7.4.07

Cuento de juventud


Al atardecer, Rany y Telva, primos de los que se habían criado como hermanos, se acercaron a la cabaña del viejo Yuko. Recién estrenados los primeros años de adolescencia, no habían olvidado la costumbre de acercarse a la choza de aquél que tanto tiempo pasó junto a ellos cuando pequeños eran. El regalo anunciado era alguna de esas historias que tanto podía llegar a enternecer como a cautivar, pues menos indiferencia, todo podía surgir de las cenizas de sus palabras. Muchas de ellas eran más fuertes que el viento, y éste, agitado y herido en su interior machacaba con violencia y vehemencia los rincones del refugio de Yuko.

Las campanas de la iglesia habían repicado un nuevo tiempo, una hora menos o una hora más, según uno viera las cosas, y el viejo Yuko comenzó su relato:

- Los días invernales habían pasado factura a más de un habitante de la capital, donde las muertes diarias dejaban de ser noticia para convertirse en la monotonía regular y habitual, tal y como el sol sale y se marcha día tras día. Desde que comenzara la guerra todo no había hecho sino empeorar, la situación se recrudecía, ya que existía escasez de bienes primarios y servicios tan fundamentales como el agua potable. Se requerían suministros de todo tipo y para todos los usos. Una guerra que cumplía un año, ¡qué tristeza de aniversario! Ya para los más optimistas era difícil mantener la esperanza, agarrarse a un clavo ardiendo con el objetivo de no menguar en el intento. Estaban hundidos en la miseria del conflicto y la batalla sin saber por qué, miles y miles de civiles arriesgados por no se sabe qué ni cómo.

Y entre las infinitas historias del pueblo que se podían extraer de tiempos así, uno podía escoger la que quisiera, pero todas absolutamente eran muestras de valor, valentía y lucha por la libertad en un clima donde la supervivencia era lo que más valía. Poder seguir viviendo, mal que a muchos les pesara. Todo absolutamente en una guerra es irracional, desde las causas hasta las consecuencias, no hay más que odio, sangre y dolor, muchas veces aún más lamentablemente, entre hermanos.

De entre las muchas historias, la que Yuko mejor recordaba, dado que la memoria también estaba sujeta al paso inevitable de los años, era la de Daniella y Kuary. Éste era un jovenzuelo recién afiliado a la milicia, ya que ahí almenos tenía garantizado cobijo seguro y algo con que poder saciar su estómago. Y pese a que la situación de los militares y ya no digamos de la milicia era bastante deplorable, para muchos como él era mejor que anteponerse a la jungla cotidiana. Kuary daba muestras de progreso en el campo bélico, más por ansia y afán de supervivencia que por destreza, ya que apenas había espacio y momento para su formación, como la de tantos otros lechales que se alistaban voluntariamente, para sobrevivir y ayudar. Con el tiempo llegaría a comprender la sinrazón de una guerra, y la pasión irrevocable que guía a los seres humanos hacia la destrucción.

Daniella era hija de clase baja, que dignamente había podido llegar a cursar estudios universitarios con el esfuerzo suyo y sobretodo de sus padres, que no habían podido traer más riquezas al mundo que esa preciosa chica de ojos verdes y melena dorada. Le unía con Kuary esa juventud y ese afán de supervivencia pero por cauces distintos. A sus 18 años, mientras una buscaba el idealismo, el otro perseguía realidades a corto plazo, tal y como había aprendido en la calle. Se alistó como enfermera voluntaria para atender a los heridos, y en una de esas tardes otoñales recibió a un chico moreno con una fisonomía muy marcada y una mirada profunda que denostaba tristeza y rencor por todo lo que amasaba. Agradeció la labor de sus delicadas blancas manos y le dijo que se volverían a ver.

Kuary cumplió la palabra cuando Daniella aún no había podido olvidar ese rostro y ese cuerpo que escondía un legado tenebroso pero demasiado interesante como para evitarlo. En seguida la pasión se desató entre ellos, quizás ayudado todo por las prisas que uno encuentra en la guerra y las ganas de comerse el mundo antes de que este te coma a ti. Aprovecharon tanto como pudieron los ratos libres que Kuary conseguía sonsacar, aún a costa de castigos y alguna que otra paliza de sus superiores, pero merecía la pena porque jamás había conocido una rosa tan preciosa en el jardín de sus tristezas y de su cruel pasado.

Mas el destino no iba a ser menos, y en esos días invernales con los que comenzaba la historia, medio moribundo apareció el joven soldado, tras un año prácticamente de resistencia suicida. Tarde o temprano el más sabio de los ignorantes hubiera pronosticado tal crudeza. Daniella en cuanto lo vió hizo todo lo posible para intentar reanimarlo, con la parte de su cuerpo que podía, ya que el dolor de su corazón era tan poderoso que le había congelado muchas de sus dotes y credenciales. Kuary había sido herido de bala muy cerca del corazón, y con mucho esfuerzo y valentía, como siempre había realizado a lo largo de su corta pero intensa vida le dijo a su Daniella:

Lo siento por no poder seguir más tiempo a tu lado, me duele saber que todo esto ya se ha acabado en este mundo, pero me consuela sobretodo el saber que antes de morir he podido conocer a la chica más bella y maravillosa de este mundo. No quisera verte sufrir desde el cielo sino todo lo contrario, recuérdame como alguien que sencillamente quería hacerte feliz y vivir a tu lado para siempre. No me atrevo a pedirte un deseo porque solo me gustaría que vivieras lo máximo posible, que emigres a otro país en busca de un futuro mejor. Para mi ya vivirás eternamente en mi corazón, y donde quiera que vayas allí estaré yo, siendo feliz mientras tú lo seas. Y si tienes un hijo, ponle Kuary, eso sí que me gustaría. Sería como volverte a tener cerca de nuevo. Te amo y te amaré siem...

No pudo acabar de decir su última palabra, ya por el dolor acumulado y por las lágrimas suyas y de Daniella que navegaban por ese océano de dolor y de inocencia, de juventud maltrecha por las sinrazones de un conflicto bélico, por todo. Ya poco importa que ella consiguiera huir hacia un sitio mejor, donde precisamente cuidó a su hijo, que era de Kuary y así se llamó. Mas ni él ni ella supieron en vida que iban a ser padres. Ya poco importa qué ocurrió con la guerra, porque lo único claro y preocupante es que es el pueblo el que sale perdiendo de todas estas batallas de las altas esferas por el control.

Daniella y Kuary podrían haber sido otros, tanta gente anónima que ha padecido y continúa padeciendo los horrores de las guerras, aquí y allí. Y detrás de tanta barbarie es destacable como el ser humano puede extraer bondad y buenos sentimientos, puede llegar a amar de verdad, tal y como ellos dos hicieron, unidos por un cruel y fatal destino que no hace sino llevarnos a su fin.

Y Yuko cocluyó diciendo que la esperanza era lo último que se perdía, que están los medios para lograr un mundo mejor y que a base de relatos como éste, Rany y Telva podían aprender y contarlos igualmente por todos los bosques y selvas, ciudades y villas, porque es empezando por la educación y la cultura de donde puede partir todo.

Había anochecido y el viejo sabio acompañó a los dos primos a su casa, quienes aún arrastraban las lágrimas y la amargura por lo que habían oído, pero dibujaban en sus labios un rayo de ilusión y esperanza. Solo así se decían a ellos mismos con mirada cómplice que las grandes revoluciones comienzan desde abajo, desde la PAZ y el AMOR.

1 comentario:

Anónimo dijo...

moooolt bonik!! aires pearl harbor made in spain (k grande eres!!;))

:*