Bien recibida la madrugada y con mucho sueño por recuperar. Cualquier mirada al pasado es válida para sentir nostalgia, para evocar algún que otro recuerdo. En estos momentos un joven de 16 años se arrepiente de no haberle dicho a la chica que le atrae para salir a tomar algo y al cine.
Ha llegado a casa uno y lo primero que se encuentra es al ex-presidente Aznar haciendo lo que sabe, dar la nota y actuar como lo que es: un anti-demócrata. Y aún habrá gente dispuesta a rendirse a sus pies y a su demagogia, dispuesta por otra parte a que volviera a presentarse a una elecciones generales. A quien no lo debe haber resultado gracioso es a Rajoy, en plena campaña como siempre, y ahora con más motivos que se acercan municipales y autonómicas en el Estado. Pero es que las palabras de Aznar no tienen desperdicio, no se puede tener más cara.
Observo la mano izquierda y una sutil cicatriz marca que hace dos veranos sufrí un torpe accidente en bicicleta que por suerte solo me dejó ese recuerdo además de algún que otro temor a las bajadas en bici. Cicatrices así sirven para aprender de los errores y para alertarnos de que en el pasado nos equivocamos y que puede volver a pasar. Nadie es, ni debe ser, por suerte, perfecto. Sin embargo hay otro tipo de marcas que cuesta mucho más que se cierren. Por más que uno lo desee, parece imposible. Ejemplos de estas en los corazones de muchos.
El daño que alguna vez hemos podido sufrir se convierte en un sentimiento de temor y miedo de lo que está por llegar, siempre marcados por las experiencias pasadas, y por el hecho de habernos equivocado. Mas hemos de encontrar el camino para lograr visualizar la esperanza y ser optimistas ante el presente más inmediato y asimismo del porvenir. Será de esta forma que poco a poco se irán cerrando viejas heridas, cicatrices de antaño que parecían destinadas a oxidarnos a nosotros mismos.
Las cicatrices marcan experiencias al fin y al cabo, y de estas por tanto las hay de muchos colores. Nuestro país arrastra aún una por culpa del Franquismo, y no se han cerrado ni mucho menos heridas del pasado aún. Cada uno de nosotros podemos presentar alguna a causa de desengaños amorosos, amistades que no eran tal, accidentes inoportunos y culquier tipo de vivencia que se os ocurra. Seguro que muchos de vosotros tenéis alguna de ellas, y deseáis haberla tapado o seguís en su intento. Cerrar cicatrices no es siempre olvidar, es saber aprender y rectificar, corregir aquello que no ha sido tan deseable para poder ser con ilusión más felices poco a poco.
El silencio mantiene inundada la peatonal calle, no se anuncia ni el más mínimo ruido a estas alturas de la noche. La Luna se encuentra en su esplendor, iluminando las capas del Universo, y dejando en evidencia a las atrevidas nubes que la desafían. Sonríe porque sabe que están escribiendo sobre ella, y hasta se enrojece un poco.
Dicen que mañana será un nuevo amanecer. Hay realmente pocas cosas de las que podemos estar seguros. Pero las que tenemos claras han de ser pilares fundamentales de nuestras vidas, y los ejes a partir de lo cuales vale la pena luchar. Perseguid vuestros deseos, soñad despiertos y todo se podrá hacer realidad. La fe mueve montañas. Creer en vosotros mismos y luego en los demás, solo así ocurren los verdaderos milagros. Y si no que se lo pregunten a un equipo de la NBA, los Golden State Warriors, que siendo el último clasificado para los Playoffs en la Conferencia Oeste han eliminado al mejor equipo de la temporada regular, los Mavericks de Dallas. Es un ejemplo algo trivial, pero para nada. Es el ejemplo a seguir para todos nosotros porque si creemos en algo, ello es posible. Nunca os déis por vencidos; el mundo necesita gente despierta, activa y reactiva ante lo que sucede por todos los rincones, necesita de vuestras voces y oídos para mejorar sus olores y sabores.
Entonces, en la soledad de la noche, algún que otro revolucionario grita, extasiado por el júbilo y la figura de lo que no es sino un mito de lo que realmente fue, un ídolo del que nos hemos de quedar con algunas de sus ideas y con su mentalidad, desde luego:
¡Hasta la victoria siempre!
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