Merece la ocasión escribir un día como hoy. Aunque sea miércoles, un día de los que pasan desapercibidos cuando no hay Champions League; antes cuando era más pequeño eran días muy sonados y divertidos, ya que solía haber entreno. En plena actualidad sobre el llamado Plan Bolonia voy a explicar mi visión de la cuestión, desde mi posición de universitario.
El Plan Bolonia supone el proceso de arranque del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) y aún no está plenamente en vigor. Sin embargo yo tuve la suerte-algunos dirían desgracia- de ir a la Pompeu Fabra, universidad pionera en la aplicación de algunas de las bases fundamentales del proceso Bolonia. Desde mi perspectiva voy a comentar lo que me parece, y si bien puede parecer sesgada, es del todo real.
Soy un estudiante de Administración y Dirección de Empresas (ADE) en mi tercer año en la UPF.
Desde el primer año de carrera nos anunciaron alguna de la metodología derivada de Bolonia. Se incentivaba el esfuerzo individual fuera del aula, lugar donde se pasaría menos tiempo lectivo que hasta entonces; se apostaba por los trabajos en grupo así como las presentaciones y exposiciones orales; objetivos para familiarizarse con las demandas del mercado laboral en un futuro profesional no muy lejano. La cooperación, la solidaridad, la constancia, el esfuerzo y el saber comunicarse son factores esenciales que buscan todas las empresas. El día de mañana tendremos la oportunidad de entrar a formar parte del mercado laboral y habrá que estar lo mejor preparado para satisfacer la demanda de las empresas. En este sentido existen muy buenas intenciones. He hecho hasta la fecha gran cantidad de trabajos en grupo, exposiciones, y lo cierto es que ayudan mucho tanto para trabajar los conceptos y temas vistos en clase como para desarrollar habilidades comunicativas y persuasivas.
Personalmente además tuve la fortuna de poder escoger estudiar la carrera gradualmente en inglés, esto es, con la incorporación progresiva de las asignaturas íntegramente en inglés desde el primer año. En segundo año excepto dos asignaturas (de 12), el resto eran en inglés. Ya ahora a partir del segundo ciclo uno puede elegir la asignatura y el idioma (grupo) que desee. Pero el hecho de potenciar la lengua extranjera, sea la que sea, es una herramienta fundamental de futuro para mejorar la competencia y la competitividad individual y colectiva. Si el inglés es el idioma de la globalización y de la economía, se debe apostar por un elevado nivel de inglés con el que podamos desenvolvernos en todas las facetas de la vida.
Al llegar a la uni me sorprendió el no cambiar de rutina. Es decir, yo ya estaba acostumbrado a un ritmo diario de deberes y obligaciones derivados de la actividad académica en los Salesianos de Horta, aunque lógicamente de menor cantidad e intensidad. En la Pompeu tenemos deberes, sí. Los hemos de entregar obligatoriamente de forma periódica en la fecha marcada. Las listas de problemas junto a los trabajos y exposiciones forman parte de la nota final y te ahorran el jugártelo todo a una carta precisamente en el examen final de trimestre. Eso tiene sus ventajas. Se llama avaluación continuada.
La Pompeu divide el curso en tres trimestres de forma que al término de las diez semanas trimestrales viene el período de exámenes. Exige una mayor dedicación y esfuerzo continuado; se acumula fácilmente la materia en menor tiempo.
Una cuestión achacable a Bolonia es la estructura de los horarios que genera, ya que aparece un vacío de horas entre unas clases y otras. De esta forma hay días que uno puede tener una clase de 9 a 11 y luego de 3 a 5 de la tarde. En principio, las llamadas horas muertas están para ser aprovechadas en términos de estudio, avance de materia, deberes, realizar los pertinentes trabajos, etc. Otra cosa es la voluntad de cada uno y lo que decide hacer con su tiempo libre.
Cierto es que algunas asignaturas parece difícil que se adapten a un marco tan específico, como ocurría con las Matemáticas, las cuales no siguieron en mi primer año Bolonia. Una asignatura Bolonia como la hemos realizado nosotros consta de una clase lectiva de dos horas a la semana más una hora de seminario (clase práctica donde se aplica lo visto en clase). El resto son de 4 horas semanales (dos clases lectivas) más una hora de prácticas a la semana.
