El fútbol, ese deporte majestuoso que nos hace vivir momentos inolvidables de pasión y de éxtasis compartido. Esa actividad deportiva cada vez más lucrativa para muchos que nos transforma en animales irracionales y despierta en nosotros sentimientos y actitudes poco democráticas y nada civilizadas. Porque fútbol reúne al mismo tiempo sentimiento y acción, nos puede transportar de la alegría a la decepción en nada de tiempo. A los culés en menos de un año, ya me contaréis...

Porque soy culé, barcelonista y así me siento de orgulloso. Cuando mi equipo gana títulos lo celebro como un bárbaro ansioso por demostrar que sabe gritar y ponerse eufórico. Porque cuando mete gol mi equipo salto del sofá y me desgañito la voz. Me quedo afónico cantando los goles que sirven para ganar títulos. Mi piel es de gallina cuando mis ojos rememoran en vídeo partidos antológicos, desde la falta de Koeman en el 92 hasta la chilena de Rivaldo.

Porque soy culé, barcelonista y así me siento de orgulloso. Cuando mi equipo gana títulos lo celebro como un bárbaro ansioso por demostrar que sabe gritar y ponerse eufórico. Porque cuando mete gol mi equipo salto del sofá y me desgañito la voz. Me quedo afónico cantando los goles que sirven para ganar títulos. Mi piel es de gallina cuando mis ojos rememoran en vídeo partidos antológicos, desde la falta de Koeman en el 92 hasta la chilena de Rivaldo.
¿Qué sería de la vida sin estos momentos de júbilo desenfrenado? ¿Qué sería de nosotros sin la irracionalidad de algunas actividades humanas y lo que generan? Si todo estuviera perfectamente engendrado por una mente supranatural que determinara el inicio y fin de nuestros días, sonaría a estafa. Hay ocasiones en las que es mejor vivir bajo la incerteza del porvenir, el saber que has madrugado en el colchón de tu habitación de la casa de tus padres, y quién sabe dónde vas a acabar comiendo o durmiendo la siesta.
Porque soy en muchas ocasiones irracional, sobretodo cuando veo fútbol, porque me motivo viéndolo y jugando, que 12 años es toda una vida de diversión y sufrimiento por todo aquello que tanto te gusta. Y porque luego en el fondo descubres cuando la tormenta ha remitido que hay aspectos esenciales de la vida mucho más trascendentales que correr tras un balón en busca de la gloria. A él también le ocurre, que cuando la contempla, cuando la observa atentamente, comprende la grandeza de la vida y lo agradecido que tiene que estarle.
Visca el Barça!
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