27.4.07

Sol y Luna


Cinco horas dormidas al día de media esta semana, con la Coca-Cola como mejor aliada y con bastante cansancio. Cuando uno es joven es capaz de sacar fuerzas de donde sea. Y casi se podría decir que durante toda la vida si uno quiere y está convencido. Mi abuela, a sus 88 años, es un claro ejemplo. Cose como en un taller ilegal chino y es capaz de echar unas risas viendo CQC. Mi abuela y cualquiera de su generación podrían perfectamente haberme explicado un cuento de los orígenes del mundo.

En el principio de los tiempos, el Sol y la Luna andaban juntos por el mismo camino. Cuando fueron creados por las fuerzas de la divinidad llegaron a hacerse tan amigos que uno confundía cuando era el día y cuando la noche. El ser tan diferentes y opuestos les empujaba a conocerse más y a interesarse el uno por el otro, de tal manera que descuidaban muchas de sus obligaciones cotidianas charlando y viviendo la vida.

Al Sol le apasionaba escribir sobre lo real y lo imaginario, era un tipo de ideas e ideales, que encontraba en el día el mejor marco para pensar y desarrollar sus gustos y aficiones. La Luna en cambio era más traviesa y prefería la noche, le gustaba jugar con más intimidad acompañada de las estrellas. Era ella una apasionada de la música, la primera gran artista que conoció el Universo. Los escritos del Sol se complementaban a la perfección con las melodías de la Luna, creando efectivamente arte en su esplendor. Las palabra soleadas iluminaban el planeta por todos los rincones y al llegar la noche las notas luneras cubrían el cielo con un manto estrellado donde todos los sueños parecía que podían hacerse realidad.

Mas todo no podía ser siempre tan bello y la ira de la Divina Naturaleza brotó con rabia puesto que tanto el Sol como la Luna se distraían con gran asiduidad y ello causaba temor y desconfianza, incomprensión no solo a la Naturaleza sino a los primeros humanos que iban poblando la Tierra e indagando por sus mares y montañas. Muy a su pesar, el Sol y la Luna solo podían llegar a verse cuando el primero de ellos se ponía, y así tuvieron que inmortalizar el momento para que eterno fuera. De este modo acaeció.

Ya nunca más se apreciaron problemas con ellos dos, mas el Sol y la Luna, más listos que ningún otro ser se las arreglaron para seguir igual sin provocar las iras de las divinidades. De este modo, cada vez al atardecer, el Sol se ocultaba tras el horizonte entre un rojo de pasión, profundo cariño y amistad que invitaba a la Luna a iluminar toda la noche junto a sus amigas las estrellas. El escenario ideal era el cielo, que durante el día era azul claro, como bien le gusta al Sol, y por la noche se tornaba más oscuro, a las preferencia de la Luna. Luego llegaba el alba, y la Luna lejos de echarse atrás y desaparecer quedaba medio invisible por la claridad de un nuevo amanecer, observando al Sol en su esplendor, descansando después de la actividad. Entonces el Sol empezaba a escribir nuevas historias, nuevas letras para la música que unas horas más tarde tocaría su Luna. Así son capaces de seguir día tras día, noche tras noche ellos dos, sin que nadie lo advierta, como quien juega al escondite o como quien se oculta de algo malo que presuntamente ha hecho.

Tal es así que a cada atardecer podemos ver como el Sol le guiña a la Luna y hasta en los días más claros en los que reina la ilusión, la esperanza y la felicidad, les vemos abrazarse. Horas después, a la entrada de una nueva mañana el Sol le da un beso de buenos días a ella, y le tapa con sábanas tejidas de cariño y profunda amistad. Hubo un tiempo que el Sol la llegó a amar mucho, y ella también le quería a él, pero así de hecho surgió la gran y verdadera amistad, de la imposibilidad de colmar el amor.

El Sol y la Luna ahora son muy felices, porque fueron hábiles y valientes para poder eternizar su bella relación, porque supieron como sacar los rayos de esperanza y esparcir por el mundo todo aquello que nos invita a desear un mañana más próspero, feliz y agradable.

Porque si uno se lo plantea, vale la pena luchar por lo que uno quiere, sea lo que sea. El Sol y la Luna lograron una gran amistad, llena de respeto, sinceridad y confianza donde no había espacio para el mal. Muchos pensaremos que sería perfecto que cundiera el ejemplo entre la raza humana.

Y recordad, todos tenemos un solecito y una lunita dentro de nosotros, que sonríe a cada amanecer y anochecer, que nos empuja a ver el futuro con optimismo y a ser felices.

1 comentario:

Anónimo dijo...

gracias, the moon smiles for you