidentales. No es mentira tampoco que en el bando republicano, al iniciarse la llamada Guerra Civil, algo que habría que revisar sin tapujos y tranquilamente, cometió muchas atrocidades, pero ellas no fueron nunca una estrategia militar sino que surgía de forma espontánea y fueron claramente despreciadas por la legitimidad del poder republicano, a diferencia de toda la represión y violencia franquista, que no es que conformase únicamente una estrategia militar sino que se prolongó al finalizar el conflicto durante casi 40 años más.
Si Jesús de Nazaret pasó 40 días y 40 noches en el desierto en condiciones inhóspitas, en nuestro país llamado España sufrimos (en mi caso no directamente pero es irrefutable de un modo objetivo que si indirectamente como ciudadano en la actualidad) 40 años de retraso, de involución, de regreso a una nueva Edad Media con el régimen fascista, autoritario y totalitario que se ha denominado por conveniencia social franquismo, que como en su sentido estricto solo se refiere a la personalidad del Generalísimo no abarca ni en esencia ni en profundidad la naturaleza de tal régimen, mal que les pese a algunos reconocerlo (que son los mismos que lo apoyaron, las clases y estructuras de poder de raíces ultraconservadoras, conservadoras, y derechistas, al fin y al cabo).
No fue sino la insurección militar del 18-J mencionada la que puso fin a la experiencia democrática más prometedora en España en las primeras décadas del siglo de las destrucciones y el caos mundial. Durante la Transición no se hicieron bien del todo los deberes y ahora parece que poco a poco las flores van a poder crecer sin esperar a milagros, y la recuperación de la Memoria Histórica parece que va por su cauce correcto. Es necesario que no se desvíe y que el gobierno socialista actual lidere junto con las fuerzas de izquierda lo que es necesario en nuestro país como medida de progreso y democratización: finalizar la amnesia colectiva que ha invadido la plana mayor del mundo político y mediático en España. Y es que hay hechos como algunos ya comentados que son irrefutables. Aquí no se trata de establecer que unos fueron los buenos y otros los malos, sino contar las cosas por su nombre. Los republicanos, por ejemplo, defendían la legalidad jurídica constitucional y no los franquistas. Fue precisamente, además este bando, quien con la ayuda de la aviación italiana de Mussolini bombardeó por primera vez a la población civil, en mi Barcelona natal, y los alemanes nazis los que hicieron lo propio en Durango y Guernica, como muestra de apoyo a Franco y sin los cuales no hubieran podido ganar la guerra, en gran parte.
La Ley de Recuperación de la Memoria Histórica debería ser un paso importante, y debemos seguir adelante para acabar homenajeando a todos aquellos que lucharon por los valores de la democracia, que lucharon y dieron sus vidas por la libertad, en definitiva, por la dignidad humana. Son ellos los que deben ser reconocidos y sin los cuales yo mismo no podría escribir esto ni gozar de mi status de ciudadano con derechos y deberes. No son los mitos del franquismo los que hay que continuar viendo en calles, plazas y monumentos. Se debe hacer justicia y de una vez por todas legislar que la defensa del franquismo es delito, como en Alemania lo es hacerlo del nazismo. Si somos una democracia de verdad, si somos Europa, seámoslo, pero no de retórica solamente.Por mi estado febril muchos pensarán que soy un revanchista, pero es obvio que niego tal afirmación. Ya no se trata de ganar lo que no se pudo, poque se perdió y mucho, sino de recuperar y ganar lo que nos merecemos. Y me gustaría empezar por implantar y captar el espíritu en que se instauró la II República, con sus sueños e ilusiones de una España moderna y progresista abanderada de la libertad y los derechos humanos en un clima plurinacional que respetase la identidad de los distintos pueblos/naciones del terriorio y que persiguiese mejorar el desarrollo social. Aún hoy existen muchas desigualdades en nuestro país, como lo demuestra lo atrasado que está nuestro Estado del Bienestar, a veces del Malestar. Necesitamos ese espíritu y ánimo, fuerza de progreso para democratizar España y acabar con las injusticias. Seguramente no será bajo una III República ni bajo su bandera pero yo me conformo con que la pueda contemplar cada día en mi rincón mientras se cumplan nuestros sueños de mejora, porque merece la pena.
Por todo ello me permito la licencia de expresar: ¡Viva los valores republicanos!
De ellos podemos y sería precioso aprender mucho hoy en día en una espiral de conservadurismo que reina en nuestro país por el establishment anticipado. Parece que con los cambios de gobierno tanto a nivel estatal como en Cataluña, donde espero que se reedite el tripartit, vamos en la senda que conduce al verdadero Paraíso, no el de dios, sino el de los hombres y mujeres que lucharon, luchan por la libertad, la igualdad, la justicia, por su dignidad más humana, por ellos como sustancia y esencia.
Amén.
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