20.5.07

Subirse al tren


Esperando en el andén cada mañana. El mismo metro, la misma gente, esas miradas soñolientas que anuncian la pesadumbre de una nueva jornada laboral, estudiantil, de la que siempre espera uno mejores cosas que de la anterior.

Habrá gente que nunca se atreverá a coger el tren por miedo a equivocarse de destino, por dudar en dar el siguiente paso en sus vidas. A veces es solo cuestión de subir primero un pie y después el otro. Ese acto que parece tan trivial puede esconder un futuro muy brillante y de lo más esperanzado para muchas almas. Otros andan perdidos en un laberinto sin salida, de tren en tren, de vagón en vagón. Sin rumbo fijo, no por ser unos nómadas de estos tiempos sino por no saber que es lo que desean realmente y qué hacer para intentar lograrlo. Cabalgan como jinetes sin caballo, luchan como caballeros sin espada.

En ocasiones nos vemos obligados por las circunstancias a subirnos para empezar nuevas aventuras, nuevas etapas que nos deben llevar allí donde queremos o tenemos pensado ir. Y pueden cambiar mucho las cosas durante el trayecto recién empezado. Vamos conociendo compañeros de viaje que nos cuentan sus inquietudes y sueños, diferentes metas en distintas personas, varias miradas hacia un mismo futuro desde variopintas perspectivas. Durante el camino haces más migas con unos que con otros, personas que integras en tu nueva vida, y de los cuales alguna en especial intentas que te conozca ampliamente. Siempre habrá tiempo para mirar al pasado, para el recuerdo, para mantener vivo el olor y la atmosfera transcurrida. A veces el gusto de lo vivido resultará amargo; en otras ocasiones la dulzura reinará vastamente y sin complejos.

Es entonces en esos momentos cuando te planteas en qué y cómo ha cambiado tu vida que nunca hubieras imaginado llegar hasta dónde has llegado. No te habías parado a pensar que subirse a ese tren iba a significar algo tan revolucionario. Al principio temes más que esperas, y nunca del todo acaba de evaporarse esa sensación de miedo e inseguridad ante lo desconocido. Suerte que durante el trayecto puedes topar con algun viajero que aún siendo soñador y amante de lo ficticio, te intenta mostrar la nueva realidad como es, te intenta ayudar y guiar por la oscuridad del camino de la soledad y la incertidumbre. Llegará un día lejano en un lugar aún más alejado que evocarás todos aquellos pensamientos que te sobrevolaban la cabeza cuando montaste en el tren. Más aún, recordarás aquellos que hicieron posible que tus nuevas huellas no se quedarán atrás, empapadas y hundidas en la miseria del olvido, arrinconadas como la ropa vieja en los armarios. Ese día animarás a nueva gente a subirse al tren con destino a nuevos horizontes, con destino a nuevas tierras por descubrir y alguna que otra zona por conquistar.

A todos los viajeros de la vida con destino en mente y a los que no gozan de rumbo fijo, que algun día subirán al tren apropiado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

subirse al tren...nos pasamos la vida esperando en los andenes, subiendo a trenes equivocados y deshaciendo los caminos que tanto
nos costaron andar...los trenes son oportunidades que muy a menudo no paran en la estacion, raras veces te esperan a que subas, y
nunca, nunca vuelven atras...no queda mas en la vida que esperar atento, ayudando a cuanta más gente posible a que suba a sus respectivos
trenes, y no desperdiciar las pocas ocasiones que se te presentan para subir al tuyo..

sigue escribiendo, no dudes nunca que todo lo que escribas queda para siempre, para que gente desconcertada encuentre el camino para
llegar a tiempo a su tren!