Una implicación de los horarios y que subyace de fondo en las críticas más importantes al EEES es que se impide la compatibilización de estudios y trabajo. No falta razón en el argumento pero vamos a darle la vuelta. Lo que se busca con la modernización de los centros universitarios es de alguna manera una mayor especialización y profesionalización de los estudiantes. La actividad académica entendida como una especie de trabajo más, la cual si bien no es capaz de generar vañor añadido en el presente, será capaz de hacerlo de aquí a no muchos años. Y esa es la clave: invertir en formación para apostar por una mayor investigación, innovación y desarrollo, que al fin y al cabo marcarán las pautas de las grandes y necesarias transformaciones que merece la sociedad y la economía. La educación lo es todo. Es el futuro de una nación, de un país.
Desafortunadamente muchas personas no pueden estudiar por bajos niveles de renta; pero no se puede permitir que si uno lo desea y no puede, se le niegue el derecho a formarse en la universidad. Para ello se necesita un sistema de becas y ayudas más eficiente y eficaz que garantice un derecho como este. Sin embargo se debería hacer todo lo posible para poder compaginar algún trabajo con la actividad académica en aquellos casos que más lo necesiten, si bien repito que la solución debe ir encaminada en torno a las prestaciones económicas y la igualdad de oportunidades.
El día de presentación en la UPF, el decano de mis estudios anunció literalmente que "aquí a la Pompeu es ve a estudiar; no a treballar i estudiar". Esa es la filosofía, la de formar a profesionales del estudio que el día de mañana liderarán el progreso y crecimiento del país.
Particularmente con mis horarios, que desde el segundo ciclo se los puede configurar uno a su gusto, puedo entrenar (ya lo hacía el año pasado) a un equipo de fútbol de benjamines en los Salesianos de Horta. No es un trabajo como otros, pero sí remunerado. Desde luego que no lo hago por el dinero sino por afición y disfrute, pero lo cierto es que aún en este marco educativo es posible compatibilizar, desde luego, ocio y formación. Y así debe ser.
Voy a ir terminando aunque seguro que se me olvida comentar muchas cosas que me hubiera gustado resaltar. Se critica el elitismo que viene adyacente a Bolonia. Bueno... la UPF, en mi caso, es elitista en cuanto a nota exigida. A mi me pedían casi un 8 para entrar así que intenté esforzarme al máximo para lograrlo. ¿Soy yo de la élite? Mi padre estuvo a punto de quedarse sin empleo el año pasado y trabaja en el sector de la automoción, el más volátil en estos tiempos de crisis seguramente junto con la construcción en España. Mi madre no llega ni de lejos a mileurista (es trabajadora familiar). No somos una familia de clase media ni por ingresos ni por sangre heredada y vivimos en un barrio obrero de la periferia donde escasean los ciudadanos autóctonos. ¿Soy yo de la élite?
Con el ejemplo personal quiero añadir precisamente que la educación es un espacio vital de progreso y de futuro, y que permite ofrecer oportunidades a gente que en otro sistema y en otro marco de relaciones hubiera sido imposible que estudiara en la universidad. Es necesaria una modernización de las cátedras, de la universidad. No debemos quedarnos atrás de nuevo en Europa. Hemos de subir a ese tren. Se precisa de más inversión y no pasa nada si las fuentes de financiación son de origen privado. No querrá decir que las empresas adquieran las universidades públicas. El estado si está demasiado endeudado es peligroso aunque es cierto que muchos más fondos públicos podrían ser destinados a educación.
Aunque esto no sea un discurso técnico y bien elaborado de los aspectos positivos y negativos del Plan Bolonia, he intentado plasmar algunos aspectos que considero interesantes desde mi perspectiva. Si me preguntan si estoy a favor de su implementación, es evidente que sí. Cada vez estoy más convencido de que debemos viajar en dirección a una mayor innovación y desarrollo, progreso. Si queremos crecer en el futuro debemos establecer unas bases sólidas de enseñanza y formación. Modernización. La educación no es cuestión ni de banderas ni de idelogías. Sí de progreso.
Por cierto mañana hay convocada una huelga en la UPF por algunos sectores contrarios a Bolonia. Yo iré a clase de Contabilidad Financiera I a las 8 y media como cada jueves. Asignatura que por cierto es la única de Bolonia que hago este trimestre.
1 comentario:
Chopiii, gande como siempre!!
Ya me he puesto al dia en la republica tras unos meses de no leerte. No lo dejes nunca!! Me encanta leer y ver como coincidimos en la mayoria de temas a pesar de hacer bastante tiempo que no mantenemos ninguna de nuestras grandes conversaciones.
Un abrazo!!
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